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Red Internacional

En esta segunda entrega desarrollaremos la desigual distribución de las ganancias que deja la explotación del langostino, que no solo pone en riesgo el agotamiento de la especie, sino que se basa en la precarización y la explotación de los trabajadores. El conflicto de lxs tabajadorxs de FyRSA permite visibilizar la situación de un sector estratégico de la clase obrera de Chubut.

Jueves 28 de julio | 13:07

El ajuste del gobierno nacional y provincial con el apoyo de la oposición de derecha producto del acuerdo con el FMI ya lo estamos pagando las y los trabajadores. Desde el Frente de Todos, como la derecha y aquí no hay grieta, cómo las distintas alas de los capitalistas, tienen acuerdo en imponer el régimen del FMI. Y su salida es ajuste contra el pueblo trabajador y beneficiar a los empresarios como pasó esta semana con la medida del gobierno nacional que beneficia al agronegocio para generar los dólares para cumplir con el acuerdo con el FMI.

Su plan para cumplir el acuerdo con el FMI es con reprimarización de la economía, con la entrega y transferencia de nuestros recursos naturales, por lo tanto el horizonte es profundizar las políticas extractivistas, “nuevas energías”, fracking, el agronegocio, la megaminería y la explotación del langostino. Y a su vez impulsar nuevos ataques a las condiciones laborales, ajuste en las provincias y nuevos intentos de atacar a los jubilados.

En FyRSA, planta que está en conflicto desde el 6 de julio ante el incumplimiento de los dueños de la planta, Figueroa y Rodriguez, del pago de la quincena, del medio aguinaldo y de las vacaciones entre otras deudas, y que ante el reclamo y lucha por el pagó realizó un cierre y despidos masivos e ilegales de todos los trabajadores, que se mantiene hasta el día de hoy, a pesar de las actas que se firmaron en la subsecretaría de trabajo de la provincia y que la patronal incumplió, se daba la paradoja de que alrededor de 260 trabajadores eran efectivos, sólo alrededor de 20 eventuales y un porcentaje similar en negro completan los 300 trabajadores de la fábrica.

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Las riquezas que se generan en estos sectores productivos contrastan con la realidad de la mayor parte de la población trabajadora: mientras que los dueños de estas empresas amasan fortunas inmensas, del otro lado hay un 35% de pobres en Rawson y Trelew según el informe del INDEC del segundo semestre del 2021, que viven a duras penas.

El desarrollo de la industria pesquera en Chubut lleva la marca de la ganancia y, en especial de ganancias extraordinarias, así se mueve la inversión en el capitalismo.

Pero acá tampoco se da el tan mentado “derrame” que propugnan desde el Frente de Todos y desde Juntos por el Cambio, que plantean que si a los empresarios les va bien, a los trabajadores les va a ir bien también, por la magia del capitalismo. Evidentemente, a los empresarios amasan enormes fortunas, como ya señalamos, pero a los trabajadores, migajas. Como señalaban las trabajadoras y los trabajadores de FyRSA solo en las últimas dos quincenas su salario se acercaba a los 110 mil pesos por mes, valor que en la Patagonia no alcanza a cubrir la canasta familiar básica estimada en 165 mil pesos por el INDeC, es decir, son trabajadores pobres.

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Por eso ante el conflicto que provocó la patronal, el primer mensaje de los dueños de FyRSA fue que “con 35 trabajadores podía funcionar la planta”, es decir, quiere atacar una conquista que es la efectivización del 80% de los trabajadores para imponer las mismas condiciones de precarización laboral que en las demás plantas del sector. El mismo argumento expresó en una entrevista el secretario de pesca de la provincia, Gabriel Aguilar, que parecía un vocero de FyRSA, al señalar que “la planta está sobredimensionada y que podía trabajar con 35 trabajadores”.

Solo la voluntad de lucha de las trabajadoras y los trabajadores lograron arrancar el compromiso, que hay que hacer cumplir, de que se retrotraigan todos los despidos, se abra la planta nuevamente y se pague todos los salarios y deudas que acumula la patronal con los trabajadores.

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El langostino, una especie en peligro por la explotación intensiva e irracional de los empresarios va de la mano de la precarización y explotación laboral

La explotación intensiva del langostino, y el deterioro de las poblaciones biológicas, va de la mano de una alta explotación en las plantas de procesamiento de los trabajadores, con la disminución de los “costos laborales”, donde se imponen ritmos de trabajo intensos donde los salarios se encuentran atados directamente a la producción a través del trabajo “a destajo”.

Estos ritmos brutales de trabajo permiten, como señaló en 2019 el secretario de Pesca de la provincia que “En Chubut se trabajó mucho en el tema calidad y hemos llegado en casos a un aprovechamiento de más de 90% de langostinos enteros, de aguas provinciales y en plantas nuestras”.

A las trabajadoras y los trabajadores de las plantas de procesamiento de langostino los representa el STIA, Sindicato de Trabajadores de Industria de la Alimentación -filial Chubut- que mientras plantea que “se continúe la actividad laboral luego de la temporada del langostino” en pos de mantener los puestos de trabajo, permite y avala la precarización y el trabajo en negro de miles de trabajadores en las plantas de procesamiento. Recordemos que la conducción del STIA en el año 2017 permitió el cierre de la planta de la Pepsi en Trelew y de la planta de Soriano en Gaiman en 2019, dejando a centenas de trabajadoras y trabajadores con sus familias en la calle o dejando pasar los despidos contra los trabajadores de Cabo Vírgenes en este 2022.

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La precariedad laboral, se transforma así en una precariedad de la vida, donde los trabajadores tienen que asumir la informalidad laboral en pos de conseguir trabajo, pasando de planta en planta, en una ciudad que tiene esta única actividad laboral como horizonte de conseguir un empleo, por fuera de los trabajadores del Estado provincial y municipal.

Y a su vez la precariedad laboral del trabajo es parte de la maximización de las ganancias empresarias, es decir, mantener altas tasas de rentabilidad, más allá de los volúmenes de pesca que se producen año tras año.

La marca de la explotación en los trabajadores

Pero esta sobreexplotación y precarización de las trabajadoras y los trabajadores en la industria pesquera no solo se reflejan en los salarios sino que dejan marcas en el cuerpo y en la salud. Manos cortajeadas por el cuchillo, rostros quemados por el frío, ojos enrojecidos por el cansancio, son las señales visibles que esconden detrás enfermedades degenerativas como artritis o tendinitis, cuyo impacto se sufre dentro y fuera de la fábrica.

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“No hay una persona que trabaje con el pescado que no tenga problemas en los huesos. Es lo que te hace enfermar. Terminás mal”. “Pero que te digo, ya te digo, yo trabajo, pero después me duele todo. Todo ¿qué no me duele? Qué no me duele. Y cuando uno descansa es cuando te vienen todos los dolores”.

Los huesos calados por el frío, las articulaciones doloridas, los músculos entumecidos, envuelven a los trabajadores de la industria pesquera en un sufrimiento colectivo.
“Cuando yo estaba trabajando se te congelan las manos, se te congelan los pies (...) Lo que sí tengo son dolores en las articulaciones, rodillas y todo eso sí. Sí porque todo lo que es columna, todo lo que es columna, las rodillas, las caderas, las manos, todo eso sí”.

La Superintendencia de Riesgos de Trabajo señala que “..el procesamiento de productos pesqueros es una actividad de riesgo, si comparamos sus índices de accidentabilidad con los generales. Debe contemplarse además la presencia de enfermedades frecuentes pero no reconocidas como laborales, que quedan fuera de la estadística oficial”.

Es una de las ramas de actividad económica con mayor índice de accidentabilidad, lo que permitiría ubicarla entre las de mayor riesgo de accidentes, aunque no hay indicadores que permitan cuantificar su gravedad.

Por eso la pelea de FyRSA pone en el centro del debate por un lado la pelea por acabar con la informalidad y la precariedad laboral en la industria pesquera en el conjunto del proceso productivo. Así también la pelea por la disminución de la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana con un salario igual a la canasta familiar, la baja de la edad a jubilatoria a los 50 años junto a la protección y un uso racional de los recursos marinos, buscando la diversidad de especies y no la mono explotación del langostino. Estas medidas son parte de un programa transicional que hay que desarrollar en asambleas comunes, autoorganizadas de trabajadores, ambientalistas y científicos para desarrollar la producción con un contenido social y no solo en función de las ganancias empresarias.

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El desafío de construir una izquierda de los trabajadores

La situación actual es responsabilidad de todos los gobiernos que nos trajeron hasta acá. Pero hay otro camino. Los trabajadores y las trabajadoras debemos tomar el control. Somos quienes hacemos funcionar la industria, el transporte, los comercios, los hospitales, las escuelas. Junto a la juventud y el movimiento de mujeres podemos ser una fuerza poderosa para dar vuelta la historia.

Una salida a favor de las mayorías solo puede ser por izquierda: el desafío de construir una organización consciente, un gran partido de los trabajadores socialista que luche por una nueva sociedad sin explotación, ni opresión.

Las trabajadoras y los trabajadores de las plantas procesadoras de langostinos y de merluza, junto a los trabajadores embarcados y en los puertos tienen en sus manos como lo demostraron en las jornadas de diciembre de 2021 contra la zonificación minera la capacidad de articular esta alianza con los demás sectores del pueblo trabajador y dar vuelta la tortilla.




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