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Los empresarios se preparan para la recesión "parando" y despidiendo: ¿qué hacemos nosotros?

Llega la recesión con inflación y los últimos conflictos muestran la estrategia patronal. El lock out como método. ¿Cómo defender el empleo, el salario y las condiciones de vida?

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Miércoles 4 de julio | Edición del día

Uno recorre las últimas noticias “gremiales” y empieza a ver datos a los que hay que prestarle atención.

En Fate, los trabajadores de Radial Camión le plantearon a la empresa que no estaban de acuerdo con el nuevo sistema de cámaras y control de los ritmos de producción. La empresa primero suspendió a uno, después a 140 trabajadores. Cuando la asamblea dispuso una medida de fuerza, el Grupo Madanes inició un paro patronal que lleva 4 días. Los trabajadores denuncian que con el apriete también buscan condicionar el pedido de 30% en las paritarias. Triaca no los recibió pero los hizo escoltar por un fuertísimo operativo policial.

En Motomel San Nicolás, la empresa que fabrica motos viene de dejar en la calle a 150 trabajadores. Pero no se conformó. Ahora forzó a sus empleados a tomarse los próximos 15 días de “vacaciones”. O sea, otro lock out empresario. Nadie está seguro si volverá a entrar.

En Guerrero, otra fabricante de motos pero en San Lorenzo (Santa Fe), los trabajadores llegaron este lunes y la empresa estaba cerrada también. Los trabajadores y algunos delegados hicieron un piquete porque además despidieron trabajadores.

Ahí cerca, en La Virginia, el apriete ya fue más lejos. A la gerencia no le cayó bien la adhesión al paro del 25J. Como los trabajadores se resistían a “recuperar el día”, hicieron entrar a la Gendarmería para intimidar a una de las delegadas y así a todos sus compañeros. Es gravísimo.

Ni hablar de lo que pasó en La Tablada. La papelera Materpel quiere flexibilizar las condiciones de trabajo y despidió a uno de los obreros que se resistió. Cuando sus compañeros se juntaron en la puerta para reclamar, el dueño salió a la calle y disparó al aire para “disolver el reclamo”.

En alimenticias como Nevares a La Nirva también hay despidos, en el último caso por no aceptar cobrar parte del salario “en negro”, y en Mabe echaron a casi todos los metalúrgicos la semana pasada para importar lavarropas y heladeras de China.

El Estado, sin embargo, es el que les marco el camino a los empresarios. Como denunciaron este martes docentes de Chubut: se sienten el primer gran laboratorio del plan de Macri y el FMI. A miles de docentes, enfermeras y estatales les quieren imponer una paritaria de hambre y afectar sus horas y condiciones de trabajo. Llevan 100 días de lucha, en los cuáles vienen sufriendo aprietes y represión, y les quieren imponer el plan por decreto. La lucha de Télam comenzó hace una semana, cuando Hernán Lombardi dijo “ganó el periodismo” luego de echar 357 trabajadoras y trabajadores de prensa para vaciar la agencia estatal de noticias. Pero el gobierno ya los denunció penalmente por “usurpación”.

FMI, "desaceleración" y dureza patronal

Hay muchas más “noticias” de este tipo que llegan desde el interior. Son las primeras expresiones de una nueva ofensiva empresaria. No es que los meses anteriores venía "todo bien". Pero estamos ante las primeras respuestas ante la “desaceleración” de varios sectores de la industria y los preparativos para la inminente recesión a la que está llevando la política del gobierno.

El INDEC informó que la economía en abril cayó un 2,7 %, la consultora Orlando Ferreres dice que la retracción en mayo fue de 2,8 % y para la Fundación FIEL la industria cayó en mayo el 0,9 %. Todavía no estamos técnicamente ante una recesión – para lo que deben registrarse dos trimestres consecutivos a la baja – pero se empieza a mostrar una contracción en varios sectores industriales. Que además se combina con un aumento de la inflación, que el Banco Central estimó este martes en un 30% anual. Las posibilidades de un estancamiento con inflación aparecen como una posibilidad cada vez más cercana en el horizonte del país.

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En algunos sectores ya empieza a sentirse, no solo por las escenas que contamos.

El departamento de Estudios Económicos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos asegura que el 54% de sus empresas redujo horas extras, el 9% suspendió trabajadores, el 16% redujo jornadas laborales y un 3% presentó proceso preventivo de crisis (PPC). La industria metalmecánica se contrajo un 5,4% según FIEL, y sigue cayendo el patentamiento de autos y motos.

Además de los llamados “bienes durables”, también baja el consumo masivo en almacenes y supermercados, cuyas ventas cayeron 2,1%.

Peor aún. Estos números se enmarcan en la crisis política y económica de un gobierno que ha perdido la brújula. El blindaje del FMI no ha servido para contener las presiones devaluatorias, ni la desconfianza de los mercados. Solo para seguir financiando la fuga millonaria de las multinacionales y los bancos.

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¿Quién paga la crisis?

En muchos de esos conflictos, los trabajadores tienen claro de dónde viene el manotazo. “Somos parte del ajuste que quieren aplicar Macri y el FMI” dicen en Chubut o Télam. En las fábricas, muchos plantean que “ahora que caen las ventas quieren que paguemos nosotros los platos rotos”.

Es así. Los empresarios entran en la crisis económica con sus propios métodos. Buscan descargar la crisis con despidos y suspensiones, buscando precarizar las condiciones de trabajo, con medidas antisindicales y hasta paros patronales. Siguen el paso que marca el gobierno en el Estado y muchas empresas y dependencias públicas (Río Turbio, Fanazul, Inti, Posadas, Télam). Ellos nos declaran la guerra y son consecuentes.

El peronismo, aunque quiere mostrarse más opositor, no plantea ninguna “resistencia” a ese plan de guerra. Sus gobernadores lo aplican en las provincias. Votan el “pacto fiscal” que ordena el ajuste. Dicen que “hay que defender a la industria argentina y las economías regionales”, cuando los patrones nacionales quieren salvar sus negocios hundiendo a sus trabajadores y la población.

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Las cúpulas sindicales siguen el mismo libreto. No han podido evitar el paro, pero ante la bronca masiva que mostró el 25J ya buscan “bajar un cambio”. En las autopartistas el SMATA ya se mostró dispuesto a resignar salario y condiciones de trabajo a cambio de que no sigan despidiendo. Lo mismo hizo la UOM en Motomel y las ensambladoras de Tierra del Fuego. ¿Hace falta explicar lo que está haciendo Rodolfo Daer en la Alimentación? Pignanelli y Caló, que quieren dirigir la CGT, adelantan el programa del sindicalismo peronista: entregar salario y condiciones, para defender algunos puestos (y perder otros).

El Frente de Izquierda plantea una salida ante el nuevo saqueo que se ha puesto en marcha. Como planteó en el último paro general: hay ganas de pelear, hay que hacer asambleas en todos los lugares de trabajo para votar un paro de 36 horas con movilizaciones.

Y hay que darle paso, además, a las nuevas fuerzas que están en marcha. En muchos piquetes del 25J, las trabajadoras fueron protagonistas. Ese empuje, cuya expresión más impactante es el movimiento de mujeres que reclama en las calles por el aborto legal, puede fortalecer a toda la clase trabajadora si toma en sus manos la lucha contra el ajuste.

Ellos tienen su programa y sus métodos. Nosotros necesitamos un programa para defender los puestos y condiciones de trabajo, el salario y las condiciones de vida de millones que están en juego. Y empezar a preparar la huelga general activa para imponerlo.

Ningún despido ni suspensión. Ninguna familia en la calle. Por el reparto de las horas de trabajo sin tocar el salario en los sectores que muestren crisis, exigiendo la apertura de los libros contables para conocer la realidad de los negocios patronales.

Por un aumento de emergencia del 30% con cláusula gatillo y un salario igual a la canasta familiar de 29.000 pesos. Pase a planta de los contratados e iguales derechos para las mujeres trabajadoras.

Ocupación de toda empresa que cierre o despida masivamente, para que sea gestionada por sus trabajadores mientras peleamos por su estatización bajo administración obrera.

Anulación del tarifazo, y nacionalización de las empresas de servicios y transporte administradas por trabajadores y usuarios.

No al pago de la deuda, que se anule el pacto con el FMI. Plata para educación, salud, vivienda, obras públicas y empleo. Hay que nacionalizar la banca para terminar con la timba financiera y poner los ahorros nacionales al servicio de las grandes mayorías.

Son ellos o nosotros.







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