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Lo que esconde el haka de los All Blacks

Sábado 4 de octubre de 2014 | Edición del día

Acaban de salir campeones nuevamente en el Rugby Championship, vapuleando a Los Pumas, una fecha antes de terminar el campeonato. Este equipo es el mejor de toda la historia del deporte. Desde que salieron campeones mundiales invictos en 2011 sólo perdieron un partido, ante Inglaterra, a fines de 2012. Sus individualidades son tan brillantes como su juego colectivo. Pero el Haka, esa danza de combate maorí que tanto los identifica, no puede esconder la fuerte opresión vivida por ese pueblo nativo ante el peso brutal de la raza blanca británica en la sociedad neozelandesa.

Para quien mira este rudo deporte muy de vez en cuando, donde las reglas parecen no entenderse mucho, siempre algo le queda claro a simple vista: esos de negro, los "All Blacks", tienen todas las de ganar desde el vamos, con su Haka. El referente del equipo, generalmente de origen maorí, llama a sus combatiente con gritos en lengua nativa: "Golpea las manos contra los muslos, infla el pecho, dobla las rodillas...golpea tus pies contra el suelo lo más fuerte que puedas" y al unísono todos avanzan, con los ojos saltones y la lengua afuera, gritando: "Muero, Vivo, este es el hombre valiente que trajo el sol para que brille de nuevo". Es el Ka Mate, una declaración de combate.

Son muchos los equipos contrincantes que han logrado responder de alguna manera a esa incitación moral y emocional. Los franceses, en su mundial de 2007, los pudieron quebrar en un partidazo, con todo el estadio cantando la Marsellesa. Esa derrota, una de las últimas de los de negro, fue una de las más dolorosas de ese equipo. Pero también los galeses han enfrentado su danza de guerra, desafiándolos cara a cara más de una vez. Incluso Los Pumas pusieron su sello cantando su himno con llantos en los ojos. Pero una vez pasados los "ablandamientos" morales, hay que jugar el partido; y en eso, los All Blacks siempre tienen las de ganar.

Este equipo, hoy por hoy, está lleno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Enfrentarse con un hooker como Mealamu, de ascendencia maorí; con el mejor tercera línea de todos los tiempos, Richie McCaw; con Dan Carter, el "Maradona" del Rugby; contra el simple y efectivísimo Conrad Smith; parece mucho para cualquier equipo. Y esos son solo algunos de los inmensos nombres que tiene este equipo, que lo hacen imbatible. Pero, por si fuera poco, su juego colectivo es más espectacular aún: "limpian" cada pelota dividida en los rucks con muchos menos jugadores que los rivales, salen jugando con las manos desde su propio campo, y todo con esa capacidad atlética que los lleva a límites que los otros equipos no alcanzan. Quizás los australianos sean mejores en su tradicional juego abierto, o los Springbooks sudafricanos más ordenados en las formaciones fijas, pero éstos All Blacks resuelven todo a su favor, llueva, truene o soplen vientos huracanados de la Polinesia.

No todo lo que reluce es oro en este deporte

En Argentina es fácil darse cuenta que quienes juegan este deporte, esencialmente amateur, pertenecen a una élite de dobles apellidos, tan cercanos a esa oligarquía que tantas veces ha traicionado a la propia Nación. Muchos de esos jugadores, salidos de los clubes del Tigre, San Isidro, Tortuguitas, etc. son seguramente los que más de una vez se han puesto del otro lado de los trabajadores que cortan la Panamericana contra las patronales buitres. Por eso, ese llanto cantando el himno mas bien es como lágrimas de cocodrilo, por más propagandas que pongan vendiendo las tarjetas de crédito en la TV.

Pero con los All Blacks es distinto: ellos no apelan a símbolos nacionales, reivindican una tradición cultural ajena, de la nación maorí. Incluso con el visto bueno de jefes de tribus en sus propias islas. Pero esto mismo lo vuelve mucho más cruel: hombres tan blancos como aquellos colonizadores británicos de antaño, bailando una danza de una nación a la que no dudaron en expulsar de sus territorios, de expropiarles sus tierras, sus riquezas. Eso es algo, por así decirlo, típico del viejo imperialismo inglés: dominar económica y socialmente, mientras se "respetan" aspectos culturales de los pueblos que oprime.

Las islas de Nueva Zelanda han sido uno de los últimos rincones del planeta colonizados por el ser humano. Los maoríes, polinésicos, pueblan las islas desde el año 1200 aproximadamente. Ya para 1800 la ruta de pescadores balleneros hizo que el hombre blanco, proveniente del Reino Unido mayoritariamente, comience su poblamiento. Ya para 1840 Nueva Zelanda es colonia británica. Para 1859 los europeos y sus descendientes ya eran mayoría en las islas. Mientras tanto la población maorí disminuyó considerablemente, debido a las guerras inter-tribales incitadas por los mismos británicos, y las enfermedades traídas de Europa. Cuando llegó el hombre blanco superaban los 100.000 pobladores, ya para 1891 eran unos 44.000. Los rugbiers neozelandeces comienzan esa danza desde 1888. Ironías de la historia...

El rugby, como todo deporte, puede provocar emociones, movilizar deseos e intereses culturales. Los seleccionados nacionales de todos los deportes pueden movilizar grandes sentimientos contra las potencias del mundo capitalista. Ya lo ha hecho miles de veces el fútbol o el boxeo en Argentina. Pero a la vez el deporte se ha transformado en una industria creadora de mitos, de héroes; y mientras el espectador siga siendo un mero consumidor, seguirán los sponsors y patrocinios multimillonarios. El Rugby pide cancha en este negocio. Por eso, para disfrutar del deporte mundial, se hace más necesario saber "separar la paja del trigo"...







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