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La recesión económica y la demora en las campañas de vacunación echan leña al fuego. ¿Qué pasó esta semana en la lucha de clases en el mundo? Un recorrido por lo más importante, a través de la red internacional La Izquierda Diario.

Lucho Aguilar@lukoaguilar

Sábado 13 de febrero | 23:08

Petroleros de Total chocan con la policía para hacer su acto frente a la sede de la empresa en París. Otros 1500 petroleros, pero de RLAM, hace un piquete gigante frente a la planta de Bahía (Brasil). En Teherán los obreros de la principal automotriz iraní van a la huelga por atraso salarial. En Londres 7500 obreros paran la British Gas porque los quieren echar y recontratar más precarios. En Catalunya una huelga general sanitaria conmueve la región. El sindicato docente de Chicago vota volver a clases, gana tiempo y condiciones pero un sector no está conforme. En San Pablo miles de docentes arranca la semana parando por escuelas seguras. En Yangon, la capital de Myanmar, las jóvenes obreras de la confección paralizan las fábricas y votan marchar contra el golpe militar. En Estados Unidos, 5600 trabajadores de Amazon Alabama comienzan a votar para sindicalizarse, ante la mirada ansiosa de decenas de miles en otros almacenes.

La semana sindical deja esas y muchas otras imágenes. En muchos casos se trata de despidos o ataques contra el salario y las condiciones laborales. En otros la defensa elemental de la propia salud. Pero también procesos de organización y crisis políticas nacionales. Es la clase trabajadora en coronacrisis: recibe golpes, empieza a responder algunos.

Hagamos un repaso por los últimos días.

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El virus del ajuste

Empecemos por Brasil. Bolsonaro viene pegando duro y parejo. Tras el ataque al convenio de miles de trabajadores del Correio do Brasil, ahora tiene en la mira a bancarios y petroleros. Como un Menem pero facho, quiere privatizar todo lo que pueda. Esta semana se confirmó la venta a un grupo árabe de la segunda refinería más grande de Petrobras: Landulpho Alves, en Bahía. 2600 laburantes. En la madrugada de este jueves se picó: 1500 trabajadores, efectivos y contratados, hicieron un piquete de 4 horas. El día anterior habían sido las y los bancarios. Como explica un delegado a Esquerda Diario, “se cerrarán más de 300 sucursales en todo el país y se despedirán más de 5000 empleados”. Ese día, un paro nacional contra las medidas de reestructuración y desmantelamiento paralizó todo el país.

Lo mismo pasa en otros países de América Latina, no importa el color de sus gobiernos. Mientras lees esta nota quedarán en la calle 400 cajeras en el Metro de Santiago. Casi todas mujeres, todas subcontratadas. En Argentina una empresa de origen chileno pero con permiso del gobierno local, confirmó que quiere dejar en la calle 1700 familias. Esta semana mandó 200 telegramas. Sin embargo, las y los aeronáuticos autoconvocados de Latam respondieron marchando este jueves. Fueron hasta la misma Casa Rosada a preguntarle a Alberto Fernández si va a permitir los despidos masivos e ilegales. Por ahora no les respondió. Pero no bajan los brazos. Tampoco bajan los brazos los jóvenes de Hey-Latam, se rebelaron los repartidores de Pedidos Ya, vuelven al paro choferes de distintas provincias, aunque el conflicto docente por “escuelas en condiciones” es lo más caliente. En Venezuela quienes llamaron la atención fueron los obreros de la emblemática Sidor, que marcharon a la cámara empresaria contra los salarios de hambre que cobran. Ya están contagiando a otras empresas de la región como cuentan nuestros corresponsales en ese país.

Pongamos el foco en lo que nadie muestra. En Irán la pandemia y el bloqueo norteamericano profundizan la recesión. El régimen intenta controlarla con mano dura pero las protestas no cesan. En los últimos días hay huelgas y movilizaciones entre las empresas más grandes del país: Khodro Company (automotriz), Arak (aluminio), Haft-Tappeh (azúcar), Asaluyeh (petroquímica). Hace meses que no cobran, perdieron la atención médica justo en pandemia y el costo de vida es tres veces el salario obrero promedio.

Para tomar otro ejemplo, este jueves en Inglaterra más de 7.500 trabajadores de British Gas hicieron la primera de las tres huelgas previstas. Rechazan la propuesta de "te despido y te recontrato" de la empresa. Es que el nuevo convenio que aumenta las horas de trabajo, congela salarios y afecta otras condiciones laborales. Tranca.

Podríamos seguir recorriendo conflictos, como los ferroviarios en el Estado Español, Italia o Francia, los mineros en Namibia o Colombia, o el anuncio de Heineken de echar 8000 trabajadores (¡el 10 % su plantel!). Pero aprovechemos para retomar una idea y luego un destacado.

Recordemos el artículo del economista marxista Michel Husson que citábamos la semana pasada. Decía que si es cierto que la actividad económica este año rebotará (mucho menos de lo que cayó el anterior), en cambio el empleo seguirá cayendo. O sea que aumentará la explotación obrera. Es lo que expresan los conflictos que recorrimos. Cierres, despidos, ataques a los convenios y condiciones de trabajo, a los salarios. Los gobiernos y las empresas pegan y van midiendo. Las cúpulas sindicales en su inmensa mayoría hacen parte del trabajo sucio. Pero aun así vemos que surgen respuestas.

Un destacado: el método Grandpuits

Dejamos para el final a los refineros de Total Grandpuits. Esta cumplieron 40 días de lucha. La “festejaron” el miércoles 10 marchando a la sede de la empresa, con estudiantes, ecologistas, activistas de otros gremios y militantes de izquierda. La policía no pudo evitar el acto.

Como dijo nuestro compañero Adrian Corbet, “sabemos que Total no quiere una victoria en Grandpuits. Porque en todas partes del movimiento obrero se reavivarían los piquetes y se les haría pagar la miseria y el paro a los empresarios”. Ya “contagiaron” a los tercerizados de mantenimiento de vías de SNCF Gare du Nord y los químicos de Sanofi Montpellier, que les sigue el paso por salario y contra los despidos.

Según analiza este miércoles Revolution Permanent, parte de nuestra red de diarios, en Francia se han destruido al menos 700.000 puestos de trabajo desde el inicio de la pandemia. El método Grandpuits, es un contraejemplo al diálogo social de la resignación que proponen las centrales sindicales.

El Método Grandpuits es “sencillo”: combatividad, democracia obrera, coordinación de las luchas, exigencia de unidad de acción con los sindicatos. Se puede aplicar universalmente, los refineros no reclaman patentes. Difúndalo, ellos estarían orgullosos.

Las más castigadas

Antes de pasar a las luchas en defensa de la salud, retomemos otra de las ideas de la semana anterior. “El cachetazo no es para todos igual”. La OIT (Organización Mundial del Trabajo) reconoce que las trabajadoras y trabajadores más precarios son los más castigados.

La Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), publicó estos días un informe donde reconoce que “la participación femenina en el mercado laboral de América Latina experimentará un retroceso de más de 10 años debido a la pandemia”. La participación en el mercado laboral caería 6 % con respecto a 2020. "Unas 118 millones de latinoamericanas vivirán en situación de pobreza" dice. ¿Los motivos? Laburan en los servicios más afectados por la pandemia, tienen menos accesos a internet (teletrabajo) y cargan mayormente con las tareas de cuidado.

La situación afectará a los precarios más en general. Lo reconoció esta semana el propio jefe de la Reserva Federal de EE. UU. , Jerome Powell. “El empleo está casi 10 millones por debajo del nivel de febrero de 2020. Es la peor secuela desde la Gran Recesión". Pero hay algo más brutal. Si para los mejores pagos el desempleo aumentó 4 %, para precarios “ha sido de un asombroso 17 por ciento". Y eso que Powell no es un hombre sensible a las penurias populares.

Hay un dato más, quizás el más doloroso. La Cepal y la OIT dijeron este viernes que el impacto de la crisis sobre las familias trabajadoras haría que este año 326 mil niños, niñas y adolescentes ingresarían al mercado de trabajo solo en América Latina.

Junto a la situación de los migrantes, que en Estados Unidos y Europa son superexplotados en la clandestinidad y expulsados ante las cámaras de TV, la situación de las y los precarios son la cara más cruel de las recetas capitalistas ante la coronacrisis. Pero las docentes y enfermeras que se rebelan, los jóvenes que se empiezan a organizar en App´s y call centers, las caravanas migrantes y las protestas en centros de refugiados europeos, también son parte de la resistencia.

Nuestras vidas importan

El otro terreno donde estos días vimos peleas fue en la defensa de la salud y las vidas trabajadoras.

Los conflictos de la “primera línea” en hospitales y clínicas no son novedad desde que comenzó la pandemia. Ya vimos la ejemplar huelga por “vacunas para todos y todas” en el Hospital Universitario de San Pablo. El último martes comenzó una huelga indefinida en la Atención Primaria de todo Madrid, ante la insostenible situación en la que se encuentran los Centros de Salud. El mismo día se votó en Catalunya un paro de todo el personal sanitario contra la precariedad y los recortes. Comenzará mañana lunes 15 con paros de dos horas y movilizaciones, hasta terminar en una jornada el 10 de marzo.

Pero el tema más caliente es la vuelta a clases presenciales. Los gobiernos y las patronales, que quieren retomar sus negocios a como dé lugar, apuran el retorno a pesar de las nuevas olas de contagios. Las maestras y maestros de Chicago habían puesto nervioso a Biden con su resistencia y su protocolo que contamos acá. Finalmente hubo un acuerdo. La comunidad educativa ganó tiempo y parte de sus demandas: reglas más estrictas para cerrar escuelas en caso de brotes, vacunas para todo el personal y sin sanciones para quienes sigan trabajando en forma remota. Sin embargo, como cuentan activistas a Left Voice, el acuerdo impulsado por la conducción fue aprobado por el 54 % de los delegados. El resto se abstuvo o votó ir a la huelga. Pero igual el ejemplo se contagió a otras ciudades. El pasado lunes miles de maestros decidieron no entrar a las escuelas en Philadelphia hasta que no haya condiciones. "Ventilar, vacunar, educar" dicen sus pancartas.

Esas peleas, así como la elección en Amazon, se inscriben en una nueva etapa del movimiento obrero en EE. UU: las expectativas ante un nuevo gobierno y la experiencia que tendrá que hacer con el imperialista partido demócrata, como analizan hoy en un excelente artículo Jimena Vergara y James Dennis Hoff.

Una rebelión similar está ocurriendo en San Pablo, Brasil. Como relata Esquerda Diario, “las asambleas, realizadas a distancia, decidieron una huelga que se negará a poner la vida de docentes, empleados, familias y estudiantes en riesgo”. No quieren terminar como en Manaos, donde en enero murieron 64 maestras. Desde el Movimento Nossa Classe Educação denuncian las pésimas condiciones de infraestructura y plantean comando de huelga abierto a todos los docentes, asambleas junto con la comunidad escolar, vacunación universal y unidad de todas y todos los trabajadores escolares.

Es la misma lucha que se empieza a dar en nuestro país, contra el plan que borró la grieta entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Ya comenzaron las movilizaciones en distintas provincias y plenarios en Ciudad y Provincia de Buenos Aires, que pueden seguir en La Izquierda Diario.

Las textiles desafían al Ejército y la clase trabajadora negra a Amazon

La lucha de clases tiene otras postales. En Haití la clase trabajadora sigue movilizada contra el presidente Moisen, aunque dirigida por la oposición patronal. La rebelión campesina en la India llegó a hacer 10 mil piquetes esta semana (¡diez mil!). Las movilizaciones universitarias conmueven Grecia.

Pero antes de irnos vale detenerse en dos hechos muy importantes.

La semana pasada contamos la impactante reacción obrera ante el golpe militar en Myanmar. La primeria línea fueron enfermeras y médicos paralizando 70 hospitales. Y en vez de curar, contagiaron. Por eso el sábado fueron otras mujeres que se pusieron al frente. Las obreras textiles que fabrican las prendas chetas europeas pararon sus overlocks y votaron la huelga. Como cuenta a La Izquierda Diario Andrew Saks desde Yangon, “los trabajadores de la confección convocaron y dirigieron una protesta el sábado por la mañana que catalizó la ola de protestas en todo Myanmar. La imagen del sindicato de trabajadores de la confección movilizando cientos de trabajadores desde las zonas industriales al centro de Yangon envalentonó a las masas de Myanmar”. El lunes amaneció con una huelga general y movilizaciones masivas, a pesar del toque de queda del Ejército. A pesar de las trampas sus direcciones sindicales y políticas, la rebelión obrera contra el golpe puede poner de pie a la joven clase obrera superexplotada de los llamados “tigres del sudeste asiático”.

El mismo día que comenzaba la huelga en Myanmar, comenzó la elección que más atención genera en EE.UU., después del triunfo de Biden. 6000 empleados del almacén de Amazon Alabama tienen hasta el 29 de marzo para votar si quieren unirse al Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Grandes Tiendas (RWDSU).

Jennifer Bates, una de ellas, cuenta que “la carga de trabajo es demasiada para el cuerpo humano". 10 horas por día, a veces sin francos semanales.

La empresa contrato para las elecciones a un consultor llamado Russell Brown, especialista en campañas antisindicales. Le paga $ 3,200 por día, más viáticos. Cuenta un activista que en su teléfono recibe cinco mensajes por día de la empresa: “quédate con el equipo ganador". Y cuando fue al baño se sentó y tenía un frente un cartel que decía: "¿A dónde irán tus cuotas?". Qué momento.

Pero los activistas son optimistas. El movimiento Black Lives Matter ayudó a la decisión: el 80 % de los empleados del almacén son negros y negras.

Como dice Nathaniel Flakin en Left Voice, no se puede confiar en las cúpulas sindicales: “este solo puede ser realmente el punto de partida de la lucha. Sindicalizar a todos los trabajadores de Amazon en los EE. UU. requerirá redes de base que conecten los diferentes centros de instalaciones.

***

Así termina la recorrida por esta semana de la lucha de clases en el mundo. Aunque las resistencias todavía puedan parecer aisladas, la recesión económica y la demora en las campañas de vacunación no dejan de echar leña al fuego. Entramos a una etapa de mayores choques entre las clases en todo el mundo, así que olvidate de las fronteras. Como hacen los patrones.

Seguí todo lo que pase, día a día, en la red internacional La Izquierda Diario.




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