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Red Internacional

Son obreras, madres, hermanas, hijas de los trabajadores que no dudaron un segundo en organizarse para bancar la pelea desde afuera. Ahora siguen en pie de lucha.

Romina AlarconRedacción LID Rosario

Viernes 5 de marzo | 08:00

La pelea de los trabajadores y trabajadoras de Arrebeef tiene en vilo a la localidad de Pérez Millán en provincia de Buenos Aires, allí viven 5 mil personas y el frigorífico tiene un plantel de mil empleados. Si la empresa cierra, como amenazó su dueño, se convierte en un pueblo muerto. Este miércoles hubo una gran movilización contra los dichos del empresario Hugo Borrel y se demostró que los vecinos están del lado de las y los trabajadores.

La esposa de un trabajador contaba sobre el apoyo que están recibiendo: “Las mujeres que vienen acá nos dan valor para seguir el día a día, yo a todas esas mujeres les digo que no bajen los brazos, acá adentro la igualdad no se nota, si para trabajar a la par de los varones, pero en el respeto no se nota”.

Muchos cuentan que la bronca crece de años de prepotencia patronal, precarización laboral, bajos salarios, pero esta vez la decisión de las y los trabajadores de tomar en sus manos la pelea por las recomposición salarial y en defensa de sus representantes gremiales, despertó la solidaridad del pueblo y son las mujeres, muchas de ellas madres, hermanas, hijas de los trabajadores que no dudaron un segundo en poner en pie una olla popular para que no los quiebren por hambre.

“Estoy por mi marido que hace más de 30 años está acá trabajando, para apoyar a todos los trabajadores, tenemos hijos, nietos acá adentro así que decidimos entre todas las chicas hacer la olla popular para que pueda comer toda esta pobre gente”, relata a La Izquierda Diario una de las responsables del comedor y sigue: “Antes acá la gente tenía miedo de parar, si parabas te echaban y echaron a un montón de gente. Y ahora nos pusimos todos unidos, porque uno con 14 mil pesos y que alquila no puede vivir”.

Una de las mujeres cuenta que hay mucha solidaridad del pueblo, que ella está ahí para que no bajen los brazos: “Simplemente trabajan y quieren cobrar algo digno, cuando vimos que ellos se quedaban adentro y que habían cerrado la cantina nos unimos con otras mujeres. Porque la unión hace la fuerza, si el trabajador reclama la familia apoya.” Sobre la visita de Madygraf y Hey Latam dice que sintieron muy acompañados: “Hay que unir todas las luchas, ellos desde adentro los necesitan porque así se sienten más fuertes. Casi todo Pérez Millán viven del frigorífico.”

“Trabajen o no en el frigorífico si se acercan a acompañar también les damos de comer porque es para todos”

Ellas saben muy bien que con quincenas de entre 12 mil y 20 mil pesos es imposible sostener una familia y la patronal de Arrebeef ha ganado fortunas durante la pandemia, según datos oficiales sólo en enero de 2021 exportaron la suma de 10 millones de dólares. Pero para las familias trabajadoras en la carnicería de la empresa todos los meses le venden carne, más barata, pero según dicen las mujeres “nos dan carne dura o con olor que a veces ni para los perros sirve”.

Las obreras de la carne

Ellas trabajan a la par de los varones, pero no hay igualdad al interior del frigorífico: “Las mujeres tienen que bancarse que venga un superior a faltarle el respeto y si ellas dicen que no, tienen que aguantar que las insulten y las denigren, han despedido mujeres por decir que no.” Un porcentaje de obreras entraron a los 15 años y hoy teniendo 40 ya se encuentra la mayoría lesionada, por ejemplo, en el manguito rotador que eso pasa cuando el hombro “se te sale” y pierde fuerza. Si están rotas por tantos años de trabajo las mandan a la cantina “porque ya no les sirven”, ese es el desprecio de la patronal de Arrebeef que despierta tanto odio.

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En general lo que cuentan las trabajadoras es que el trabajo es esclavo y que ellas trabajan a la par de los hombres. Donde los superiores les dicen de subir de puestos o aumentos o lo que sea si están con ellos y que no pueden denunciarlo. “Muchas chicas hemos tenido problemas, hemos trabajado mucho y mucha producción y estamos cobrando poco. Los chicos se están jugando por nosotros, acá la culpa la tiene el sindicato por no defendernos, ellos se lavaron las manos.”

El sindicato de la carne les está dando la espalda, el miércoles cuando los trabajadores ocuparon su sede encontraron útiles escolares, guardapolvos y alimentos destinados a los asociados que no habían sido repartidos. Una de las mujeres contaba que lo que les habían entregado era una vergüenza: “Dos lápices, un cuaderno y un par de hojas, es una burla hacia el empleado que le descuentan todas las quincenas para el aporte al sindicato. Yo creo que el sindicato se le ríe, es una falta de respeto”.

En todo el país se sienten el ataque al salario con tarifazos, paritarias a la baja, con despidos, pero la resistencia ya empezó y una oleada de conflictos comienza a desarrollarse. Son los obreros y obreras del frigorífico Arrebeef, son los pibes y las pibas de Hey Latam en Rosario, los metalúrgicos de Ternium Canning, los choferes de UTA, los repartidores de las apps que paran por aumento de salario. En Pérez Millán son un ejemplo para la clase trabajadora, y para el movimiento de mujeres que este 8 de marzo vuelve a salir a las calles.




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