Internacional

CRISIS VENEZOLANA

Las razones de López Obrador para reconocer a Maduro como presidente de Venezuela

Qué hay detrás del pedido del gobierno de López Obrador de dar una salida política a la crisis de Venezuela. El barco del gobierno mexicano a contramano de los países del Grupo de Lima.

Bárbara Funes

México D.F |

Jueves 24 de enero | 00:45

La declaración de Juan Guaidó, uno de los líderes de la derecha venezolana, de nombrarse presidente “encargado” de su país, ha cimbrado la escena política internacional. Los principales Estados latinoamericanos, con excepción de México, apoyan a Guaidó y lo reconocen como presidente legítimo de Venezuela.

López Obrador propuso, junto al gobierno uruguayo, que se busque una salida negociada y política a la crisis venezolana. El gobierno de México es centro de todas las miradas.

“Coincidimos plenamente con el llamado de la Organización de las Naciones Unidas a que todos los actores involucrados en el conflicto en Venezuela reduzcan tensiones, hagan los mayores esfuerzos por evitar un escalamiento y rechacen cualquier tipo de violencia política. Compartimos además con la República Oriental del Uruguay el exhorto al diálogo entre las partes y, al igual que España y Portugal, hacemos votos por una salida política a la situación en Venezuela”, expresó la secretaría de Relaciones Exteriores, encabezada por Marcelo Ebrard, en un comunicado.

Previamente, el vocero del gobierno mexicano, Jesús Ramírez sostuvo que “no hay un cambio de postura respecto a Venezuela, México sigue reconociendo a Nicolás Maduro como presidente del país”. ¿Por qué?

Invocan la doctrina Estrada, que plantea la no intervención: “México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos, porque considera que ésta es una práctica denigrante que, sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido por otros Gobiernos, quienes, de hecho, asumen una actitud de crítica al decidir, favorable o desfavorablemente, sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros”.

Con ese fundamento es que el gobierno mexicano se abstuvo de firmar el último comunicado del Grupo de Lima, que, a inicios de enero, llamaba a no reconocer el nuevo mandato de Maduro.

Según el análisis del politólogo chileno Guillermo Holzmann, citado en “Las dos caras de la doctrina Estrada”, publicada en el semanario Proceso, “Cuando López Obrador dice que no intervendrá en asuntos internos de otros países, lo que pide es que tampoco se metan en los asuntos internos de México. Así toma distancia de la OEA y le da prioridad a su proceso interno de la cuarta transformación”.

En opinión del analista, la decisión del gobierno mexicano puede apuntar a desarrollar nuevas relaciones con China, Rusia y la Unión Europea.

Según la prensa internacional, lo que expresa el gobierno de López Obrador ante la crisis venezolana es “tibieza”. No obstante, este posicionamiento parece obedecer a un cálculo político no exento de riesgos.

Por un lado, es una vía de separarse un poco, en el terreno de la política internacional, de la administración Donald Trump, mientras que le obedece a pie juntillas en cuanto a la exigencia de impedir el avance las caravanas migrantes que buscan alcanzar el territorio estadounidense. La postura ante la crisis venezolana puede poner en jaque la hasta ahora armónica relación entre el nuevo gobierno mexicano y la Casa Blanca.

Por el otro, es una forma de tomar distancia del gobierno de Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuya política exterior se centraba en seguir servilmente los dictados de Washington y apoyar el injerencismo imperialista en el coloso venezolano, tan ricos en recursos naturales codiciados por las grandes trasnacionales. En ese sentido, gestos de este tipo y cierta distancia de la Casa Blanca buscan también atraer la simpatía del pueblo trabajador que está harto de los ataques xenófobos y racistas del gobierno de Trump.

Este distanciamiento del gobierno anterior no es menor, si se tiene en cuenta que, por otra parte, con el impulso de la Guardia Nacional, López Obrador mantiene la política de militarización de México, ampliamente repudiada en las elecciones de julio de 2018 y que desde su implementación en los sexenios anteriores respondió a la agenda estadounidense.

No obstante, más allá de las declaraciones diplomáticas, lo cierto es que ni el gobierno de Nicolás Maduro ni el de Juan Guaidó, nombrado desde Washington, van a dar una salida a la catástrofe económica que sufre el pueblo trabajador venezolano.

Un nuevo gobierno que llega al poder respaldado por Trump, Bolsonaro y Macri no dará ninguna salida democrática para el pueblo de Venezuela. Por el contrario, la derecha venezolana busca imponer un plan de ajuste aún más duro que el que se está sufriendo en el país caribeño.

La única salida de fondo ante la crisis en curso la pueden dar la clase trabajadora y los sectores populares de Venezuela, movilizándose por sus propios reclamos, de forma independiente de las distintas variantes burguesas y de los intereses del gran capital y el imperialismo.

Te puede interesar: Con Trump y el imperialismo no hay salida para los trabajadores y el pueblo venezolano







Temas relacionados

Ofensiva imperialista en Venezuela   /    Gobierno AMLO   /    Autoritarismo Venezuela   /    Crisis Venezuela   /    Venezuela   /    OEA   /    Donald Trump   /    Imperialismo   /    Nicolás Maduro   /    Estados Unidos   /    Internacional

Comentarios

DEJAR COMENTARIO