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Red Internacional

El pacto con el FMI, un programa cuyo contenido se va conociendo en cuotas. Exigencias más duras van apareciendo sobre el final y se posterga el cierre. Pasivización y engaño como política para que pase la entrega. Ucrania, una noticia que complica aun más el panorama. Subordinación nacional e incendios: el fuego en Corrientes. Las campañas y luchas que hay del otro lado, para enfrentarlos.

Miércoles 23 de febrero | 19:00

28 de enero, Quinta de Olivos. Parece un siglo, pero fue hace menos de un mes. Con un mensaje grabado, Alberto Fernández comunica al país que “el Gobierno de la Argentina ha llegado a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional”. También informa que el pacto está plagado de virtudes para los jubilados, para los trabajadores, que no afecta el gasto social, ni el crecimiento, ni la inversión, ni los servicios públicos.

23 de febrero por la noche. Ese acuerdo anunciado, aun no existe. Se sigue negociando a espaldas de la población y dependiendo de una lapicera que no está en Buenos Aires sino en Washington.

En el medio, se van filtrando de forma no oficial detalles de la llamada “letra chica”. Ya se sabe que el Gobierno argentino está negociando dar pasos de renuncia a la soberanía nacional: el FMI revisaría cada tres meses la economía nacional para ver si se avanza en el ajuste fiscal, en los tarifazos para reducir los subsidios, en el fin de la doble indemnización, en el techo a los salarios estatales y en estudiar una reforma previsional que prolongue la vida laboral y ponga en cuestión regímenes especiales, entre otros puntos. La inflación sería la estrella del plan, el mecanismo para licuar el gasto y atacar los ya golpeados ingresos populares.

Sin embargo, a la hora de cerrar esta columna, aun no se conoce el final. De acuerdo a versiones periodísticas, el FMI estaría exigiendo que los tarifazos sean aun más fuertes de lo anunciado, para achicar el déficit fiscal. La situación en Ucrania, que disparó los precios del petróleo y del gas, echa aun más leña al fuego sobre uno de los puntos más críticos del plan. No se descartan sorpresas en los próximos días, tanto respecto del acuerdo, como del plan para intentar aprobarlo en el Congreso Nacional. Mientras que Alberto Fernández y Martín Guzmán buscarán respaldarlo con la mayor cantidad de votos posibles, el kirchnerismo guarda silencio, Juntos por el Cambio quiere acuerdo pero especula, e incluso, dentro de ese espacio, fuerzas como la Coalición Cívica de Elisa Carrió presentaron un proyecto para que se pueda acordar con el FMI sin pasar por el parlamento.

Aun así, algo importante es que si finalmente logran aprobar el acuerdo, el mismo no sería definitivo, como siempre sucede con el FMI. No solo por las metas acordadas que se vayan incumpliendo, sino también porque el mismo está cuestionado por derecha y por izquierda. El acuerdo será "revisado" por el fondo, pero también tendrá que pasar por la prueba de la relación de fuerzas. Un FMI "pragmático", alas del capital financiero que piden ir más a fondo, un gobierno debilitado y una gran crisis social, son fuente de incertidumbre no solo para las próximas semanas, sino para toda una etapa que vendrá. De ahí saldrán también nuevas oportunidades para dar vuelta la historia.

La información en cuotas del acuerdo tiene un doble sentido. Por un lado, las mayores concesiones al FMI que se van conociendo son el final casi inevitable para una estrategia que desde el primer minuto decidió reconocer la deuda ilegal de Macri y pagar miles de millones de dólares al organismo internacional aun antes de la trama final de la negociación, desde que comenzó el Gobierno del Frente de Todos. Poniéndose al borde de la cornisa, casi sin reservas en el Banco Central, el Gobierno argentino está cada vez más complicado en la mesa de negociaciones. Si no logran cerrar en los próximos días, como pretenden, un nuevo vencimiento impagable con el FMI aparece como fecha crítica, el 22 de marzo.

Por otro lado, la política de esconder intencionalmente las implicancias del acuerdo juega el rol de mentirle a la población sobre las verdaderas consecuencias de lo que se firmará e intentar que la entrega se apruebe con la menor resistencia popular posible.

En ese marco, el kirchnerismo es partícipe necesario del crimen. El silencio de Cristina y Máximo Kirchner tras la renuncia del segundo a dirigir el bloque del peronismo en diputados, es uno de los datos claves de la situación política, así como la permanencia de altos funcionarios kirchneristas en sus cargos de Gobierno. Su crítica al acuerdo solo busca despegarse de los costos políticos de lo que viene, a la vez que lo dejan correr: ni en el Congreso Nacional, ni menos aun en las calles, ellos pretenden hacer peligrar la aprobación de la entrega al FMI. Es lo coherente con su historia de “pagadores seriales” de deuda externa (Cristina dixit) y con tratar de preservarse políticamente a la vez.

Tras bambalinas, el albertismo (si eso existiera) intenta por estas horas que sea bajo el voltaje de la discusión en diputados y el senado, cuando seguramente las espadas del kirchnerismo deban romper su silencio y pronunciarse. Si las concesiones al FMI en los próximos días dieran otro salto, podrían verse nuevos cortocircuitos públicos en la coalición oficial. Aun si logra aprobar el acuerdo, no será un dato menor para la debilidad del Gobierno saber con cuántos votos y qué apoyos lo logra. Las heridas que deje el debate en el Congreso Nacional, serán parte de lo que configure el próximo período.

La demostración más evidente del rol del kirchnerismo es su papel en las organizaciones de masas. Al FMI no se lo derrota con palabras. Dirigiendo importantes sindicatos, centros de estudiantes, organizaciones sociales y barriales, no se les conoce un solo llamado serio a salir a las calles. Con esa fuerza social se podría organizar una gran resistencia popular que rechace la entrega, pero no quieren. Hipotéticamente, alguna marcha testimonial que pudiera surgir, no cambiaría lo esencial, sino que entraría dentro de esta estrategia de criticar pero dejar correr en vez de proponerse derrotar el acuerdo con un plan de lucha serio.

Quien agradece, es Macri. Si en las próximas semanas finalmente el Congreso Nacional aprueba el acuerdo con el FMI, se habrá legalizado la gran estafa que hizo contra el pueblo argentino.

Corrientes: las cosas que perdimos con el fuego

El modelo económico no solo hipoteca el futuro, sino que destruye el país. Literalmente. La provincia de Corrientes se incendia y no es una casualidad, ni una excepción. En todo el mundo el capitalismo empuja a la humanidad a la catástrofe, si no derribamos el sistema a tiempo.

En Argentina, vemos por estos días una vez más “las consecuencias de una estructura de negocios con la naturaleza, la salud y la vida de los territorios y las poblaciones, con el objetivo de enriquecer a un puñado de empresarios y pagar la deuda con el FMI. Un verdadero crimen ambiental”.

Así lo denunciaron esta semana Nicolás del Caño, Myriam Bregman y Alejandro Vilca, que además presentaron un pedido de interpelación para que el ministro de Ambiente, Juan Cabandié, vaya a la Cámara de Diputados a informar públicamente sobre la situación que se vive en Corrientes. También presentaron nuevamente su proyecto de Ley de protección de los Humedales, ya que a pesar de que desde el oficialismo en campaña decían "sí a los humedales", la realidad es que dejaron que perdiera estado parlamentario y ahora avanzan con el FMI en un plan que ratifica el extractivismo como política estratégica.

En esto no hay grieta entre el Gobierno y Juntos por el Cambio. Ni hablar del negacionista del cambio climático, Javier Milei. La verdadera oposición está en las calles, con los ejemplos de los pueblos de Chubut, Mendoza o Mar del Plata, que se plantan por la defensa del medioambiente. Este miércoles también en Buenos Aires hubo movilización para denunciar lo que pasa en Corrientes.

Organizar la resistencia

La izquierda se prepara una vez más para salir a las calles. Como lo hiciera ya dos veces contra el acuerdo con el FMI, el 11 de diciembre y el 8 de febrero, junto a decenas de miles más, de organizaciones de trabajadores, sociales, estudiantiles, ambientalistas y de derechos humanos, ahí estaremos cuando se trate el pacto de entrega en el Congreso Nacional.

La campaña incluye una fuerte preparación de agitación y propaganda, contestando las mentiras del Gobierno y la oposición de derecha: denunciar hasta el último rincón que no hay engaño posible, que el acuerdo con el FMI consolidará y profundizará una grave crisis social, que ya implica un 40 % de pobreza. Es puro verso el relato oficial de que se puede acordar con el Fondo y atender las demandas populares a la vez.

También, implica una fuerte denuncia y exigencia en las organizaciones de masas: los dirigentes que se oponen de palabra, tienen que pasar a los hechos y convocar asambleas y plan de lucha. Si no, es puro engaño cómplice de la entrega. Peleamos por un paro activo nacional y plan de lucha, en la perspectiva de la huelga general para derrotar el pacto con el FMI.

No solo para movilizar ese día. También para defender el bolsillo popular que vuelve a ser golpeado con la inflación y la “cláusula FMI” que comunicó Claudio Moroni, el ministro que quiere paritarias del 40 % cuando la inflación superará el 50 %. En algunos lugares, como los docentes de Neuquén, Mendoza y otras provincias, ya hay paros y movilizaciones por el salario.

A su vez, el movimiento de mujeres comienza a organizarse para volver también a las calles el 8 de marzo. En el AMBA, trabajadoras y jóvenes se reunieron para coordinar: habrá movilización de Congreso a Plaza de Mayo, denunciando el acuerdo con el FMI así como también la violencia machista que, en lo que va del 2022, contabiliza ya 47 femicidios.

Impulsando cada lucha por su triunfo y para coordinarla con las demás, peleando en las organizaciones de masas para sacarlas de su pasividad cómplice, y ofreciendo un programa de salida, la izquierda pelea por construir otro camino para la crisis. Como hacen la Juventud del PTS y La Red de Trabajadorxs Precarizadxs, que este fin de semana tendrán un gran campamento para encontrarse, organizarse y salir a luchar por su futuro.




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