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Red Internacional

El Gobierno busca contener una suba del dólar que impacte en los precios, y domar la inflación. La consecuencia de los precios desatados fue el desplome del poder de compra que Fernández no recompuso como prometió. Las medidas anunciadas no revierten el deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Viernes 8 de octubre | 22:03

De cara a las elecciones generales el Gobierno busca desesperadamente mantener bajo control la inflación y el dólar, dos variables que impactan en el poder de compra. Si el dólar sube (se devalúa el peso), los precios se aceleran y el salario alcanza para comprar menos. Esta semana se conocieron nuevas medidas para limitar las operaciones con los dólares financieros para contener las presiones alcistas del tipo de cambio y evitar la merma de reservas del Banco Central como viene ocurriendo.

En tanto, si bien la inflación se moderó hacia agosto se mantiene en niveles elevados, ese mes fue del 51,4 % interanual. Según proyecciones de las consultoras en septiembre se ubicaría por encima de agosto. La próxima semana el Indec revelará los datos del mes pasado. Guzmán aseguró a los empresarios de la construcción en su convención anual que desde octubre habrá una reducción de la inflación interanual. ¿Más sarasa o esta vez se cumplirá?

Además, se prevé una recuperación débil para el año próximo. El Banco Mundial estimó que el país crecerá solo un 2,6 % en 2022 mientras que según el Presupuesto 2022 sería del 4 %.

La preocupación oficial por domar los precios y el dólar se explica porque los salarios siguen por detrás de la inflación, a pesar de las promesas electorales y en un país con casi 19 millones de pobres. Cualquier movimiento brusco de estas variables empeoraría la situación a pocas semanas de las elecciones donde el Gobierno ya sufrió una derrota y fue castigado por los votantes que tenían expectativas en que Fernández termine con el ajuste que realizó Macri.

¿Qué pasará con la inflación y el dólar?

La inflación de agosto fue del 2,5 %, según el Indec. En septiembre, la suba de precios sería mayor. Este jueves el Banco Central publicó el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) con las proyecciones de distintas consultoras y prevé una inflación de 2,8 % en septiembre y para el año se ubicará en 48,2 % (una reducción de 0,2 puntos porcentual respecto al relevamiento previo).

El economista de JP Morgan Chase & Co. Diego Pereira estimó que la inflación fue de 2,9 % el mes pasado. La consultora EcoGo proyectó un aumento del 3 %, impulsado por los precios regulados en educación, planes médicos prepagos y cigarrillos. En tanto, según la consultora Ecolatina la inflación fue de 3,2 % en septiembre.

Lo preocupante es que se registró una mayor suba del precio de los alimentos que impacta con mayor fuerza sobre los sectores de menores ingresos. Según el relevamiento de Consumidores Libres, el precio de los 21 productos de la llamada “canasta básica de alimentos” tuvo un incremento del 2,89 % durante el mes de septiembre. Por eso el Gobierno busca realizar acuerdos con distintos sectores (se venció el programa Precios Cuidados y no hay acuerdo con el porcentaje de aumento que tendrían los productos) y se reunió con los CEO de los supermercados. Esta política ya fracasó, las empresas alimenticias y supermercadistas responden con el bolsillo y aprovechan la concentración para remarcar. Así, los precios de los alimentos y bebidas subieron en agosto 53,4 % con respecto al mismo mes del año pasado, por encima del nivel general de inflación. En vez de los fallidos controles de precios oficiales, una medida elemental para enfrentar la inflación son los comités de trabajadores y usuarios para el control de precios desde los lugares de producción, pasando por todos los canales de distribución hasta la venta, y la exigencia de apertura de los libros de contabilidad de todas las empresas que afirmen que tienen que ajustar sus precios.

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La inflación es un fenómeno que responde a un conjunto de causas que se retroalimentan, entre las que se puede mencionar las devaluaciones del peso, y la dolarización de tarifas de la energía y del combustible.

El Gobierno tuvo una política de minidevaluaciones administradas del tipo de cambio oficial que empujaron a un aumento de precios. En 2020 el dólar oficial aumentó por encima de la inflación. En 2021 decidió frenar los ajustes del tipo de cambio para contener la suba de precios. En tanto, las tarifas de los servicios públicos tuvieron aumentos menores este año. Así, el Gobierno logró desacelerar en los últimos meses la inflación, pero es probable que los precios vuelvan a correr cuando el Gobierno aumente las tarifas para reducir los subsidios como establece el Presupuesto 2022, y que también exige el FMI. Otra política que acelerará los precios es si vuelve a aumentar el ritmo de las minidevaluaciones. Según publicó el periodista Marcelo Bonelli, el ministro Guzmán le propondría al Fondo acelerar el ritmo mensual de ajuste cambiario después de las elecciones con el fin de disminuir la brecha cambiaria entre el dólar oficial y los paralelos. Tampoco se puede descartar que luego de las elecciones y dependiendo del resultado electoral, como una derrota mayor del oficialismo, haya nuevas turbulencias cambiarias que empujen a un salto del tipo de cambio brusco. Las patronales y los especuladores ya lo hicieron el año pasado en busca de imponer mejores condiciones a su favor.

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Se necesitan medidas de otra clase para evitar las maniobras especulativas y las presiones devaluatorias como el desconocimiento soberano de la deuda, el monopolio estatal del comercio exterior bajo el control de los trabajadores, y la nacionalización de la banca en un sistema bancario estatal único.

Pierden los salarios

La promesa incumplida de Fernández se comprueba en que el poder adquisitivo de los salarios no recuperó todo lo que perdió con Macri. Los dirigentes sindicales fueron cómplices en esta pérdida. El poder de compra del salario cayó el 21 % para el sector privado registrado desde octubre de 2015 a julio de este año, y el 29 % para el sector público. En el caso de los trabajadores informales, el desplome es del 30 % desde octubre de 2016.

El Gobierno promovió la reapertura de las paritarias para que el poder de compra mejore para las elecciones. Según un informe de CETyD, de acuerdo a la información disponible hasta finales del mes de septiembre los salarios reales mantendrían su tendencia a la baja.

El documento detalla que “los acuerdos paritarios alcanzados hasta principios de septiembre determinarían un incremento de los salarios de 43,1 % para el conjunto del 2021. El valor es levemente superior al 42,7 % resultante de las negociaciones colectivas que se habían acordado hasta fines del mes de julio”. “Entonces, de mantenerse la tendencia actual, el poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores caería 3,2 % este año”, añade el informe. Esto significa que sería el cuarto año de caída consecutiva del poder adquisitivo de los salarios. Dichos acuerdos paritarios corresponden a los trabajadores registrados, el deterioro para los trabajadores no registrados es superior, así como también la situación es crítica para aquellos que se quedaron sin empleo durante la pandemia y sobreviven con changas o planes sociales.

El aumento del salario mínimo, las asignaciones familiares, o del mínimo no imponible por mencionar medidas recientes anunciadas por el Gobierno alivian la pérdida salarial, pero no revierte el deterioro de todos estos años, así como tampoco cambia sustancialmente las condiciones de vida de millones de pobres que hay que en el país.

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Lo obsceno es que mientras esto ocurre, Argentina ocupa el tercer puesto en el mundo por ser uno de los países con más beneficiarios finales de firmas offshore en la revelación de Pandora Papers donde figuran 2.521 argentinos (empresarios, mediáticos). Son los mismos capitalistas que nos llevaron a la decadencia nacional.

De cara a las elecciones o se perpetúa la decadencia bajo el régimen del FMI como sucederá de la mano del oficialismo o de la oposición patronal o se fortalece al Frente de Izquierda para pelear por una salida a la crisis y que no la vuelva a pagar el pueblo trabajador.

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