Política

EDITORIAL

Lecciones de la rebelión mendocina

El triunfo del pueblo de Mendoza contra la megaminería contaminante y el régimen político que quiso legalizar sus prácticas deja enseñanzas para todos y todas. Editorial de la última emisión del año de “El Círculo Rojo”, un programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 29 de diciembre de 2019 | 23:19

Foto @cin_alfaro | Twitter

  •  Los mendocinos y mendocinas dieron un ejemplo estas semanas. Derrotaron la flamante ley 9209 que reformaba la 7722 para permitir el uso de cianuro, ácido sulfúrico y otras sustancias tóxicas en la actividad minera. Fue después de ocho días de cortes de rutas y las movilizaciones más grandes que se recuerden en la provincia, incluida una multitudinaria concentración a la casa de Gobierno provincial que fue recibida con gases, balas de goma y represión. Cuando el gobernador macrista Rodolfo Suárez quiso llevar adelante una maniobra para calmar los ánimos y anunció que no iba a reglamentar la ley, aunque tampoco derogarla, quienes se oponían mantuvieron la intransigencia y no le quedó otra que anunciar el envío del proyecto de derogación.
  •  Los enemigos eran poderosos: el lobby megaminero (cuya firma emblema es la Barrick Gold), todo el régimen político provincial con el aval del gobierno nacional, porque Alberto Fernández había afirmado que era un avance. Varios periodistas relataron en estos días el descaro con el que actúan la mineras para comprar voluntades, imponer el silencio o sobornar medios para que no se denuncien sus prácticas. Es decir, no era una lucha fácil, con una “relación de fuerzas” a favor cantada de antemano.
  •  De movida, no faltaron las voces que decían que aunque no les gustaba el proyecto, no había con qué darle, que eran muy fuertes que “hay otras prioridades” y que la relación de fuerzas “no da” para cambiar esta realidad. El mal menor que cuando se juegan cuestiones importantes opera como factor de desmoralización.
  •  La pueblada de Mendoza reaviva un debate que tuvimos durante todo este tiempo en el que se discutía cómo enfrentar a la derecha, las corporaciones o a los poderes fácticos. Incluso surgió en la entrevista que recientemente le hice a Mario Wainfeld para La Izquierda Diario cuando le preguntaba si no hubo demasiada pasividad o quietismo ante el ajuste de Macri y Cambiemos.
  •  Las respuestas que, en general, se daban desde la CGT o los referentes de los llamados movimientos sociales era que no estaban dadas las condiciones; que la gente no quería salir a las calles; que Macri al inicio era muy fuerte y había que hacer una experiencia; después que Macri al final era muy débil y si salías a la calle te acusaban de destituyente; que -como cuenta Felipe Yapur hoy en un artículo de Página 12 que le dijo un dirigente de la CGT- “el estallido social estaba a la vuelta de la esquina y si salíamos nos culpaban a nosotros”; o los más temerarios que rápidamente afirman que toda lucha decidida o que se radicaliza siempre termina en represión salvaje y, en última instancia, en derrota.
  •  En general, los cultores del hecho consumado nunca ven las condiciones para la lucha y siempre creen que hay que esquivarla y darla por perdida de antemano. En cierta medida, la nota de Yapur de la que hablaba antes lo confiesa cuando informa que hoy mandan en la CGT y vuelven como si nada los sindicalistas que fueron los más colaboracionistas con Macri y no solamente eso, además fueron premiados con la designación de gente propia en puestos de la nueva gestión, como Andrés Rodríguez que puso un hombre propio en la estratégica Superintendencia de la Salud.
  •  Ahora, con la misma lógica avalan sin chistar la llamada Ley de Solidaridad cuyo núcleo es suspender los aumentos de la fórmula jubilatoria, dejar los futuros aumentos al arbitrio del Presidente y ordenar las cuentas en función del pago de la deuda, porque obviamente, “no pagar la deuda es imposible, el FMI es muy poderoso, la gente no estaría dispuesta y no hay relación de fuerzas”.
  •  La deuda es uno de los tantos problemas (quizá la madre de todos los problemas) que afectan a la vida cotidiana de las mayorías populares, pero no el único.
  •  Para los “resultadistas”, es decir, aquellos que miden la lucha sólo en términos de si se gana en lo inmediato y para quienes gestas como la Comuna de París, por ejemplo, nunca debería haber sucedido porque, después de todo, perdió; la rebelión de Mendoza también deja conclusiones, porque, además ganó.
  •  En síntesis: la gesta mendocina pone en cuestión a toda una “escuela” que pregona que siempre es mejor el acuerdo antes que el combate, ceder antes que pelear, pactar antes que desplegar todas las fuerzas, moderarse antes que radicalizarse; incluso se ubican por detrás de una tendencia del sindicalismo tradicional argentino porque proponen siempre “negociar antes que golpear”. Como quedó demostrado en Mendoza: fácil no es, imposible tampoco y el que lucha puede perder o ganar, pero el que no, ya perdió. En Mendoza, ganaron y hay 2020.






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