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Red Internacional

Cecilia Rodríguez es la autora de estos ocho cuentos y su epílogo. Presentados como recuerdos de una abuela que decide quitarse la vida pero antes lega a su nieta sus relatos. Nada inocente, nada recatada, nada conservadora, la abuela loba nos muestra lo que miramos y no vemos.

Liliana Vera IbáñezRedacción LID @liluzlisam

Martes 25 de mayo | 21:06

“Ella cuelga del guardamonte, sostenida solo con la espalda, arqueada al punto de quiebre” así comienza el cuento "Prófugos". En una especie de acrobacia, facilitadora de innumerables perspectivas, nos embarcamos al entrar al mundo de estos ocho cuentos y un epílogo que recorrerán décadas de Los cuentos de la abuela loba.

Cecilia Rodríguez, su autora, enhebra un universo de historias y pasiones a través de personajes inquietos, recuerdos y flash back, cuerpos en otros cuerpos, lo onírico y lo violentamente real. No existe un cajón de encasillados que retenga a estos personajes.

La loba que es abuela

Los personajes e historia se conectan con esta loba mujer (porque se esconde y ataca), leída por su nieta, carta a carta, mensaje tras mensaje y algunos audios también. Es sin dudas la inevitabilidad de una memoria construida en cada relato.

“En 1986 mi abuela garabateó que creía a la colorada parte de una raza de mujeres milenarias que poblaron la tierra de espaldas a Dios y aprendieron a sobrevivir en los márgenes” dice la voz narradora en el cuento “La mujer de pelo colorado”. De esta forma señala la entrada a la ficción de mujeres indisciplinadas, en situaciones en las que controlarlas sería una empresa imposible. Combinaciones ilimitadas de registros, voces que van y cruzan, porque a veces no vienen. Se presenta una mujer que en 1940 era prostituta y en la búsqueda de dinero para vivir, descubrió a otra de cabello luminoso y los secretos tras los espejos del salón de belleza.

Pero no es esta la única historia sorprendente que dejará como herencia la abuela. Al igual que una maquinaria sofisticada para viajar por el tiempo, cada cuento nos mueve por sus anécdotas. Ella tuvo otra vida antes de casarse, antes de ser quien su hija y su marido ya fallecido conocieron, con otros apellidos y otros amantes a quienes rememorar.

A la luz de sus días, menciona sus experiencias en una fábrica textil de Barracas, en locales sindicales, en choques entre ideas comunistas e interrogatorios sobre el peronismo. “Entendí también que podía inventarme la identidad que quisiera y hacerla realidad” dice Emma (¿o Manuel, o Delia?) en “Abuela loba”, uno de los cuentos de la edición.

“Gas” o en un cuerpo nuevo

Este cuento despierta desesperación por la corporeidad. Despertarse y encontrarse en un cuerpo en que no se estaba antes de dormirse, sin dudas es sorprendente y aterrador a la vez. Esas sensaciones, acompañadas de piel de gallina e imágenes de Vivien Leigh, incitan esta historia breve e impactante.

Es que la narración pertenece a la voz de una mujer, en cambio, las manos con grasa, los pantalones y un orgasmo inédito pertenecen a un cuerpo que no es propio pero en el que está encerrada. “No soy yo y sin embargo soy yo quien mira al espejo y recibe la imagen de sí, la imagen de un hombre”. Y no solo eso, sino que perdió casi todo el pelo, lo que parece asustarla más aún.

En este, como en otros relatos, la narradora apela a lugares que nos parecen cercanos. Un atado de Marlboro, la ciudad de California, imágenes trastocadas de la película Lo que el viento se llevó, una casilla de madera blanca y techos rojos. El escenario verosímil es construido con minuciosidad apacible, rota por la impresión de esta mujer. Pero no lo vive con miedo, sino que reconoce que le posibilita nuevas miradas. “De reojo miro hacia donde, hasta entonces, no había mirado”.

¿Al fin de cuentas, las fantasías de la abuela querrán mostrarnos otra perspectivas para romper con la rutina, querrán empujarnos a desempolvar fantasías, mirar donde antes solo veíamos sin más?

Ocho cuentos para mirar a trasluz

Los cuentos de la abuela loba, publicado por Hexágono Editoras, tuvo su primera edición en octubre de 2020, y es el segundo de los libros de la autora: el primero es El triángulo publicado por Editorial El Salmón, en el año 2018.

La escritora nació en 1984, en Rosario. Actualmente vive en Capital Federal y estudia Licenciatura en Artes de la Escritura (UNA) y escribe sobre literatura y Cultura en La Izquierda Diario. Es militante del PTS-Frente de Izquierda Unidad.

El libro tiene ocho relatos: “La mujer de pelo colorado”, “Gas”, “Falta uno, Berenice”, “El sauce”, “Isabel, la mexicana”, “Canoil”, “Prófugos” y “Abuela loba”. Rodríguez comenzó reuniendo las historias sin un plan preciso, pero cuando a su abuela le diagnosticaron demencia senil, surgió la idea del libro, como una forma de resguardar la memoria.

Las memorias de la abuela loba no cierran historias, todo lo contrario. Mundos donde John Reed, la revolución mexicana, Borges, Montaigne,Keats y Soda Stereo tienen lugares protagónicos y no. Sus páginas me recordaron la reflexión de Carson McCullers en una de sus novelas: “Ya es cosa sabida que si se escribe un mensaje de zumo de limón en una hoja de papel, no queda rastro de la escritura, pero si se expone el papel al fuego, sí”. Cecilia Rodríguez nos lleva a encender ese fuego y buscar en sus historias esas otras historias con las que convivimos y no las hemos notado.




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