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Red Internacional

Lugar de descanso y de encuentro entre compañeros, donde se comparte el día a día, se charla, se acompaña. Relato en primera persona sobre un sitio que también es trinchera.

Domingo 15 de mayo | 02:42

Creo que es el lugar donde más tiempo paso de mi vida, ¡en serio! ¡Y hasta se ve de un satélite!

Para los que no lo saben, [email protected] [email protected] le decimos covacha al lugar de descanso donde uno puede tomar un mate, desayunar, almorzar, cenar, estirar las patas un rato, dependiendo de los turnos de cada trabajo y, para empezar, si se tiene covacha (porque lamentablemente hay empresas que ni eso ofrecen al trabajador).

El término covacha creo que es despectivo en su origen, o sea, lo implementaron los empresarios para que los trabajadores estén ahí amontonados, en lote, como diría Don Ata. La palabra covacha se refería en su origen a una cueva de excavación. He pasado por varios laburos y por varias covachas, algunas ni les cuento lo que eran, ¡imagínense! La comida se condimentaba con pintura, y las cucarachas ya tenían nombre.

En mi trabajo y en muchos otros, tener una covacha no es fácil. Hay diferentes maneras de hacerse de una covacha:

1. Te la da la empresa, el jefe es parte de la misma y para la oreja como un elefante.

2. Te la da el gremio que quiere convertirte en “cliente” (esto según dependiendo de la "clase" de delegados que tengas, o sea la calidad).

3. Es una conquista de los compañeros.

4. Hacés inteligencia con tus compañeros, recorrés la empresa, ves por allá alguna vacía, ¡y a por ella! El que maneja agarra el autoelevador, la enganchamos, vamos tipo grupo comando y la traemos .

Esa fue nuestra manera; sabíamos que era de un jefe y era de calidad (piso flotante, aire acondicionado, ¡un lujo!) No tomó posesión a su debido tiempo, ¡y bué! Después tuvimos que aguantar la embestida, pero ya habíamos golpeado primero. El resto es historia… ¡ganada!

En la covacha nos conocemos mucho [email protected] compañ[email protected]: llegamos, nos cambiamos, así que sabemos hasta cuántos pares de calzones tenemos, hacemos chistes (“estás gordo”, “estás flaco”, “estás chupado”). Siempre sin ofender, es una cuestión estética; también nos cortamos el pelo y nos ponemos gel, crema y demás… si entro en detalles, no termino más. Pero si tenés olor a pata… ¡tus botines afuera, papá !

Se habla mucho en la covacha; nos aportamos mucho para llevar la vida, y tratamos de transmitirnos experiencias para llevarla mejor. Nos contamos mucho el uno del otro, charlamos de los dolores que nos traen los ritmos de producción, de la tercerización, de la insalubridad que nos va matando… no todo es color de rosa, ¡no!

Vemos cómo nos gastamos día a día, cómo nos matan el polvillo, la pintura, los gases, vemos cómo cuesta ponerse los zapatos por las hernias de disco. Yo no puedo ya escribir a mano por la fuerza que hice… ¡qué bronca, loco!. Nos muelen.

Si llegás a jubilarte, llegás arruinado, y si llegás sabemos que duramos unos pocos años más. ¡Ahora que lo escribo me cae la ficha!
Pensar que cuando entrás acá te dicen: "Acá te jubilás, tenés trabajo para rato pibe".

La mal llamada covacha es una excavación, un pozo, cómo sabemos que le pusieron los empresarios. Pero para nosotros es una trinchera, un espacio de debate, dónde podemos hablar de cómo nos explotan, cómo podemos hacer para estar mejor, para tener mejor calidad de vida, disfrutar más tiempo con nuestra familia, nuestras parejas, nuestros amigos: nuestro tiempo.

Por qué jubilarse a los 65, por qué estar 8 horas acá metido (si tenés suerte), por qué siempre se produce más y se gana menos, por qué los malditos turnos rotativos, por qué hay marchas de miles de desocupados *que quieren trabajo genuino* y nosotros laburando siendo pobres, miles de horas, toda la vida. Mirá si esos que marchan no podrían laburar con nosotros, si son laburantes como vos y como yo, y repartir las horas de trabajo. Y también las ganancias que generamos… ¡si el empresario la levanta en pala (como dijo una expresidenta), por qué no salir de la covachas, de las trincheras, y mover a las centrales sindicales a la calle para luchar por lo que nos corresponde.
¿Que qué nos corresponde?
Todo.




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