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CORONAVIRUS

Las acusaciones de Macron y Trump a China sobre la gestión de la pandemia

Las acusaciones mutuas que se hacen los "grandes" de este mundo prefiguran un ascenso de las rivalidades entre las potencias. Después de la batalla del relato por la resolución de la crisis, se plantea la cuestión de las rivalidades en un mundo sumido en una crisis económica.

Domingo 19 de abril | 10:12

Las cancillerías europeas y chinas se muestran ejerciendo ofensas verbales a repetición. La revisión del número de muertos en la ciudad de Wuhan, que el régimen ha consentido en elevar a 1290 individuos, llevando el total de muertos a 4632 en todo el país, y las crecientes sospechas sobre el número real, que con certeza fue ampliamente subestimado, abrieron una brecha que las grandes potencias imperialistas no han dejado de aprovechar.

¡No soy yo, es él!

Si bien Trump, cuando anunciaba casi cotidianamente en Twitter que todo estaba bajo control (hasta que de un día para el otro ya no lo estuvo más), se permitía "agradecer particularmente al presidente Xi", ahora el tono ha cambiado mucho. A partir de este momento Trump cuestiona la capacidad de reacción de China frente a la emergencia del virus y apunta al régimen chino como principal responsable de la propagación de la pandemia. En efecto, los diferentes dirigentes del mundo no dudan en atizar la xenofobia para redimirse de su error y esto, a ambos lados del Pacífico. En China, las comunidades africanas son especialmente estigmatizadas por iniciativa del régimen, lo que ha hecho reaccionar a los dirigentes africanos, que convocaron al embajador chino a Nigeria para dar explicaciones. Si el régimen trata de mantener la idea de un origen americano del virus, Trump juega la carta del "virus chino", en una retórica de la lucha contra el extranjero, de la ciudadela sitiada.

Es en este contexto que la Casa Blanca vuelve a lanzar especulaciones sobre los orígenes del virus. Los diarios europeos se tiraron encima de la noticia, de manera más o menos sensacionalista, sin embargo están obligados desde los primeros renglones a reconocer que no sabían nada. El Washington Post es quien metió mano en los telegramas diplomáticos norteamericanos, que en 2018 aludían a fallas de seguridad potenciales en el National High-Leve Biosafety Laboratory de Wuhan, un edificio construido por una cooperación franco-china, que brinda servicios trabajando en enfermedades infecciosas. Otro laboratorio más cercano geográficamente al mercado de animales de donde se cree, por el momento, que fue el punto de partida de la epidemia seguido a la mutación del virus, también trabaja en los murciélagos portadores de coronavirus. Las insinuaciones de Mike Pompeo (secretario de Estado, devenido en detective "exhaustivo" en esta historia) o de Peter Navarro, (quien declaraba falsamente en la televisión desde fines de febrero que China bloqueaba las exportaciones de barbijos hacia Estados Unidos), asistente económico del Buró Ejecutivo de la Casa Blanca y famoso por su particular hostilidad hacia China en la guerra comercial en curso entre los dos Estados en estos últimos años, no han permitido otorgar la más mínima prueba a la hipótesis de una fuga, accidental o no, desde un laboratorio. Mark Esper (secretario de Defensa) o el general Mark Miley se vieron obligados a atenuar el discurso, porque la transmisión animal sigue siendo la hipótesis principal.

China reprocha a Estados Unidos, devenido en el epicentro de la pandemia, de distraer la atención para excusarse por la gestión deplorable de la crisis de la administración Trump. Una de las víctimas colaterales de estas tensiones es la OMS. Estados Unidos decidió congelar su contribución financiera, por juzgarla como demasiado sinófila. Como siempre en los momentos de crisis, las organizaciones multilaterales internacionales creadas por las potencias imperialistas son las primeras en pagar cuando crecen las tensiones mundiales, sobre todo entre las potencias que han creado estas instituciones para imponer mejor su dominación en el mundo, en diferentes aspectos. En ese sentido, ese "congelamiento" del financiamiento de la OMS es un hecho importante que marca una disrupción en el orden mundial.

En estas coordenadas, es Emmanuel Macron quien intenta ubicarse en el escenario internacional e intenta reunir como puede algunos actores para atraer la simpatía de la comunidad internacional y aparecer jugando un rol motor. Macron, cuyo gobierno representa, desde su elección, al neoliberalismo más senil, intenta revivir a los muertos y se cree, como lo explica en el reportaje del Financial Times, "optimista" para el renacer de un nuevo multilateralismo. El cadáver todavía no está frío y Macron piensa ya poder resucitarlo con ayuda de simples correctivos. En la operación, logra sin embargo conquistar la simpatía de la OMS y aparecer en la organización de futuros encuentros de los "grandes", sobre todo, de un potencial Consejo de Seguridad de la ONU. Ghebreyesus agradeció a Macron por su "liderazgo mundial". Él también atacó al régimen chino por su falta de transparencia, en respuesta al Financial Times que lo cuestionaba por la eficacia de las democracias occidentales frente al autoritarismo de China o de Rusia: "Evidentemente ocurrieron cosas que no se saben". Esta crítica, que podría estar destinada a su gobierno, llega igualmente después de un incidente entre el embajador chino y Jean-Yves le Drian, este último ha citado al embajador luego de la publicación de artículos en el sitio web de la embajada que atacaban la gestión de la crisis por el gobierno francés.

Dominic Raab, secretario de Estado de Relaciones Extranjeras británico, comentó también estos episodios, afirmando que "habría que hacer las preguntas difíciles" a Pekín. Sin embargo, la "diplomacia del barbijo" puesta en marcha por China impone moderación a los dirigentes occidentales quienes, para tomar el caso francés, por cierto son dependientes de los barbijos, pero también de la cooperación de China en África para llegar al objetivo de una moratoria en las deudas de varios países (gran fraude, por otra parte, que no hace más que aplazar la deuda y evitar una quiebra y una catástrofe humanitaria en los países dominados por el imperialismo).

Detrás de las acusaciones, los planes para "el después"

En realidad, más allá de una cierta "diplomacia del barbijo", más bien se trata de una diplomacia de la "fake news". Ahora bien, para ser exacto, de la diplomacia a secas, siendo la "fake news" solo un capricho reciente de Trump o de Macron, expresión a la vez de un remonte real de las rivalidades interestatales pero también de su sorprendente capacidad de tener poca inteligencia. Lenin en su momento evocaba la Sociedad de las Naciones como una "cueva de bandidos". La omisión discreta, la mentira y la manipulación son atributos de la diplomacia capitalista y muy sagaz sería aquel que pudiera, en toda esta historia, designar al más mentiroso.

Porque si bien China evidentemente subestima el número de muertos y ha intentado acallar mediáticamente la aparición del virus, las principales potencias imperialistas han hecho lo mismo, para esto o para los barbijos, los tests, las capacidades sanitarias, etc.

De hecho, detrás de tal o cual frase, o de tal o cual información que alimenta todos los delirios conspirativos que se nutren de una incomprensión de la situación en su globalidad, o de limitaciones a un nivel parcial de los conflictos que pueden enfrentar a las principales potencias, hay que tratar de aproximarse un poco a los problemas reales y a los conflictos que pueden existir. Esta guerra verbal oculta, sobre todo, una profunda preocupación en cuanto a las transformaciones que la crisis económica y sanitaria van a hacer pesar en el capitalismo y la división mundial del trabajo.

El balance que las principales potencias imperialistas parecen comenzar a hacer es haber cometido el error de poner todos los huevos en la misma canasta: en China. La ruptura de la cadena de suministros por cualquier razón, aquí es la de una crisis sanitaria, puede entrañar tensiones importantes, siendo el ejemplo más actual la competencia por la adquisición de barbijos. En consecuencia, desde hace algunas semanas, la burguesía internacional, dirigentes políticos, economistas y patrones aluden la relocalización de ciertas producciones. Cada uno tiene su apreciación: soberanía nacional estratégica, regional, proteccionismo etc. Lejos de ser una cierta concesión a las clases populares, esta política no constituye más que una reorganización táctica de la burguesía. Más precisamente, la burguesía internacional, en su mayoría, no ha logrado deshacerse de su atracción por una mano de obra calificada y barata como la que propone China.

Más que relocalización o repatriación, es más justo hablar de reorganización de ciertas producciones. Así, las potencias imperialistas podrían elegir sacrificar la ventaja comparativa a los riesgos geopolíticos. Reducir la dependencia económica a una potencia en particular podría convertirse en su consigna. En ese sentido, ellas podrían reorganizar algunas producciones en otros países de Asia (como Vietnam, el país que desde hace varios años se ve como el futuro "taller del mundo"), pero también en países de América latina o del Magreb.

"Relocalizaciones", ¿conflictividad y diversificación geográfica de la producción?

Hace ya un siglo el capitalismo mostraba hasta dónde era capaz de ir en la barbarie para ganar mercados fuera de sus fronteras nacionales, demasiado estrechas para desplegarse a sus anchas. Desde entonces, y con otros accesos de terror, se expandió en el mundo entero. Creer que un retorno a un capitalismo de fronteras nacionales es posible incluso sería deseable es un sueño peligroso, una ilusión llena de consecuencias para las clases populares y la clase obrera. Ver únicamente una relocalización de algunas industrias y la "soberanía" sobre tal o cual producción (los capitalistas son soberanos de sus medios de producción poco importa el país en el que se encuentren, y los trabajadores tampoco son soberanos en Francia, en China, en Brasil o en Estados Unidos), es taparse los ojos respecto del resto del proceso.

Porque una medida proteccionista entraña pérdidas de mercado para algunos que no se dejan estar sin decir nada y responden con medidas proteccionistas. Relación de fuerzas que es firmemente sostenida por las potencias imperialistas, el proteccionismo de una nación como Francia o Estados Unidos implica la sumisión de los países que domina (y en primer lugar de la clase obrera de esos países) y una competencia y una rivalidad crecientes con las otras potencias. Sin ir hasta relocalizaciones en el suelo nacional de esas potencias, podemos imaginar un aprovechamiento de su patio trasero, América latina para el gigante estadounidense, por ejemplo. Sin embargo, los capitalistas no despreciarán las ventajas de la explotación de la clase obrera china e intentarán recrear estas condiciones en otros países. De esto podría derivar una política que apunte a acentuar el ajuste, la austeridad brutal en varios países, incluso golpes de Estado abiertos contra los gobiernos "progresistas", como ocurrió en Bolivia. Situaciones que vendrían a arrojar leña al fuego del despertar de la combatividad obrera que se gesta... Las veleidades militaristas comienzan ya a expresarse si pensamos en la armada enviada por Trump a las costas de Venezuela o incluso en las declaraciones de la ministra de las Fuerzas Armadas francesas que ha dicho que la reactivación de la economía se daría a través de la producción militar.

Este es el "mundo del mañana" que prepara la burguesía imperialista. Esta tiene miedo de las rebeliones que la crisis económica podría provocar mientras que la situación mundial ya se caracteriza por un despertar de la lucha de clases. Las presiones políticas internas y las presiones económicas debidas a una crisis que solo se puede comparar a la de 1929 (si ya no la supera en gravedad) van a obligar a los capitalistas a reflexionar más en los riesgos políticos de perturbación de la producción que en salidas económicas de corto plazo. Todas estas escaramuzas verbales entre jefes de Estado anuncian ya las reconfiguraciones económicas del capitalismo. En la guerra comercial que ya enfrentaba a Estados Unidos y a China, y frente a una situación de dependencia y de ascenso de la influencia china, estas advertencias pretenden ser un medio para disciplinar a China y para prepararse también para una diversificación de los centros de producción.

Créditos foto: Kevin Lamarque/Reuters

Traducción: Rossana Cortez







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