Internacional

MUERTES EN EL MEDITERRANEO

La trágica historia de las migraciones forzadas en el capitalismo

La riqueza de los estados capitalistas europeos y el movimiento migratorio forzado de millones de personas. Las tragedias migratorias que llevan a la muerte a miles de seres humanos en el Mediterráneo y la cruel lógica del capitalismo. Los derechos de los inmigrantes como bandera de la clase obrera europea.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Martes 21 de abril de 2015 | Edición del día

Fotografía: EFE Simela Pantzartzi

La muerte de más de 900 inmigrantes en los últimos dos días en el Mediterráneo conmueve profundamente y me lleva a una reflexión sobre los movimientos masivos de migraciones forzadas en el capitalismo.

En sus orígenes, el capitalismo mundial (que era más que nada europeo) se alimentó de la carne y el sudor de más de 15 millones de personas provenientes de África -algunos sostienen que más de 30 millones-, que desde el siglo XVI y hasta fines del siglo XIX fueron trasladadas a la fuerza desde sus comunidades hasta las colonias americanas.

Esta exportación forzada de mano de obra esclava, a escala gigantesca, fue una de las grandes “hazañas” del capitalismo moderno. Millones de esclavos africanos trasladados a América, para alimentar de materias primas el comercio ultramarino y la acumulación capitalista en Gran Bretaña y Europa.

“Es la esclavitud la que ha dado valor a las colonias, son las colonias las que han creado el comercio mundial y el comercio mundial es la condición necesaria de la gran industria del Mundo moderno”, señaló Marx.

Con el desarrollo del imperialismo, desde fines del siglo XIX, la exportación de capitales a todas las regiones del mundo, instalando empresas imperialistas en países de Asia, África y América Latina, permitió a los capitalistas aprovechar los beneficios de la mano de obra barata en las propias colonias, verdaderos talleres de “esclavos modernos”.

Al mismo tiempo, se produjeron nuevos movimientos migratorios masivos, desde los países imperialistas hacia la periferia.

El nuevo movimiento obrero que emergió desde mediados del siglo XIX en países como Estados Unidos o Argentina, se formó en gran parte con las corrientes migratorias de millones de trabajadores y campesinos europeos que huían de la crisis y la falta de trabajo. Polacos, ingleses, irlandeses, italianos, españoles, rusos y alemanes, que hicieron un viaje a través del océano para vender su fuerza de trabajo. Eran movimientos migratorios forzados, no ya por las armas de los esclavistas, sino por las miserias del capitalismo.

Desde la segunda posguerra, nuevos flujos migratorios masivos se produjeron en otra dirección, desde las ex colonias europeas hacia el viejo continente. Es el momento en que millones de inmigrantes del Magreb llegan a países como Francia, en los años 60 y 70, para trabajar en la industria automovilística y en los trabajos más precarios.

La crisis en sus propios países, hundidos en la pobreza y las hambrunas, atravesando conflictos y guerras, devastados por la expoliación de las empresas multinacionales, forzó nuevamente esos movimientos migratorios.

Con la constitución de la Unión europea y el despliegue de una mayor “libertad de movimientos” de los capitales y la mano de obra entre los países de Europa, los monopolios imperialistas aprovecharon la llegada de inmigrantes, provenientes de las ex colonias europeas, para servir de mano de obra barata y presionar hacia abajo las condiciones de los trabajadores nativos. Africanos, asiáticos, latinoamericanos; ocuparon los trabajos más precarios y menos cualificados, como la construcción, las cosechas temporales, el trabajo doméstico, la limpieza, locales de comida rápida, etc. En las últimas décadas, más que nunca, la clase trabajadora europea tomó forma como una clase obrera plurinacional, nativa e inmigrante.

La crisis capitalista y las tendencias xenófobas

El estallido de la crisis capitalista desde 2007 estimuló los movimientos de rechazo, exclusión y expulsión hacia los inmigrantes. Por millones fueron arrojados fuera de la fuerza laboral, al mismo tiempo que se hicieron más restrictivas las leyes de extranjería, se montaron más trabas para limitar la entrada de nuevos inmigrantes.
Las tendencias xenófobas, es decir, el rechazo o el odio hacia los extranjeros, fueron agitados por partidos nacionalistas y de ultra derecha, que identificaron a los inmigrantes como los causantes de la crisis, cuando en realidad fueron los más golpeados por ésta. En los últimos años se ha suma la islamofobia, el “temor” y rechazo hacia personas musulmanas o provenientes de países árabes.

De este modo, los sectores dominantes han estimulado los sentimientos xenófobos, los prejuicios raciales y religiosos dentro de la clase trabajadora, lo que debilita a los trabajadores de conjunto frente a la ofensiva del capital.

En otro momento histórico, Marx se refirió al enfrentamiento entre obreros ingleses e irlandeses en la clase obrera de Inglaterra, prejuicios fomentados por los capitalistas.
“La burguesía inglesa, además de explotar la miseria irlandesa para empeorar la situación de la clase obrera de Inglaterra mediante la inmigración forzosa de irlandeses pobres, dividió al proletariado en dos campos enemigos. (…) En todos los grandes centros industriales de Inglaterra existe un profundo antagonismo entre el proletario inglés y el irlandés. El obrero medio inglés odia al irlandés, al que considera como un rival que hace que bajen los salarios y el standard of life [el nivel de vida]. Siente una antipatía nacional y religiosa hacia él. Lo mira casi como los poor whites [blancos pobres] de los Estados meridionales de Norteamérica miraban a los esclavos negros. La burguesía fomenta y conserva artificialmente este antagonismo entre los proletarios dentro de Inglaterra misma. Sabe que en esta escisión del proletariado reside el auténtico secreto del mantenimiento de su poderío.”
(Carlos Marx, Extracto de una comunicación confidencial, 1870)

El movimiento en defensa de los derechos de los inmigrantes, para terminar con las leyes de extranjería, las vallas, los muros, los CIEs y la xenofobia, debería ser también una bandera de la clase trabajadora nativa en los países de Europa, para su propia defensa.

Morir en el mediterráneo

En la actualidad se combinan dos tendencias que producen verdaderas tragedias sociales en el Mediterráneo. Desde Europa, la crisis ha llevado a la política de “cierre de fronteras”, el crecimiento de la xenofobia y el aumento de la represión a los inmigrantes, lo que hace más difícil el ingreso de los mismos y los condena a la ilegalidad.

Por otro lado, el impacto de la crisis económica en países del África subsahariana, las guerras y conflictos como en Siria, Libia e Irak, aumenta las tendencias migratorias hacia Europa, por vías “ilegales” y cayendo en las manos de las redes de traficantes de personas. Los inmigrantes se lanzan a viajes donde saben que arriesgan sus vidas, forzados ahora por la desesperación.

La muerte de más de 900 inmigrantes en dos días en el Mar mediterráneo, es el resultado de estas contradicciones, generadas por la maquinaria “devoradora” del capitalismo.







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