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EDITORIAL DE EDITORIALES FRANCIA

La unidad nacional de los editorialistas franceses frente a los atentados de Túnez

Túnez, el país árabe de la libertad, de la laicidad, de la democracia, el que logró marcar el camino correcto luego de la caída de Ben Alí, el único país árabe que no es machista, el país que fue atacado por los bárbaros jihadistas. Las voces son unánimes entre los editorialistas franceses luego del atentado al museo Bardo.

Martín Noda

París

Domingo 22 de marzo de 2015 | 11:50

“Un modelo a defender”, titula Le Figaro. “Los islamistas fanáticos no eligen sus blancos al azar”. “La carnicería del último miércoles […] apunta al mismo tiempo a los tunecinos y a los extranjeros, la cultura y la democracia, la economía y la paz”. Es un país que adoptó una constitución moderna, un país laico. Lo más destacado es que mientras resonaban los tiros en el museo, los diputados “discutían el refuerzo del dispositivo antiterrorista”. Para la derecha este tipo de medidas son la santa receta, que permiten que Túnez se haya alineado “claramente en el campo de la tolerancia y de la paz”. En modo de conclusión plantean que “A nosotros nos toca ayudarla a defender su modelo”. ¿Cómo? Ayudándolo en la represión (y el estado francés sabe de que habla), y siguiendo con el turismo, pilar de la economía tunecina.

Le Monde, en “ el país que da miedo a los jihadista” hace el mismo análisis. Como conclusión plantean que los tunecinos “demienten a quienes juran que los árabes solo pueden elegir entre dos modelos de gobierno: la dictadura militar o la tiranía islamista” y se hace la misma pregunta ¿Cómo ayudarlos? “no tenemos que anular las vacaciones en Túnez”. Si el turismo es un arma sin iguales, que las clases medias y altas sigan gastando plata en el Club Med en Túnez es una excelente medida de apoyo. El modelo postcolonial tiene que seguir intacto. Empresas “multinacionales”, o más bien francesas, que sobreexplotan a los trabajadores tunecinos, y la “colonización” de las playas durante el verano. Los intereses franceses deben ser defendidos luego de los atentados. Obviamente va a ser necesario tomar medidas de protección del turismo, o de los turistas. ¿Más policías en la calle? Seguramente.

La supuesta izquierda de Liberation, no muestra diferencias con la derecha. Para este diario “Túnez es un símbolo”, el único país árabe no dirigido por una dictadura, y que demuestra que la “democracia es posible y no es culturalmente incompatible con la arabidad”, cuyo parlamento estaba por votar “leyes antiterroristas eficaces”. Y la conclusión es que todos debemos ser tunecinos. Misma conclusión que saca Le Parisien, cuando titula su editorial “Somos Túnez”.

Vemos acá nuevamente las mismas ideas de siempre frente a cualquier atentado : Nos identificamos, no con las víctimas, sino con lo que representan. Reproducen así la lógica que la única forma de repudiar los atentados es defendiendo, y sin críticas obviamente, a quienes la sufren, o a sus instituciones. Túnez se transforma así en el gran modelo. Su democracia en la mejor del mundo, así como Charlie Hebdo en el mejor diario satírico. Cualquier crítica al régimen tunecino, interna y externa, por derecha o peor aún por izquierda, se va a transformar, a los ojos de la coalición de la “unidad nacional” en apología del terrorismo.

Por eso es difícil escribir sobre estos temas. ¿Como repudiar los atentados sin caer en la apología de las instituciones? ¿Cómo repudiar la instrumentalización política sin que algún malintencionado, sacando una cita de contexto, nos acuse de fomentar el terrorismo? Cada frase tenemos que pensarla dos veces. Y en las calles este dilema es peor aún. Porque luego de los atentados se refuerzan las medidas antiterroristas, y de paso, se reprimen más duramente a la contestación social. Liberation solo guarda el nombre de algo que se parezca a la izquierda. Y en los hechos participan activamente en la “unidad nacional”.

Pero hay algo más, una frase que se repite, constantemente, casi haciendo muestra de sentido común, pero que esconde en realidad algo malsano. Todos dicen Túnez demuestra que no todos los países árabes son antidemocráticos, que no es algo cultural. ¿Por qué todos tienen que hacer esta salvedad? Es cierto que sectores racistas tienden hacer la amalgama entre una religión, una cultura, y una realidad política. Pero nadie ataca la raíz de esta amalgama.

Nadie se escandaliza por el simple hecho de que alguien se haga la pregunta de si hay una relación entre la religión musulmana y formas de gobierno antidemocráticas. Simplemente dicen que Túnez demuestra que no, porque son democráticos. La pregunta queda así legitimada y además abre la posibilidad de otra amalgama : Todo árabe que no defienda el régimen tunecino se transforma rápidamente en terrorista o en dictador. Y la pregunta queda en el aire, en cualquier momento puede volverse en contra. Los árabes, salvo excepciones, son terroristas o dictadores.







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