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Las personas y las casas: emotivo escrito de Betty Jouve

Betty Jouve es docente y escritora de Rosario. Ya tiene editado cuatro libros entre los que se cuentan: Crónicas desde la escuela; ¿Se nace o se hace? crónicas de una maestra; De guardapolvos y campanas; y Días de escuela, donde se destaca siempre por una mirada sensible y crítica de la realidad que vivimos.

Martes 10 de noviembre | 16:49

(PH: Julia López)

Las personas y las casas.

Una casa es un lugar que nos aloja. Nos resguarda del frío y del calor, de la tormenta y del granizo, de la lluvia y del viento.

En una casa se reúnen las personas, comparten los alimentos de los que obtendrán las energías para volver a emprender al otro día la aventura del vivir.
En una casa hay un lugar para dormir y cobijar los sueños de quienes las habitan.
Si en las casas viven niños y niñas, la casa se hará un espacio donde resonarán las risas y donde se contendrán los llantos.

Todos deberían tener una casa que los aloje y resguarde, donde se sostengan los vínculos que suelen tejer los seres humanos. Pero no es así. Hay muchas personas, entre ellas niñas y niños, que no tienen donde vivir y deambulan a la intemperie.
A las personas que sí tenemos una casa nos cuesta mucho poder imaginar cómo es la vida de quienes no tienen casa. Por eso, más de una vez, tratamos de no pensarlo, porque si no los vemos es como que no existieran.

A veces, los desamparados se juntan y dicen: esto no puede seguir así. Entonces emprenden una lucha. Ocupan terrenos que están vacíos y levantan con chapas y cartones un espacio donde compartir el pan, y donde acunar los miedos de sus niños y niñas.

Es en esos momentos donde todos empiezan a verlos. Por una vez son famosos y salen en la tele. Se indignan los dueños de las tierras que estaban vacías y hablan con los jueces. Los jueces les dicen a los gobiernos que hagan cumplir la santa ley de la propiedad privada. Los gobiernos mandan a la policía. Con un zumbido fuerte ellos derrumban las casitas de chapa.

En los territorios arrasados por el desalojo quedan las huellas de sus frágiles habitantes: muñecas embarradas, pelotas desinfladas, autitos sin ruedas, súper héroes pisoteados en la alocada carrera.

Una nena se tapa los oídos. Ve que algo brillante pasa volando y cae justo a su lado. Mira con mucho cuidado: es una bala. La levanta del suelo. Abraza a su muñeca y le susurra al oído: - No te asustes, es de goma. No va a matarnos.

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