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Red Internacional

Latinoamérica. Lasso vuelve a reprimir las protestas que crecen en Ecuador

Este jueves las protestas y el paro de las organizaciones indígenas en Ecuador cumplieron 11 días y lograron recuperar la emblemática Casa de la Cultura en Quito. El Gobierno de Guillermo Lasso no da respuestas a las demandas y volvió a reprimir a los manifestantes en las afueras de la Asamblea Nacional.

Juan Andrés Gallardo@juanagallardo1

Jueves 23 de junio | 19:40

Las multitudinarias movilizaciones en Ecuador entran este viernes en su doceavo día enfrentando la brutal represión del Gobierno de Guillermo Lasso que ya dejó al menos cuatro muertos (el último este mismo jueves), decenas de heridos y 80 detenidos.

Este jueves los manifestantes lograron recuperar la emblemática Casa de la Cultura en la capital, Quito, como así también el parque del arbolito que fueron el epicentro de las protestas que en 2019 pusieron en jaque al Gobierno de Lenín Moreno.

La Casa de la Cultura había sido ocupado por la Policía el fin de semana en el marco de una provocación del Gobierno y del estado de excepción que había decretado para evitar que los manifestantes llegaran a Quito. Sin embargo, a pesar de la brutal represión sobre los indígenas, agricultores y jovenes la manifestación no ha dejado de crecer, obligando al Gobierno a permitir a los manifestantes a ocupar el ágora de la Casa de la Cultura.

Aunque el Gobierno tuvo que acceder a esta demanda, volvió a reprimir con gases lacrimogenos y balas de goma una multitudinaria manifestación encabezada por mujeres que este jueves se dirigió a la sede de la Asamblea Nacional.

Al igual que en los días previos miles de estudiantes participaron de las protestas y cientos de ellos realizaron tareas de primeros auxilios socorriendo a los manifestantes heridos en la sede de la Universidad, que han convertido en una suerte de hospital de campaña y centro de acopio de alimentos y elementos básicos para mantener las protestas activas.

Las movilizaciones no solo han crecido en Quito sino que continúan con fuerza en las distintas regiones, donde se radicalizaron por la represión policial.

El ingreso de los manifestantes a la Casa de la Cultura para instaurar una Asamblea Popular era una de las condiciones puestas por el presidente de la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), Leonidas Iza, para aceptar acudir a un diálogo con el Gobierno, junto con la exigencia de derogar el estado de excepción y garantizar que se abordarán todas sus demandas.

El pliego de diez demandas incluye la exigencia de la baja del precio de los combustibles, moratoria para las deudas de los pequeños agricultores y la garantía de precios mínimos para sus productos. Pero la Conaie también tuvo que recoger demandas sentidas por la sociedad que incluyen poner fin a la flexibilización laboral y garantizar mayor presupuesto para la educación y la salud, que se encuentran en una crisis grave. El Gobierno de Lasso, que sigue los dictados de un acuerdo con el FMI, no está dispuesto a ceder sobre estas últimas demandas que considera estructurales, y como mucho pretende negociar algunas de las tres primeras demandas mtorizadas por la Conaie.

Para esto cuenta con el apoyo del Secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), que pidió acelerar el diálogo y acusó a la Conaie de tener "discursos golpistas" y la Iglesia católica. La Conferencia Episcopal realizó este jueves una conferencia de prensa exigiendo "deponer la violencia" y comenzar el diálogo, mientras que el Gobierno sige reprimiendo y hasta ahora no depuso el estado de excepción.

En 2019, la rebelión que comenzó por el pedido de las organizaciones indígenas contra la eliminación del subsidio a los combustibles que había decretado Lénin Moreno, se extendió en los principales centros urbanos y las distintas regiones, a la que se plegaron miles de jóvenes de las barriadas populares de Quito que levantando barricadas y enfrentando a la Policía pusieron en jaque a su Gobierno. En ese momento la OEA y la cúpula eclesiastica jugaron el mismo rol que ahora, criminalizando a los manifestantes y exigiendo un diálogo que si bien terminó con la derogación del decreto que ponía fin a los subsidios al combustible, le dió la espalda al resto de las demandas que se habían sumado durante la rebelión. En ese momento las direcciones indígenas cerraron el acuerdo con Moreno, que estaba en la cuerda floja, dando fin a las movilizaciones y dejando sin respuesta el resto de las demandas.

Las actuales movilizaciones muestran que la crisis sigue en pie y que las reivindicaciones profundas de sectores enteros de la sociedad están más vigentes que nunca. El Gobierno de Lasso, al igual que en su momento el de Moreno, intentara llegar a un acuedo parcial dejando la mayoría de las demandas irresueltas. La movilización popular, a la que se deberían plegar con un paro por tiempo indeterminado también las organizacioens de los trabajadores y trabajadoras, es clave para evitar que sus reivindicaciones vuelvan a ser frustradas.




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