Internacional

CRISIS EUROPA

Las recetas de la UE ante la crisis: cierre de fronteras y endeudamiento para los Estados

Tras la cumbre finalizada in extremis del Eurogrupo el viernes pasado, se confirma el rechazo de la UE a cualquier tipo de mutualización de la deuda generada por las consecuencias del Covid-19.

Carlos Muro

@muro_87

Juan Carlos Arias

@as_juancarlos

Martes 14 de abril | 08:00

Las posiciones de los halcones de la UE, encabezados por Holanda y Alemania, se han impuesto. Se refuerzan las tendencias nacionalistas en la UE y todo esto nos augura enormes sacrificios sociales y recortes futuros de gasto social. Habrá otra vez hombres de negro interviniendo las cuentas públicas en el sur de Europa. Estamos ante una nueva crisis de supervivencia de la UE. Hay que levantar un programa obrero de emergencia social europea en perspectiva hacia la construcción de la Unión de Estados Socialistas de Europa.

El acuerdo del Eurogrupo- formado por los ministros de finanzas de los 27 miembros de la UE - fue alcanzado entre aplausos el viernes pasado. Implica un paquete común de fondos, casi en su totalidad de créditos y garantías y nada de dinero contante y sonante, para la fase sanitaria de la crisis, con un monto total de 540.000 millones de euros.

El acuerdo reedita el denominado Fondo Europeo de Rescate (MEDE). Este fondo se creó durante la crisis de 2008 y tiene el estigma de ir acompañado por políticas restrictivas de recortes y reformas estructurales que devastaron la sanidad, la educación o los servicios sociales de los países que utilizaron esos fondos y que sufrieron los y las trabajadoras en carne propia. Por eso en esta ocasión, inicialmente Italia y el Estado español lo rechazaban frontalmente: por el miedo a la reacción política y social de sus clases populares frente a los recortes que implica. Sin embargo, finalmente lo han aceptado.

El MEDE pretende ser un cortafuegos para no poner en riesgo las deudas soberanas y se dotará con 240.000 millones de euros. Un programa crediticio a corto plazo que ahora será de exclusivo uso para los Estados de la UE más afectados por la Covid-19 y para atajar sus consecuencias directas e indirectas.

Según lo acordado por el Eurogrupo, aunque cínicamente digan que no, se siguen manteniendo las exigencias de estabilidad económica y financiera a cumplir en el futuro (“hombres de negro”). Esas condiciones de estabilidad financiera se exigirán una vez pasados los efectos económicos más directos de la pandemia, esa es la condicionalidad que han llamado “light”.

Además, el acceso a esta línea de préstamos tiene el límite del 2% del PIB de cada país. Para el Estado español supone la posibilidad de contar con aproximadamente 25.000 millones de euros, con los que complementar todo el paquete de medidas adoptado a escala nacional de los 100.000 millones de euros de financiación a las grandes empresas y a las PYMES. Todo con la intención de evitar acudir más de la cuenta al mercado financiero de bonos públicos, ante la posibilidad de que se pudiera disparar la prima de riesgo en caso de un rápido deterioro rápido de las finanzas públicas.

Es más que probable que tanto el Estado español como Italia tengan que acabar utilizando estos créditos condicionados, dado lo elevado de la deuda española de partida, prácticamente el 100% del PIB. No digamos Italia, que está en el 135% del PIB. La prima de riesgo española e italiana corren el riesgo de elevarse más de la cuenta, de 30 a 40 puntos nada menos.

La subida de los tipos de interés para sus deudas será un hecho, en cuanto los grandes capitales financieros mundiales “huelan sangre” y detecten la debilidad de la deuda española e italiana, y apuesten en contra de ellas. Lo que provocará que los recortes y las reformas estructurales, consecuencia de la estabilidad financiera exigida por la UE, golpeen de nuevo muy duramente sobre los derechos económicos y sociales de las trabajadoras y los trabajadores.

A este respecto, en el Estado español, ni Sánchez ni Iglesias, han movido una hoja para adoptar medidas de subidas de impuestos ni a las grandes fortunas, ni a los superbeneficios empresariales del IBEX 35, ni han exigido la devolución del enorme agujero financiero de los 40.000 euros cubiertos con fondos públicos durante la crisis financiera de 2008. Y tampoco han planteado ninguna moratoria, ni siquiera el no pago de los intereses de la deuda, más de 30.000 millones anuales, que se siguen pagando a los grandes grupos financieros internacionales. Medidas que podrían cubrir, gracias a los enormes ingresos que se podrían recaudar, muchas de las necesidades económicas y sociales de las clases populares.

Te puede interesar: El paquete europeo salvará a las empresas, endeudará a los Estados y lo pagarán los trabajadores

El segundo programa aprobado por el Eurogrupo son los fondos ampliados del Banco Europeo de Inversiones (BEI), por importe de 200.000 millones de euros destinados a créditos dirigidos a las empresas. Se pretende que se destine sobre todo a las pymes, si bien, para nada han quedado fuera las grandes empresas que seguramente sean las que más se beneficien, dada su mayor solvencia crediticia.

El tercer paquete es el denominado programa SURE (Fondo de Reaseguro de desempleo), un ingreso de efectivo para ayudar a los Estados a costear la situación de regulación temporal de empleo de millones de trabajadores que están yendo al paro. Con unos fondos de 100.000 millones de euros, se cubrirán los despidos masivos que se están produciendo vía ERTE, más los que se espera que se, como consecuencia del congelamiento de la actividad económica derivado de la pandemia. Solo en el Estado español se produjeron cerca de 1 millón de despidos antes del Estado de Alarma, y tras él en forma de ERTE se han despedido ya, según algunos cálculos, a 2 millones más.

En este caso, será la Comisión Europea la que haga las emisiones de bonos, una vez recibido el 25% al menos de los avales de cada uno de los países miembros. Para poder acudir a esta línea de ayudas, los Estados deberán demostrar que su gasto público en prestaciones por desempleo ha tenido un crecimiento exponencial a partir del 1 de febrero de 2019 y como consecuencia del Covid-19.

Una crisis sin precedentes y con poca capacidad de reacción de la UE

Lo aprobado resulta absolutamente insuficiente para atajar la depresión económica que se avecina en la UE. Por eso, y para garantizar los descomunales fondos necesarios para la fase de reactivación de la economía europea, que vendrá de forma inmediata una vez controlada la pandemia, Francia y el Estado español consiguieron arrancar de los 27 un nimio compromiso de “trabajar en un fondo de recuperación para preparar y apoyar” la salida de la crisis. Los ministros de finanzas del Eurogrupo establecieron que ese mecanismo, cuyo diseño y soporte institucional se ha trasladado al acuerdo de los jefes de Estado y de Gobierno a adoptar en la próxima cumbre, será “temporal” y enfocado única y exclusivamente a los “costes extraordinarios” de la crisis derivada de las consecuencias del Covid-19.

Todo ese mecanismo, además, quedará encajado en las prioridades fijadas por la UE, y aquí de nuevo aparecen condicionalidades a las necesidades. Este mecanismo de ayudas lo han planteado como un medio que asegurará la “solidaridad” de la Unión con los países afectados. Algo totalmente inverosímil no solo retrotrayéndonos a lo sucedido durante la crisis de 2008, sino que basta con que nos fijemos en el comportamiento de países como Alemania y la propia Francia, bloqueando la salida de material sanitario a Italia y España en pleno golpeo de la crisis sanitaria y acumulando el necesario para ellos mismos sin tener en cuenta las necesidades del resto.

Además, todavía está muy lejana la concreción de esta posible herramienta, si es que llega a ponerse en marcha, que pretende ser algo intermedio entre los “coronabonos” y la posición de Holanda de que no haya ningún instrumento comunitario de ayuda directa a los Estados. En este sentido, se han planteado diferentes fórmulas: desde mecanismos de deuda común, pasando por una vinculación con el Presupuesto de la UE. Teniendo en cuenta que el Presupuesto de la UE apenas llega al 1% del PIB y que existe una enorme oposición a su incremento por parte de los países más ricos de la UE.

La profundidad de la crisis es de tal calibre que, por ejemplo, Francia, la segunda economía del euro, según sus estimaciones prevé una caída del PIB del 6% y un incremento del déficit público de hasta el 7,6% para 2020. Esos datos implican la mayor recesión para Francia desde 1945.

Alemania, prevé una caída del PIB del 9,8%. Y el FMI ha pronosticado una recesión a escala mundial para más de 170 países, con gran impacto sobre la UE por su importante volumen exportador. La deuda a escala mundial se ha duplicado en los últimos 15 años, alcanzando una dimensión estratosférica de 240 billones lo que supone el 320% del PIB mundial.

Esta situación de partida, con las necesidades financieras que se están produciendo puede provocar una quiebra generalizada y provocar una crisis financiera que dejaría en un juego de niños la crisis de 2008. Y resulta que la UE está en el epicentro de esta crisis, con lo que su supervivencia, dadas además las tendencias nacionalistas en expansión, posiblemente se ponga en cuestión.

Ante esta crisis que amenaza en convertirse en una larga depresión económica a la altura de la crisis del 29 con enorme epicentro en el seno de la UE, y dados los previsibles enormes ataques a los derechos económicos, sociales e incluso políticos a las y los trabajadores junto con el impulso reaccionario nacionalista que puede expandirse, se hace imprescindible levantar un programa anticapitalista de emergencia social a escala europea. Un programa que impulse la lucha internacionalista y la autoorganización de la clase obrera, contra las tendencias nacionalistas reaccionarias, en la perspectiva de la lucha por la Unión de los Estados Socialistas de Europa.







Temas relacionados

Comisión Europea   /    Europa   /    Euro   /    Banco Central Europeo   /    Unión Europea   /    Internacional

Comentarios

DEJAR COMENTARIO