SEMANARIO

La vida cotidiana: Una mirada con compromiso revolucionario

Por las revistas: Daniel Campione

TROTSKY

La vida cotidiana: Una mirada con compromiso revolucionario

Ideas de Izquierda

Publicamos, con autorización del autor, la reseña de Daniel Campione –originalmente publicada en tramas. Periodismo en movimiento– sobre Problemas de la vida cotidiana: y otros artículos sobre la cultura en la transición al socialismo, compilado por Andrea Robles y recientemente editado por Ediciones IPS.

Resulta grata la aparición de esta nueva entrega de las “obras escogidas” del gran revolucionario ruso. El agrado se potencia porque la progresiva edición de sus obras no constituye un esfuerzo aislado, sino que va acompañado de un trabajo sostenido y variado de Ediciones IPS en la búsqueda de difundir el pensamiento de los clásicos del marxismo.

Una tarea editorial

Y ello no se remite solo a la tradición del trotskismo. Allí están las ediciones de obras de Flora Tristán y Alexandra Kollontai, o la biografía de Rosa Luxemburgo por Paul Frolich, acordes a la preocupación por los aportes históricos de la tradición marxista a la problemática feminista. También es digna de mención la aparición de enfoques contemporáneos acerca de pensadores clásicos, como el trabajo de Juan Dal Maso El marxismo de Gramsci y el del mismo Dal Maso y Ariel Petruccelli que acerca la mirada a dos grandes pensadores marxistas de la segunda mitad del siglo XX, Althusser y Sacristán: Itinerarios de dos comunistas críticos. O el rescate de un exponente del trotskismo como Pierre Broué, con la primera edición completa en castellano de su por varias razones monumental Revolución en Alemania (1917-1923).

La editorial, a través de la compiladora y con la colaboración de Andrea D’Atri, que aporta un enjundioso prólogo, ha trabajado ahora sobre materiales de Trotsky que no están entre los más difundidos. Algunos de ellos parten de artículos publicados originalmente en el periódico soviético Pravda. Otros corresponden a alocuciones del dirigente en asambleas o reuniones gubernamentales o partidarias. Fueron recogidos en compilaciones llamadas justamente una Problemas de la vida cotidiana y la otra La cultura en el período de transición. Incluso hay trabajos que fueron escritos con destino a la primera y reproducidos también en la segunda.

La escritura reflejada en los textos aparece fluida y de fácil lectura, lo que hace pensar en una traducción virtuosa, pese a que el autor de estas líneas no tenga originales a disposición para su cotejo.

Trotsky en un recorrido diferente

Quienes no hemos tenido oportunidad de estudiar a fondo la obra del creador del Ejército Rojo con frecuencia nos ceñimos en su lectura a las “alturas” políticas, teóricas e historiográficas de su producción. Recorridos indispensables, por supuesto, para conocer el pensamiento y los posicionamientos concretos del fundador de la Cuarta Internacional.

Pero suele quedar el “hueco” de otros escritos, más contiguos al “día a día”. Justamente, lo que nos brinda esta recopilación es un conjunto de elaboraciones ligadas a la construcción diaria de lo que se pensaba como la transición al socialismo en la Unión Soviética.

La distribución cronológica de los artículos recogidos se extiende entre fines de la guerra civil en la que tanto empeño desplegó Trotsky, y 1926, cuando ya había sido derrotada la llamada “oposición de 1923” y se abría la época del stalinismo. Atractivo recorte temporal, que nos muestra al autor todavía al frente del ejército en combate, para llevarnos hasta un doloroso repliegue en el que intentaba conformar otra alternativa de oposición. Hay que aclarar que estos avatares políticos poco se explicitan en los textos, que pese a ello los dejan traslucir aquí y allá.

Desfilan por las páginas de Problemas… las características de la familia soviética, los pareceres y padeceres del periodismo revolucionario. Tienen su lugar las dificultades enormes para construir una sociedad que se procuraba muy avanzada sobre los precarios cimientos de siglos de rutinaria vida campesina y analfabeta…. También se encara con las necesidades y posibilidades del desarrollo científico y con los requerimientos de la educación técnica y política de los cuadros y las bases de la militancia comunista. Y examina la necesidad de formar “clubes obreros” en los que los trabajadores compartieran entretenimiento, conocimientos y experiencia vital.

Abundan asimismo en diversos artículos las referencias a una burocracia más pretenciosa cuanto más vulgares son sus concepciones y actitudes, que pretenden suplantar el impulso de las masas obreras y campesinas. Se nota que a L.T. no se le escapaba para nada el formidable tirón hacia atrás de todo el proceso revolucionario que podía generar la acción de esos elementos burocráticos. Los gérmenes de la degeneración del Estado obrero no se ocultaban a su visión.

Se nota el empeño de Trotsky por reflexionar y escribir no solo para la vanguardia revolucionaria sino con destino al conjunto de la clase que ejercía su reciente dictadura. Y no en exclusividad hacia la minoría que habitaba las grandes ciudades, relativamente más moderna e instruida, sino asimismo para las mayorías rurales, atrasadas en lo cultural y en buena parte carentes de toda instrucción. Es en relación con ese propósito de amplitud que el escritor desliza ricas observaciones sobre el fenómeno religioso, cuyos alcances reconoce y los límites de cuya influencia se empeña en profundizar.

En el mismo sentido expone una y otra vez su confianza en que la expansión del pensamiento racional y la ciencia serán las fuentes de un salto cualitativo económico, tecnológico, cultural y político indispensable para abrir el camino hacia una sociedad nueva.

Quizás los más atractivos de esos esfuerzos son los que despliega en circunstancias de diálogo más o menos directo con lxs trabajadores y en particular con los jóvenes. Casi pueden percibirse las energías que Trotsky vuelca para hacerse comprender por quienes constituyen la reserva para el futuro de la revolución, las semillas de hombres y mujeres “nuevos”. Cuyo advenimiento parece lejano en las desfavorables condiciones heredadas de la Rusia zarista y de toda una época de guerras.

¿Por qué leer hoy algo escrito hace un siglo?

Va de suyo que estos escritos resultan cautivantes a la hora de comprender la “pequeña historia” de la construcción revolucionaria. Y de reflexionar acerca de los monumentales obstáculos que se interponían en su camino. Eso en una etapa en la que, superadas las intervenciones extranjeras y la guerra civil, las dificultades empezaban a fluir desde el interior del propio movimiento revolucionario.

Merece también su atención la revigorización de enemigos de clase agazapados en la propia sociedad soviética, generada por el resurgir del comercio y la producción privada que se desenvolvían en los márgenes de la Nueva Política Económica (NEP).

El interés histórico que señalamos arriba no va en detrimento de que muchas observaciones formuladas por el dirigente soviético conserven vigencia hasta hoy. O al menos pueden ser objeto de debates muy actuales acerca de su validez para atender problemas que aún existen, algunos incluso amplificados por el paso del tiempo.

En esa línea pueden inscribirse sus observaciones en torno a la necesidad de superar el modelo de familia “cerrada”, nuclear, propia del pasado capitalista e incluso feudal, por formas de convivencia más comunitarias, orientadas a la creación colectiva de mejores condiciones de vida y de trabajo. Campo en el que destaca la constante preocupación por liberar a las mujeres de la esclavitud doméstica y de variadas formas de maltrato, con expresas menciones a la derivada del alcoholismo, tan arraigado en la cultura rusa.

Las cualidades que venimos reseñando conforman una obra que puede oficiar como un incentivo tanto intelectual como político, propenso a facilitar la amalgama cifrada en la praxis y el enfoque de la totalidad tan caros al pensamiento marxista.

Su lectura nos parece recomendable para los que habiendo leído con rigor y frecuencia obras de Trotsky quieran adentrarse en aspectos no tan recorridos. Y asimismo para los que estén dispuestos a iniciarse en la lectura del colega de Lenin, por una vía de entrada que no está entre las más habituales.


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