Política

GENOCIDIO DE CLASE

“Las peores torturas durante la dictadura las sufrimos en el quincho de la Ford”

Pedro Troiani, exobrero y delegado de la planta de General Pacheco declaró en el juicio contra dos exgerentes de la empresa por el secuestro y tortura de 24 obreros. El 6 de marzo declarará Carlos Propato.

Andrea López

CeProDH Zona Norte del Gran Buenos Aires

Miércoles 21 de febrero de 2018 | 09:54

Tras casi 42 años de lucha, este martes comenzaron a declarar los obreros sobrevivientes de Ford. El primero en hacerlo fue Pedro Troiani, extrabajador y delegado de la planta ubicada en General Pacheco, en el norte del Gran Buenos Aires.

Los sobrevivientes y querellantes estuvieron acompañados por familiares, referentes y luchadores por los derechos humanos, periodistas, trabajadores de distintas fábricas (entre ellos Enzo Pozzi de FATE, miembro de la Comisión Directiva del Sutna), ferroviarios y estudiantes de la Universidad Nacional de Luján, entre otros.

Allí estuvieron María Victoria Moyano, nieta restituída y referente del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), Horacio Vertbisky del CELS, Ernesto Moreau de la APDH, Julio D´ Alessandro de la Asociación de obreros y familiares de Mercedes Benz y Mariana Rosseaux, hija del obrero desaparecido de Gillette Miguel Angel Rosseaux, entre otros.

Los imputados en este juicio son Pedro Müller (exgerente de manufacturas y segundo en la escala jerárquica de Ford), Francisco Sibilla (teniente coronel retirado y ex jefe de seguridad de la planta de Pacheco) y el exgeneral del Ejército Santiago Riveros.

Carlos Propato (de gorra y anteojos) junto a Pedro Troiani y María Victoria Moyano al finalizar la audiencia

Los casi 42 años que debieron luchar los obreros sobrevivientes tienen sus consecuencias, entre ellas que hayan muerto impunes otros dos directivos de la empresa estadounidense imputados: Guillermo Galarraga, quien fue gerente de relaciones laborales y falleció el año pasado a los 93 años, y Nicolás Courad presidente de Ford Argentina que murió en 1989.

El trabajo en la Ford

Pedro Troiani ingresó a trabajar en la multinacional automotriz un año después de que la empresa comenzara a producir autos en la planta de zona norte del Gran Buenos Aires. Fue en 1963, cuando tenía 25 años. Comenzó a trabajar en el sector de montaje, en el área de pintura. Fue delegado desde el año 1970 hasta el golpe genocida.

Como relató en su declaración, la contaminación por plomo era el principal reclamo de los trabajadores de Ford y había accidentes laborales graves en la línea de producción permanentemente. El sindicato Smata hacía oídos sordos a los reclamos obreros y el Ministerio de Trabajo no respondía a las denuncias. Esta fue una de las principales luchas que llevaron adelante.

Gracias a la lucha, en 1975 lograron un convenio colectivo que era uno de los mejores del país, logrando entre otras cosas un aumento del 100 % de los sueldos y el 1 % del valor de cada auto que sería destinado a la obra social (dinero que finalmente el gremio jamás usó para tal fin).

Troiani recordó con precisión que la conducción del Smata, meses antes del golpe, los llamó a un plenario de delegados en la Federación de Box. Allí el secretario general José Rodríguez (el legendario burócrata que manejó el sindicato entre 1973 y 2009, cuando murió) les dijo que se venía el golpe, que él iba a amoldarse y que los cuadros medios iban a ir presos. “¡Si eso no fue una amenaza! Todos los trabajadores de distintas fábricas del Smata sufrimos esa amenaza”, exclamó el exobrero ante el Tribunal.

Ya antes del golpe genocida, la Prefectura vigilaba la fábrica y los obreros sospechaban que había servicios de inteligencia dentro de la planta.

“Ford le facilitó al Ejército todo lo que le pedían”

 
En su testimonio Troiani recordó también que el 24 de marzo de 1976 se militarizó la fábrica, había tanques, camiones del Ejército, tanquetas, helicópteros. “Fue un operativo impresionante, nos pedían documentos. Ese día la guardia de Ford retuvo a Reposi y se lo entregó a los militares que lo pusieron en un camión que tenían dentro de la fábrica y esa misma noche se llevaron a otros dos delegados del comedor, Di Giusti y Constanzo. A medida que pasaron los días fueron desapareciendo otros compañeros y sus familiares venían a la puerta de la fábrica a preguntar por ellos”.

En su relato explica cómo personal de seguridad de la empresa junto a fuerzas del Ejército tenían el control de las puertas de ingreso y egreso de la planta y cómo Ford proveía a los militares de vehículos, combustible y hasta les había asignado un lugar en el comedor donde comían los obreros y habían instalado catres para que duerman. “Entre 50 a 60 militares recorrían toda la planta todo el tiempo, lo hacían de uniforme y armados”, contó Troiani.

Otro dato que ilustra los favores de la Ford al genocidio: del sector “reparación final” solían salir muchas unidades Falcon sin identificación ni patente. Eran para los militares.

Los delegados estaban amenazados por la empresa. En una oportunidad en que Troiani se presentó ante a pedir información sobre sus compañeros desaparecidos, el teniente coronel Molinari, quien estaba dentro de la fábrica, le dijo que “ya lo iban a buscar a él también”.

Vale recordar que la Ford, con un cinismo atroz, enviaba telegramas a los domicilios de los trabajadores que iban desapareciendo, diciéndoles que habían faltado sin aviso y que se consideraran despedidos si no se presentaban en las próximas 24 horas.

El día de su secuestro

 
El relato de Troiani sobre el día en que lo secuestraron a él y a otros compañeros fue escuchado con especial atención por todos los presentes en la audiencia.

“El martes 13 de abril (de 1976) fiché como todos los días, fui al vestuario y en mi sección el capataz me dijo que no me mueva de mi lugar porque me estaban vigilando. Yo me fui al baño y alrededor de las 9 de la mañana una camioneta con unos ocho militares caminando alrededor se acercaba a mi sección. El capataz me señaló y los del Ejército me esposaron. En ese momento la gente reaccionó, empezó a silbar, pararon la producción. A mitad del pasillo lo levantaron a Conti, que era subdelegado de mi sección. Llegaron a chasis y ahí pararon la camioneta, nosotros íbamos al costado esposados y apuntados. Ahí lo trajeron a Propato, que lo empujaban con las culatas de los fusiles. Lo trajeron ahí a Traverso y nos subieron a los cuatro a la camioneta. Era una F-100 interna de la empresa que se usaba para mantenimiento. Nos llevaron por una calle interna del predio hasta estampado, donde pararon y lo subieron a Portillo”.

Troiani agregó que con esa camioneta los llevaron finalmente al “quincho” de la fábrica. “Ahí me encapucharon con mi misma ropa, me sacaron las esposas y me ataron con alambre... En el quincho pasamos las peores torturas”, afirmó.

Troiani junto a María Victoria Moyano, nieta restituida por las Abuelas de Plaza de Mayo y referente del CeProDH

Cuenta el exobrero y delegado de la Ford cómo se había preparado el quincho para transformarlo en el centro clandestino de detención y torturas que Ford tenía dentro de sus instalaciones. Entre otras cosas, habían puesto lonas verdes que hacían de pared para cerrarlo. “Apenas entramos nos tiraron al piso, nos pateaban la cabeza. A Propato le pusieron una bolsa plástica en la cabeza. Estuvimos toda la tarde ahí, sin agua, sin ir al baño. Nos subieron a otra F-100, boca abajo en el piso. Conti se quemaba con el piso porque recalentaba por el caño de escape y cada vez que se quejaba le daban un culatazo. Me dí cuenta de que íbamos para Tigre, porque cruzamos una barrera, era la comisaría. En el patio nos hicieron simulacro de fusilamiento, después nos metieron en una celda y me encontré con los compañeros que estaban desaparecidos y también con otros de Astarsa, Terrabusi y otras fábricas de la zona”, recordó con precisión.

En la comisaría de Tigre, en un interrogatorio a cargo del teniente Molinari, Troiani vio las credenciales suya y de otros obreros, con el logo de Ford. El acceso a esas fichas de personal lo tenía solamente Galarraga, de la oficina de personal. “Ahí me convencí de que Ford era parte de todo esto”, sentenció.

Troiani relató que luego de 40 días de estar ahí los blanquearon y trasladaron a la cárcel de Villa Devoto, donde estuvieron seis meses y las condiciones de detención eran brutales. Dentro de Devoto había una iglesia. Un día los llevaron allí dentro, los desnudaron y torturaron.

A las visitas las hacían pasar y, a través de una reja, alrededor de 300 detenidos recibían a quienes iban a verlos. A las mujeres el Servicio Penitenciario las abusaba sometiéndolas a revisaciones terribles, las acosaban.

En su declaración Troiani contó cómo los familiares también sufrían terriblemente las consecuencias de la dictadura genocida.

Luego de esos seis meses de detención en Devoto, los trasladaron a La Plata. Estaban en muy malas condiciones de salud, desnutridos. En mayo de 1977 Troiani fue liberado pero siguió perseguido hasta el final de la dictadura. Iban militares y civiles a su casa en cualquier momento y lo llevaban a la comisaría.

El exobrero y delegado de la Ford completó sus testimonio recordando que no logró encontrar nunca más un trabajo estable. Apenas sus “antecedentes” eran conocidos por las empresas lo despedían, como pasó con la fábrica de colectivos El Detalle, del gremio Smata, donde trabajó un tiempo. Actualmente trabaja como mecánico junto a sus hijos.

El próximo martes 6 de marzo será Carlos Propato el que dé testimonio. Que los obreros sobrevivientes de Ford hayan tenido que luchar más de 40 años para llegar a este juicio plantea, al menos, dos conclusiones. Primero la larga historia de impunidad de la que gozaron los genocidas, sobre todo los civiles que se beneficiaron sustancialmente con el accionar de los militares. Y segundo, que se hace indispensable acompañar esta pelea por el juicio y castigo, con cárcel común y efectiva, para estos empresarios y todos los genocidas.


Desde la planta de la fábrica de neumáticos Fate de San Fernando los obreros Carlos Oroño (hijo de desaparecidos) y Víctor Ottoboni (miembro de la Comisión Directiva del Sutna) enviaron un saludo a Troiani y Propato.

Mirá también el video desde Francia: Philippe Poutou apoya el reclamo de los obreros de la Ford de Argentina







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