Política

EDITORIAL/EL CÍRCULO ROJO

Las internas del Gobierno y el ruido de la calle

Irrumpieron públicamente diferencias en la coalición oficial, ¿son tácticas o estratégicas? Mientras tanto, el poder real y la derecha impone la agenda y copa la calle. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 19 de julio | 22:23

  •  No sólo la cuarentena pasó a una nueva fase, parece que también el Gobierno y el escenario político cambiaron el cuadro de “unidad nacional” y “consenso” frente a la pandemia que había teñido la coyuntura hasta ahora.
  •  La mayor actividad de la oposición de derecha más “dura” dentro de la coalición de Juntos por el Cambio es una muestra de este giro en la situación política, pero también lo son las polémicas internas dentro del oficialismo que para algunos se expresaron como “críticas” y para otros como “fuego amigo”.
  •  El acontecimiento más llamativo fue el “incidente Zaiat”, como algunos llamaron en el Gobierno al “tuitazo” de Cristina Fernández que subió a su cuenta una nota del periodista económico (Alfredo Zaiat) en la que criticaba en bloque a los empresarios que estaban en el acto del 9 de Julio con Alberto Fernández. Luego de eso siguieron una serie de diatribas por parte de referentes cristinistas que cuestionaron al Presidente.
  •  En primer lugar, habría que tratar de identificar la índole o la profundidad de estas divergencias. No creo que sean diferencias fundamentales sobre el programa económico que hay que llevar adelante, entre otras cosas, porque no sabe muy bien cuál es ese programa, si es que existe. La crisis económico-social es lo que está dado, es el escenario grave en el que se desarrollan las disputas políticas. Pero, lo que demostró que esas divergencias no son cualitativas fue la reunión de Máximo Kirchner –y lo que otros comienzan a denominar el “camporismo racional” – con los empresarios en la casa del banquero Jorge Brito, por intermediación de Sergio Massa.
  •  Las internas, en mi opinión, se deben más a una cuestión estrictamente política o de disputa de poder en una especie de “empate catastrófico” entre las diferentes tendencias del peronismo que, esencialmente, se pueden reducir a dos: kirchnerismo y no kirchnerismo.
  •  La forma peculiar en la que se dio la elección de Alberto Fernández lo convirtió desde el vamos en un liderazgo medio rengo: en general, el que gana conduce y el que pierde acompaña; pero en este caso: el que gana conduce, pero en consulta o escrutinio permanente con quien le dio el grueso de los votos.
  •  El cristinismo posee una serie de factores que le dan poder dentro peronismo (la propia figura de Cristina Fernández y su liderazgo, cierta estructura nacional, base electoral-territorial, cuadros con alguna experiencia en la gestión y un relato propio). Todo esto lo convierte –como me dijo el politólogo Julio Burdman en una entrevista- en un primus inter pares en el universo peronista.
  •  La aparición de Alberto Fernández como candidato y sus primeras señales parecía que iban en el sentido de convertirse en el “gran articulador” del peronismo “no cristinista”, que en términos relativos está a la derecha (gobernadores, intendentes, dirigentes sindicales de los más “tradicionales”). Pero, Alberto Fernández, hasta ahora no quiso construir el “albertismo” que tenga su “columna vertebral” en ese sector. No quiso o, quizá, como dijo Beatriz Sarlo, no puede. La cuestión es que la falta de esa construcción alternativa para la que se estaban postulando y querían apoyar unos cuántos: todo ese peronismo más “moderado”, gobernadores, intendentes, medios de comunicación; provoca que pierda ascendencia sobre ese sector y disminuya sensiblemente su volumen político. Esa fue la oportunidad que vieron los “talibanes” del PRO-Juntos por el Cambio para comenzar a moverse y activar a su “pueblo de derecha”, junto al avance de la crisis, el desgaste de la “épica del encierro”, la cuarentena eterna, etc.
  •  Esto condujo a que, hasta ahora, Alberto Fernández, haya sido el gestor relativamente exitoso de dos cuestiones: la unidad peronista y la unidad frente a la pandemia, pero eso no alcanza para consolidar su Gobierno. En una charla con los subscritores de Página 12, Mario Wainfeld lo definió así: "El Gobierno ha sido más sólido en lograr consensos que en imponer decisiones".
  •  Hasta acá el análisis para pensar la política, pero no nos interesa ser consejeros de uno u otro, sino pensar el escenario y el contexto en el que se da la pelea.
  •  Desde el punto de vista social, en una entrevista con Jorge Fontevecchia para el diario Perfil, Mario Ishii (intendente de José C. Paz) profetizó: “El conurbano estalla en 45 días”. La exactitud en tiempo y espacio, así como en profundidad de la crisis, pueden ser discutibles, lo que es seguro es que a nadie le parece inverosímil.
  •  En todo caso, lo que queda claro es que la agenda pública y la calle no pueden quedar sólo en manos de lo que podríamos llamar el “pueblo de derecha”. Un sector político y social minoritario que, además, está sobre representado en la escena mediática. En gran parte porque las comandancias de los medios es parte de esa galaxia y hasta la dirige “intelectualmente”. Plantean su agenda o sus demandas los empresarios, Clarín, La Nación, los bonistas, el Fondo Monetario (que ya va a venir por la suya, salvo que alguien haya pensado de verdad que todo este apoyo que le dio a la Argentina fue porque se transformó en una sociedad de beneficencia), el campo, la “patria sojera”, la UIA, la AEA. Y sacan a la calle a sus minorías intensas para imponer su agenda, como si el interés de esa minoría privilegiada fuese el interés general.
  •  Del lado de las mayorías populares o trabajadoras, que están subrepresentadas en los medios, no sucede lo mismo. Hay conflictos o reclamos aislados (los camioneros, los precarios), pero los sindicatos, los movimientos sociales, las víctimas de un preocupante aumento de los casos de gatillo fácil, entre tantos otros agraviados o agraviadas, no tienen el peso que merecen y no están sus demandas y su agenda en la arena pública. En parte porque sus representaciones o sus dirigentes bancan al Gobierno o, como en el caso de la CGT, están cómodos en la quietud, como lo estuvieron con Macri.
  •  Sin las irresponsabilidades sanitarias de la derecha, pero con la misma o mayor decisión, ante la catástrofe social que nos amenaza, es más que necesaria esa voz, esa agenda y esa calle.





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