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Red Internacional

Salvarse de una derrota humillante en lo inmediato y empezar una campaña de reubicación por izquierda de Podemos que haga “olvidar” su responsabilidad en el gobierno central. La Operación Iglesias que la izquierda no debería aceptar.

Santiago Lupe@SantiagoLupeBCN

Martes 16 de marzo | Edición del día

Ni House Off Cards tenía tanta emoción. La crisis política española daría para unas cuantas temporadas. En menos de una semana hemos visto saltar por los aires la entente PP-Ciudadanos en dos de los grandes feudos electorales de la derecha, un episodio de transfugismo que ha abierto la crisis de liquidación del partido de Arrimadas, una proyección demoscópica que abre la posibilidad de un gobierno trumpista en la Madrid a partir de mayo... y ahora, la Operación Iglesias, que hay que ver, ya que hablamos de Operaciones, si sale mejor que la Operación Illa o la recientemente fracasada Operación Murcia.

La salida de Iglesias del gobierno de “coalición” tiene lecturas a corto y medio plazo. Las primeras se comprobarán rápido, en las siguientes semanas de aquí al 4 de mayo. Las segundas son más de fondo y trascendentales para el llamado gobierno “progresista”, la salud del régimen que vinieron a apuntalar hace poco más de un año y la posibilidad de que una “izquierda” que ha dado claras muestras de que poco o nada tiene que ofrecer en la resolución de las grandes demandas sociales y democráticas, pueda ser superada.

Galicia, País Vasco, Catalunya... Madrid, la derrota que no se podía permitir Podemos

En el corto plazo la palabra clave es “sobrevivir”. La integración de Podemos e IU en el gobierno central y la asunción del grueso de la agenda social-liberal del PSOE no le estaba dando mucho rédito. Las derrotas electorales en Galicia y País Vasco, su estancamiento a la baja e irrelevancia en Catalunya y los pronósticos demoscópicos para Madrid, donde podían llegar a quedar fuera de la Asamblea, daban cuenta de que el espacio político del neorreformismo ibérico estaba siendo reconquistado por la pata izquierda del bipartidismo a la que han ayudado a recomponerse.

Tan mala era la situación que la salida elegida es una suerte de apuesta a todo o nada. Un Iglesias sacrificado, que deja la vicepresidencia para cumplir el deber militante de enfrentar la amenaza de una derecha trumpista que quiere gobernar Madrid. Este es el relato con el que se quiere salvar las posiciones en el parlamento autonómico y mucho más. De mínima, imponerle a Errejón una nueva unidad bajo el hegemón de Podemos, de máxima hasta ver si se logra en la Comunidad un sorpaso al PSM que mantiene como candidato al anticarisma de Gabilondo.

También puede salirle mal y cosechar otro mal resultado electoral, que el efecto Iglesias pinche. En ese caso Podemos puede acabar compartiendo fecha de exitus – no de éxito, sino de muerte- con el Podemos de derechas de Ciudadanos.

Pero si la apuesta es ganadora se abren dos posibilidades. Si todo queda ahí, habrá sido a un alto coste, pero Iglesias podría lograr la preservación por un tiempo de su proyecto político, y, de paso marcarse un gesto de fuerza en el seno del Consejo de Ministros y Ministras.

Si lo hace como jefe de la oposición al gobierno PP-Vox o como parte de un nuevo gobierno autonómico de amplia coalición, que podría incorporar a Ciudadanos si no se extinguen, lo veremos el 4M. De momento las firmas demoscópicas deben estar preparando nuevas encuestas que midan el impacto de este hecho imprevisto en los electorados de derecha e izquierda. Lo que parece seguro es que la polarización que Ayuso ha resumido en el ridículo lema de “comunismo o libertad”, animará bastante la participación.

Podemos se prepara para reubicarse por izquierda y que se olvide su responsabilidad en el gobierno

Ahora bien ¿todo quedará allí? En este Reino y en estos tiempos cuesta creerlo. Esto sería suponer que no habrá más turbulencias en los próximos meses. Mucho suponer. Por hacer un conteo rápido, solo para las próximas semanas tendremos la investidura de Pere Aragonés con el apoyo de JxCat y todo apunta que de la misma CUP, Ciudadanos tiene por delante una crisis de dirección y una ola de transfugismo que lo acerca a la liquidación, la ministra de Trabajo, a la que Iglesias quiere dejar como heredera de la vicepresidenta y la candidatura a la presidencia de Gobierno, comienza este miércoles las negociaciones sobre la derogación o no de la reforma laboral... esto sin contar los casi seguros nuevos episodios de crisis de la Corona -los Borbones nunca defraudan- y un marco económico depresivo al que se le están agotando los estímulos y contenciones.

Por eso la Operación Iglesias no se limita a un mero rescate electoral autonómico, por lo menos en su diseño. Que el gobierno “progresista” aguante hasta 2023 es una posibilidad sembrada por un campo de minas. Vienen de aprobar unos Presupuestos y conseguir los Fondos Europeos. Dos victorias tácticas importantes, pero que no dan para 3 años de ejercicio ordinario. Las cuentas están elaboradas sobre previsiones de crecimiento muy por encima de lo que todos los organismos internacionales predicen para la economía española. Hay crisis para rato, al menos hasta 2022, y los peores efectos en desempleo, cierres o desahucios están por delante, cuando se agoten y retiren las medidas de contención ligadas al Estado de Alarmar.

Además la patronal, la UE y el mismo gobierno aprietan en el cumplimiento de la agenda pospandémica. Esa batería de reformas estructurales y ajustes fiscales que son condición para que las grandes empresas del IBEX35 puedan recibir el grueso de los 140 mil millones de dinero europeo – la mitad del cual irá a engrosar la insostenible deuda pública -. Reformas de pensiones como las que propone Escrivá – que implicaría una reducción de las mismas y un avance en su privatización- o laborales, que no solo dejen intacta la herencia de Zapatero y Rajoy, sino que se profundicen.

En este marco la salida de Iglesias tiene también un claro carácter preventivo y preparatorio. Se preparan para escenificar una mayor separación del PSOE en el caso de que la situación lleve a que Sánchez termine emulando al Zapatero de 2010, que tras dos años de crisis y rescate a las grandes empresas y la banca, pasó a la ofensiva con ajustes y contrarreformas laborales y de pensiones.

Iglesias desde fuera del Ejecutivo podrá animar el doble discurso de Unidas Podemos de estos últimos meses. Con la mano derecha aprueban las políticas social-liberales de sus socios y con la izquierda, Echenique, Asens o ahora como principal figura el mismo Iglesias, manifestarán su “descontento” o “disconformidad”. Desde dentro del gobierno la principal figura pasaría a ser la ministra de Trabajo. Una posición desde la que también puede llegar a protagonizar algún desencuentro, inocuo pero teatral, con los otros ministros económicos, en especial Calviño y Escrivá. Hasta donde llegará la escenificación lo veremos en las próximas semanas en las negociaciones sobre la reforma laboral.

Así pues la Operación Iglesias da cuenta de dos cuestiones trascendentales. En primer lugar, nadie tiene mucha esperanza en que se puedan evitar unas elecciones antes de 2023, ni siquiera los partidos que hoy integran el gobierno. Por eso todos se preparan para volverse a medir en las urnas y mejorar sus respectivas posiciones. En segundo lugar, Unidas Podemos espera poder hacer una separación, o incluso retirada, en el último momento, para tratar de borrar su responsabilidad en la participación en el Ejecutivo. Jugar de nuevo si puede, un papel de contención y desvío en caso de que una nueva ola de indignación emerja por izquierda azuzada por el desencanto con el enésimo gobierno de “izquierda” al servicio de su Majestad y el IBEX35.

Una amnesia que no hay que dejar que pase

Hoy Iglesias tendría que explicar en qué ha mejorado en la vida de las grandes mayorías la labor del gobierno “más progresista de la historia”. Un año en el que las principales fortunas han visto crecer su patrimonio en medio de la crisis, se han regado con miles de millones las grandes empresas con beneficios y protegido a la Corona y sus corruptelas desde Moncloa, a la vez que el paro escalaba al 16%, 16 mil familias perdían su vivienda y 2 millones de personas se agregaban a las colas del hambre. Un año en que se ha seguido criminalizando la protesta, encarcelando artistas y activistas o mantenido la Ley Mordaza. Un año en que las políticas imperialistas del Estado español han convertido Canarias en una nueva Lesbos o se han mantenido los acuerdos militares con Ejércitos como el marroquí que mantiene la ocupación del Sáhara Occidental.

Gobernar con los social-liberales y mantener el legado de las políticas neoliberales del PP y el PSOE, las racistas leyes de extranjería y las posiciones españolistas, es el mejor servicio que ha prestado Unidas Podemos a que la derecha y la extrema derecha gane posiciones. No hay nada mejor que la “izquierda” haciendo políticas de derecha para que ésta avance. Por eso cuando hablan de combatir la amenaza trumpista con más política de moderación y acuerdo con el ala “progre” del establisment, da realmente miedo. Una “izquierda” del régimen así es la mejor alfombra roja para que las Ayuso y los Abascal sigan ganando terreno.

Por eso es lamentable que desde organizaciones de la izquierda que se reivindican anticapitalistas o incluso revolucionarias se mantenga una posición de apoyo a esta “izquierda” del régimen. A Izquierda Revolucionaria, que impulsa el Sindicato de Estudiantes, le ha faltado tiempo para anunciar que pedirá el voto para la candidatura de Iglesias. Ni leer el programa les ha hecho falta, ese es su nivel de seguidismo a quien hasta ahora ha sido el vicepresidente del gobierno de la cuarta potencia imperialista de la UE. Anticapitalista por su parte no se han pronunciado oficialmente por la maniobra de Iglesias, pero desde la convocatoria electoral, diversos referentes, como el exdiputado Raúl Camargo, ya han adelantado que llamarán a votar a la “izquierda”, en referencia a los partidos que quieren frenar a Ayuso con un gobierno de coalición con el PSM e incluso Ciudadanos.

Desde la CRT sin embargo, estamos planteando una propuesta que salga de este eterno “mal menor” que encuentra cada vez formulaciones cada vez más a la derecha. Hoy frenar a la derecha incluye la posibilidad de pactar con la derecha de Ciudadanos, mañana puede ser apoyar al PP para evitar que acabe pactando con Vox. Nuestra propuesta a Anticapitalistas, Izquierda revolucionaria, otros grupos como Corriente Roja y a compañeras y compañeros activistas sindicales, estudiantiles, del movimiento de mujeres y los colectivos antirracistas, es a conformar un frente anticapitalista y de clase, que pelee por un programa para que esta crisis la paguen los capitalistas, apueste por el desarrollo de la movilización social para hacer frente a las políticas neoliberales y el avance de la derecha y mantenga total independencia del ala “progre” del establisment que quiere aplicarnos los mismos ataques.

No dar pasos en esta dirección y brindar un apoyo a Podemos, o la coalición con IU y Más País que pueda conformarse, es simplemente sumarse a la Operación Iglesias y su intento de que no se puedan sacar lecciones de la experiencia con una izquierda reformista que ha demostrado ser una total bancarrota para los intereses de las grandes mayorías.

Poner en pie otra izquierda es cada vez más una cuestión vital. Al avance de la derecha no se le puede oponer un “izquierda” que abona la desmoralización y falta de soluciones a los graves problemas sociales, el caldo de cultivo sobre el que Vox trata de avanzar. Pero además, sin un izquierda así, que ponga eje en el desarrollo de la moviliación social y la autoorganización para pelar por un programa anticapaitalista, no hay salida posible a los grandes problemas de paro, vivienda o pobrera, ni horizonte de terminar con un régimen monárquico heredero de la Dictadura.




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