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Red Internacional

Soy Néstor, trabajo en una textil y les quiero contar cómo es un día en mi vida y la odisea de viajar en transporte público. En plena segunda ola, el Gobierno habla de la responsabilidad individual, pero sin medidas concretas para nosotros, los trabajadores. La realidad desde abajo.

Miércoles 7 de abril | 18:26

Mi nombre es Néstor y soy de Laferrere. Para todos los que viajamos en transporte público, mantener el distanciamiento social es prácticamente imposible. Las largas filas para poder subir a un colectivo se mezclan con la desesperación y bronca de la gente.

Cómo a muchos, también me toca madrugar para lograr mi sustento. Trabajo en Morón, en un taller donde se cortan y confeccionan uniformes de trabajo. Con la pandemia viajar se volvió un poco más caótico. Todos los días hay largas filas en la parada del 236, el colectivo que tomo para ir a trabajar. Para poder llegar, tengo que salir antes de lo normal de mi casa porque al tiempo que dura el viaje le tengo que calcular la espera a causa de las largas filas. El distanciamiento dentro del colectivo es imposible de cumplir. Muchas veces se escuchan discusiones entre colectiveros y pasajeros: unos por querer hacer cumplir la norma de solo 10 pasajeros parados, y otros por querer viajar y llegar al trabajo. Los entiendo, ¡no podemos darnos el lujo de llegar tarde porque nos quitan el presentismo! El dueño de la empresa no contempla que las condiciones para poder viajar cambiaron.

En mi trabajo no hay protocolos de seguridad e higiene. Somos 6 personas trabajando. Nos organizamos y turnamos para comprar alcohol en gel. Los barbijos que usamos los confeccionamos nosotros mismos y tratamos de mantener distancia entre nosotros. Por la organización logramos que fueran reconocidos los gastos relacionados al alcohol en gel.

Después de trabajar 9 horas y media, la vuelta a casa es otra odisea. Los colectivos llenos ya no paran en la parada que me queda cerca del trabajo, entonces me tengo que tomar otro colectivo para ir a la terminal del 236 y ahí, al fin, poder tomar el colectivo para volver a mi casa. No solo gasto más plata en colectivo, sino que también tengo más chances de contagiarme, porque los casos cada día aumentan. Y desde el gobierno no veo que implementen ningún plan. Los funcionarios hablan en los grandes medios y lo único que dicen es que nos lavemos las manos como único plan para frenar los contagios. Nos responsabilizan a nosotros y a ellos no se les cae una idea sobre cómo manejar la pandemia. A mí no me la tienen que contar ni venir a decirme que me lave las manos. Mi familia ya estuvo contagiada de Covid-19. Soy el primero que se cuida y hace todo lo posible para cuidar a los míos. Cuando se contagiaron mi pareja y mi mamá lo pasaron muy feo. Llevé a mi pareja de urgencia al hospital y no la atendieron, solo le dijeron “anda a tu casa y espera 15 días”, porque faltan los recursos. Me dió mucha bronca eso, pero al igual que yo, había otras personas en la misma situación. Jamás estuvo tan claro que la vida del pobre no vale nada.

Este Gobierno, junto a los medios hegemónicos ocultan la realidad de los que venimos desde abajo. Por esa razón, quería darles una mínima muestra de cómo es un día en mi vida como laburante .

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