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MÚSICA // ROCK

Leyenda, punk y arrabal: 2 Minutos a 25 años de Valentín Alsina

El recuerdo de un disco elemental en la cultura punk argentina a través de esta entrevista con el Mosca Velázquez, su cantante y estandarte.

Juan Ignacio Provéndola

@juaniprovendola

Miércoles 13 de noviembre | 21:16

Hasta 1994, Valentín Alsina era esencialmente sinónimo de Sandro, el club Victoriano Arenas y ese puente sobre el Riachuelo que los vecinos nunca aceptaron llamar “Uriburu” (tal como lo rebautizaron durante décadas). Pero a partir de ese año hubo un quiebre que marcó un antes y un después en la historia de esta localidad perteneciente a Lanús. Desde ese entonces, aquel barrio “de leyendas, tango y arrabal” se transformó en una de las trincheras del punk argentino gracias al disco que le dio a 2 Minutos las credenciales necesarias para cerrar con su sonido picante y hardcore la trilogía del género en Argentina junto a Los Violadores (deudores del eje británico Pistols-Clash) y Ataque 77 (espejos de la fiebre generada por Ramones).

Jubilados peleando por sus derechos, fábricas cerradas, obreros sin empleo, estertores de Malvinas, cervezas con amigos, razzias policiales, temas instrumentales, versiones de cumbia e himnos para siempre: en menos de media hora los Dosmi colocaron una quincena de canciones que reordenaron geográficamente el punk criollo en los bordes urbanos tal como Attaque lo venía haciendo en Lugano y Flema en Gerli.

A pesar de que Valentín Alsina salió en 1994, el grupo venía cocinándose a fuego lento desde 1987. “Armé la banda cuando tenía veinte años, pero hasta 1989 éramos un trío de voz, bajo y batería, y por lo tanto ni siquiera salíamos a tocar. Éramos muy colgados”, reconoce el cantante Walter Velázquez, conocido por todos como el Mosca.

Después de probar varios guitarristas del barrio, 2 Minutos se reconfiguró a partir del ingreso del Indio Mirones, quien se sumó al Mosca, el bajista Papa Ainadajian y el baterista Marcelo Ares. Con esa formación, la banda estableció sus tres hitos fundantes: el show debut, la participación en el compilado hardcore-punk Mentes abiertas y la grabación del disco Valentín Alsina.

El primer recital de 2 Minutos versión cuarteto fue el 8 de junio de 1989 en El Bondi, un lugar de Villa Crespo que quedaba en Ramírez de Velasco y Juan B. Justo. “¡Cómo olvidar esa noche! Terminaron todos cagándose a piñas en la calle. Era una época picante”, confiesa Mosca, relacionando esa fecha con otra más sensible: a la mañana Raúl Alfonsín le había cedido anticipadamente el mando presidencial a Carlos Menem después de un año y medio de asonadas militares, corridas bancarias, hiperinflación y saqueos.

“En esa época ensayábamos en una sala del célebre Barrio Coreano del Bajo Flores, donde también lo hacía Rata Blanca. El chabón que manejaba el lugar nos escuchaba desde afuera y un día tiró la onda para grabar un demo, pero le cortamos el rostro”, reconoce el cantante. Es que los Dosmi estaban en otra: preferían tocar en vivo, moverse, abrir caminos, meterse en cuanto tugurio los recibiera y, de esa forma, sumar no sólo seguidores, sino también contactos.

Pero fueron esos contactos los que volvieron a empujar nuevamente a la posibilidad de grabar. “Nos vinculamos con todo lo que era el hardcore de Catalinas Sur como B.O.D. (Buscando Otra Diversión), N.D.I. (No Demuestra Interés) o D.A.J. (Diferentes Actitudes Juveniles) -enumera Mosca- y fue justamente Lucky, el cantante de esta última, quien nos habla acerca de un compilado”. Se trataba de Mentes abiertas, una especie de Invasión 88 de la escena BAHC (Buenos Aires Hardcore) que se grabó a mediados de 1992.

2 Minutos en el viejo Teatro Arlequines durante la presentación del compilado “Mentes abiertas”
2 Minutos en el viejo Teatro Arlequines durante la presentación del compilado “Mentes abiertas”

Esta vez los 2 Minutos aceptaron la invitación, fueron a los estudios Tecson de Chacarita y registraron para siempre “Arrebato” y “Ya no sos igual”. “El compilado funcionó muy bien, pero todos nos decían que esas dos canciones eran las que sobresalían”, admite Mosca. “Ahí entonces pensamos seriamente en grabar nuestro propio disco”.

Nosotros venimos del sur de la ciudad

“Nosotros no pretendíamos nada: pensábamos que íbamos a vender poco, la discográfica nos pegaría una patada en el orto, quedaríamos libres y entonces sacaríamos el segundo por nuestra cuenta. Pero lo sacamos y la gente compró como 50 mil ejemplares”, explica el cantante sobre Valentín Alsina y su furor tan veloz como el ritmo de las quince canciones y el tiempo que llevó grabarlas.

Los temas se registraron entre 1993 y 1994 en Sonar, estudio que quedaba justamente en Alsina. Algunas canciones venían de 1989, otras eran más recientes y estaban además las dos publicadas en el Mentes abiertas que el grupo rechazó volver a grabar. Tres semanas antes de que saliera Valentín Alsina a la calle, el grupo fue invitado a telonear a Ramones y a Motörhead en Vélez junto a Attaque 77 y a Mal Momento: los Dosmi no tenían ni siquiera un cassette para dejarles como registro, aunque mucho tampoco les interesaba.

Todos trabajaban de cadetes en distintas empresas (Mosca en una distribuidora de juguetes detrás del hospital Ramos Mejía de Balvanera, por ejemplo) y se hicieron el tiempo para ir a darle formato a un disco que no sólo fue influencia de muchas bandas posteriores, sino que también sirvió como registro de esa Argentina menemista neoliberal con altos niveles de desocupación, industrias pulverizadas, cordones suburbanos raleados por la pobreza en aumento y un Estado cada vez más ausente.

El rock argentino (hasta ese entonces una industria cultural esencialmente producida y consumida por las clases medias) empezó a expandirse e irrigarse sobre las bases de la pirámide social en gran medida gracias a un disco que contaba desde adentro aquello que allí se padecía. “Creo que Valentín Alsina es un disco Oi!, porque si bien teníamos influencias de todo tipo, creo que la predilecta fue Sham 69”, sostiene 25 años después Mosca, señalando como principal horizonte ético y estético a aquella banda londinense precursora de un estilo que combinaba la aceleración rítmica (un punk vestido de hardcore) con reclamos de clase y referencias al barrio obrero. “En ese disco nosotros nos hicimos cargo de nuestro lugar de procedencia, nuestra condición social, de las injusticias y de las peleas con la policía”.

“Éramos cuatro laburantes que pateábamos a full y nos encontrábamos en los kiosquitos. Y bueno, permanentemente padecíamos razzias en donde nos detenían por averiguación de antecedentes: los turros pasaban en patrullero con la luz apagada y terminábamos todos en la Comisaría 3ª de Lanús”, recuerda el Mosca. El agobio policial presionaba a la par del desamparo del Estado: “En una época, si venías desde Pompeya por Avenida Sáenz y cruzabas desde Capital por el puente Alsina, veías unos acrílicos en un palo de luz que decían ‘Ciudad industrial’. Porque Alsina era como el Manchester del conurbano, aunque ya en ese entonces había muchas fábricas cerradas, todo casi tan hecho mierda como ahora”.

Pero lejos estaban los Dosmi de sentirse pioneros en eso de darle un testimonio social y obrero a una cultura rock que hasta ese entonces era más bien de y para la clases medias. “Tampoco ibas a exigirle a Soda Stereo que cantara: ‘afeitémosle las patillas a Menem!’. Cada uno tenía su estilo, y además en esa época aparecía además la camada de Los Brujos, Babasónicos o El Otro Yo”, analiza un Mosca dialoguista y componedor. Aunque también larga bronca e ironía con los “periodistas especializados en rock” (lo dice como si realmente le pusiera comillas): “Decían que inventamos el ‘rock barrial’… ¡algo que bautizaron ellos y no nosotros! Hicimos la tapa de disco con los cuatro re cavernícolas mirando el puente Alsina desde el barrio, en blanco y negro y re minimalista. Y le pusimos ese nombre porque todos éramos de ahí. ¡Y nunca cazaron que la onda era por Sham 69, que también se hacían cargo de su barrio en Londres, que lo usaron en el disco The adventures of the Hersham Boys!’”.

Siempre sos igual

“La compañía nos insistió en regrabar tanto ‘Ya no sos igual’ como ‘Arrebato’ y nosotros le dijimos que no, que bajo ningún concepto. Porque es como perder la virginidad: puede salir bien o mal, pero ya está… Así que les exigimos que los levanten de Mentes abiertas. A lo sumo lo habrán retocado en la mezcla”, explica Mosca, confirmado que efectivamente que aquellas dos canciones tuvieron que ser rescatadas del compilado hardcore-punk de 1992. Esto quiere decir, entre otras cosas, que el éxito e himno principal y supremo de 2 Minutos fue grabado con las precariedades de un demo… y así quedó.

2 Minutos en 2019
2 Minutos en 2019

¿Te volviste a cruzar alguna vez con Carlos, aquel que se “vendió al barrio de Lanús”?

MV - Nunca más vimos a esa gente. Es más: si me lo cruzo, ni siquiera lo reconocería, porque no me acuerdo de la cara.

Otra canción muy curiosa es “Amor suicida”, donde se habla de la guerra de Malvinas pero no desde el lugar del soldado, sino desde la novia que sufre su muerte…

Claro, es al revés, la tomamos por otro lado. Por ese motivo es una canción rara y, de ese modo, se convirtió en una de mis favoritas. La historia la imaginé en mi cabeza: una ficción nacida dentro de mi balero que me pareció excelente. En esencia quise hablar de un joven que no volvió de una guerra super estúpida y su novia queda con una tristeza tan insostenible que decidió cortarla pegándose un tiro.

Hoy parece normal que el punk y la cumbia tengan puntos de encuentro, pero ustedes fueron los pioneros con la versión de “Caramelo de limón” de Ricky Maravilla. ¿Cómo surgió?

De chico recuerdo las cumbias colombianas auténticas que escuchaban mis viejos en el Winco y el Ranser, como “Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía”, o “Eva María se fue”, pero a los que les gustaban más eran al Indio (Mirones, el guitarra) y a Marcelo (Ares, el baterista). En esa época además la música tropical estaba explotando con Ricardo Maravilla (SIC), Alcides, Lía Crucet, Pocho La Pantera y doscientos millones más. Entonces viene un día el Indio y me dice que tiene una cumbia, entonces decidimos adaptarla a nuestro estilo. La grabamos, quedó bueno y terminó siendo uno de los temas más queridos de nuestro repertorio.

¿A la distancia ves con cariño a esa canción?

Sí, totalmente. ¡Es otro de nuestros hits-wonders, jajaj! La reformamos al estilo Dosmi, y gracias a eso después conocimos al propio Ricky en un programa que tenían Juan Di Natale y Tuqui en la Rock & Pop. La tocamos en el Auditorio Yahama, ahí por la calle Florida, con Ricky en la viola….

¿¡Ricky Maravilla tocando punk con la guitarra!?

¡Sí! ¡De locos lo que pasó! El chabón había quedado re flasheado con que una banda como la nuestra hiciera un cover de él, y por eso se comunicó con nosotros. Lo conocimos, ensayamos, pegamos buena onda y terminamos tocando en ese programa. Después nos llamó desde Salta, porque él es de allá, y nos llevó a tocar a nosotros, Pappo y los Ratones Paranoicos con bandas cumbieras en un festival a beneficio de un hospital de neonatología. Fue en la década del ’90 y luego no lo volvimos a ver nunca más.

¿Hay alguna de esas canciones que sientas como si la hubieses escrito ayer?

Y… probablemente “Novedades”, porque la escuchás y es lo que está pasando hoy, lamentablemente. Además vuelvo a escuchar el disco cada tanto y lo siento re fresco.

¿Valentín Alsina es tu disco favorito de 2 Minutos?

Si tendría que elegir uno, sería injusto, pero el primero fue la patada inicial y aquello que demuestra lo que somos. Tiramos todo a la parrilla, las canciones se zarpan y brillan, y creo que en definitiva es un discazo. Después fuimos evolucionando también con el sonido, porque Valentín Alsina fue prolijo pero quizás un poco rústico, aunque entiendo que tal vez sea el más querido por el público. Al toque que salió nos eligieron “banda revelación” aquí y allá, vendió bocha, fue todo una bomba atómica… pero nosotros la hacíamos re tranca. Al día de hoy me preguntan cuál fue la onda y mi respuesta es: ¿¡yo qué sé!? “No sabe, no contesta”.







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