Géneros y Sexualidades

ACOSO CALLEJERO

Las calles (patriarcales) no son nuestras

Del 12 al 19 de abril, se conmemora la Semana Internacional contra el Acoso Sexual Callejero, por iniciativa de la ONG norteamericana Hollaback!, con filiales en otros países, a la que se sumaron otras organizaciones como Acción Respeto, de Argentina, que el próximo domingo 19 se concentrará en el Obelisco para exigir una ley que penalice esta forma de acoso.

Andrea D'Atri

@andreadatri

Martes 14 de abril de 2015 | Edición del día

La campaña, en la que participan 32 países y 30 organizaciones, también intenta involucrar a los varones y a la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. El año pasado, la organización Stop Street Harassment [Alto al Acoso Callejero] encuestó a más de 2 mil mujeres norteamericanas y recabó que el 65% experimentó acoso sexual en las calles, que al menos un 23% sufrió contacto no deseado y el 20% tuvo que encarar la persecución de un desconocido. También en 2014, un video filmado en las calles de Nueva York se viralizó a nivel mundial: mostraba un resumen de la caminata de diez horas de una joven de 24 años, en la que escuchó 108 comentarios masculinos acerca de su apariencia. También es conocida, desde hace algunos años, la denominada Marcha de las Putas, una movilización que se realiza en varios países contra las violaciones de los derechos de las mujeres en los espacios públicos. En Argentina, hace pocas semanas, la joven Aixa Rizzo narró su experiencia frente a una cámara y compartió el video con su testimonio sobre el acoso sexual callejero en Youtube, que se viralizó inmediatamente. También fue víctima de las burlas misóginas del programa Duro de Domar, que cerró un informe sobre este tema, con el personaje de un albañil dedicándoles palabras “subidas de tono” a las mujeres del panel.

Las mujeres como objetos

Si el acoso callejero es tan viejo como la constitución de las ciudades y la salida a las calles de las mujeres, por su incorporación al mercado laboral y la actividad pública, ¿por qué, apenas recientemente, está adquiriendo tanta relevancia y empieza a ser repudiado por amplios sectores?

Podría suponerse que el asesinato de una mujer cada 30 horas, en este país, víctima de la violencia machista, es motivo suficiente para encender las alarmas ante todas las formas de agresión misógina, incluso aquellas que puedan parecer irrelevantes para algunas personas.

En última instancia, aunque las estadísticas demuestran que es bajo el índice de relación entre acoso verbal callejero y violaciones o asesinatos, por debajo de esas conductas, del contacto no consentido del cuerpo de las mujeres en los medios de transporte, del ataque sexual en la calle, del abuso en la intimidad del hogar y hasta de los femicidios, se encuentra el mismo fundamento: la consideración de la mujer como objeto de propiedad del varón, que puede disponer de su cuerpo y hasta de su vida.

Una larga cadena de violencias

Los medios de comunicación, la Iglesia, los modelos tradicionales que imponen la educación y la familia y, especialmente, el mismo Estado de los capitalistas justifican y legitiman la violencia permanente, invisible y cotidiana contra las mujeres.

La violencia de los varones particulares es un eslabón más de esa cadena de violencias que permite a los proxenetas actuar con la impunidad que les otorgan las fuerzas represivas del Estado, los funcionarios políticos y judiciales.

Violencia que permite a los empresarios abonar la diferencia entre los sexos, utilizando a las mujeres como material descartable, a quienes se paga menos salario, se las emplea en los trabajos más precarizados y se les exige una “buena presencia” siempre asociada a los estereotipos de belleza, cuando no incluye, el acoso sexual de jefes y capataces.

Violencia que naturaliza la subordinación de las mujeres, mediante la ideología y el dogma, como los de la Iglesia.

Violencia del Estado que, negándose a legalizar el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, es responsable del mayor de los femicidios, invisibilizado en la clandestinidad de los abortos inseguros.

Violencia que se traduce, peyorativamente y a diario, en supuestas bromas que descalifican a las mujeres: ¿no hemos escuchado acaso al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el derechista Mauricio Macri, decir que a todas las mujeres les gusta que las piropeen, "por más que te digan alguna grosería como ’qué lindo culo que tenés’"? ¿No hemos escuchado, también, a la Presidenta decir en un discurso oficial que a todas las mujeres nos gusta comprarnos pilchas para darle envidia a otras mujeres? ¿No vimos al candidato Sergio Massa, decir de su esposa también militante, que en casa manda ella, pero que en política manda él?

Organizarse y luchar contra el capitalismo patriarcal

¿Cómo enfrentar tanta violencia que trasciende a las clases sociales y que se anida profundamente en la complicidad de la explotación capitalista y la opresión patriarcal que se retroalimentan?

Difícil creer que esta milenaria construcción social y cultural pueda desandarse con apenas algunas medidas que exigen mayor punición del Estado contra aquellos que pronuncian palabras soeces o amedrentan a las mujeres con el acoso callejero. No vendrá de quienes garantizan, ordenan, legitiman y reproducen esa violencia contra nosotras, la solución para acabar con tanta violencia.

La lucha por la deconstrucción de esos mandatos sociales, las críticas arteras contra todo aquello que está naturalizado, las palabras dichas donde se espera la aceptación silenciosa, el combate permanente contra las imposiciones nos encuentran aunadas para acabar con todas las formas de violencia contra las mujeres. Contra la violencia machista, de las mafias criminales, de los explotadores, de las instituciones de este podrido régimen político, de la Iglesia oscurantista, del Estado capitalista... respondemos "¡Si tocan a una, nos organizamos miles!".







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