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Red Internacional

Editorial. La solidaridad inesperada

Cuando los grandes empresarios amasan fortunas y resisten todo tipo de medidas de solidaridad, el gobierno propone tibias medidas frente al hambre. Pero la diferencia viene por abajo, trabajadores rurales de Ledesma lanzaron campaña unitaria por kits escolares.

Jueves 21 de abril | 16:02

En una realidad donde el crecimiento económico se lo llevan unos pocos, mientras las mayorías trabajadoras ven como la inflación les complica la vida, y en especial aquellos que estando en la informalidad laboral o desocupados se les hace aún más cuesta arriba, surgen propuestas alternativas.

Se trata de iniciativas que marcan un contrapunto sobre todo con esta cuestión de esperar que “la economía se arregle” o que el gobierno desde el Estado “haga algo por los que menos tienen” y como vemos son bonos miserables en monto y en extensión porque no cubren a todo el universo que hoy la pasa muy mal.

Entonces quiero referirme a la “campaña solidaria por un kit escolar” para cada familia rural que lanzó la seccional de Uatre Ledesma. Son sectores de la clase trabajadora que dejan su vida en el campo de cultivo, cosecha o en el empaque, por salarios muy bajos que no llegan a 50.000 pesos durante jornadas agotadoras y con empleo temporal, en lugares donde el contraste social es enorme por cada Kg de naranjas de exportación el patrón se lleva 93 pesos y paga 2,5 en salarios.

Además luego de estar varios meses sin trabajar e incluso sin planes Interzafra, no tienen recursos para el inicio de clases. Este año la empresa les negó el préstamo habitual de inicio de temporada que iba destinado a ese tipo de gastos. Por si fuera poco el sindicato nacional de UATRE envío apenas 110 kits cuando son más de 1800 afiliados y alrededor de 3000 trabajadores. Pero los trabajadores no se resignan y llaman a la solidaridad y a la acción colectiva a otros sindicatos, organizaciones sociales y políticas, proponiendo confluir en una jornada recreativa el próximo 1 de mayo.

Esto ocurre además ante una realidad donde a los que reclaman en las calles contra el hambre, los acusan de “extorsionadores”, “delincuentes” y hasta ordenan detener a sus dirigentes como hizo el gobernador Morales hace dos semanas en la provincia. Pero la inflación record que en Jujuy llegó al 19 % en alimentos en los tres primeros meses del año deja en claro que hay hambre y que los gobiernos a falta de pan solo ofrecen amenazas, palos y algunas migajas para evitar que el descontento no pase a mayores.

Pero volviendo, a estas acciones de los sectores más postergados como son los rurales, ¿Se imaginan si la CGT y la CTA en vez de estar detrás del gobierno nacional convocaran a un plan de lucha nacional con paros y movilizaciones en defensa del salario, el empleo y las jubilaciones? ¿Se imaginan si se coordinaran acciones junto a las organizaciones sociales, uniendo a ocupados y desocupados cuanto se podría poner en discusión que el hambre no admite espera ni tampoco palos?

Sin dudas, este tipo de acciones pondrían un parate ante tanta prepotencia patronal donde los que están obteniendo “rentas inesperadas” según el ministro Guzman y resisten a todo tipo de solidaridad con los que menos tienen, incluso con sus propios empleados que no pueden comprarle los útiles escolares a sus hijos. Un claro ejemplo, en este caso, es el grupo Ledesma a metros de las plantaciones de naranjas funciona una plantas de papel que además fabrica cuadernos que se venden por todo el país.

El marxista italiano Antonio Gramsci en un escrito por el centenario del nacimiento de Carlos Marx decía que, “La clase que posee el instrumento de producción se conoce ya necesariamente a sí misma, tiene consciencia, aunque sea confusa y fragmentaria de su misión. Tiene fines individuales y los realiza a través de su organización, fríamente, objetivamente, sin preocuparse de si su camino está empedrado con cuerpos extenuados por el hambre o con cadáveres de los campos de batalla.”

En este estado de cosas se mueve la argentina actual, entre los grandes empresarios conscientes de sus fines, sin ninguna solidaridad por los que no sean parte de su propia clase, y por el lado de la clase trabajadora aguantando como puede los golpes de la inflación con las direcciones sindicales y sociales mayoritarias integradas a un gobierno que es tibio con los poderosos y optó por pagar la deuda con el FMI.

Para finalizar, volviendo a Gramsci, él sostenía que “voluntad desde el punto de vista marxista significa consciencia de la finalidad, lo cual quiere decir, a su vez, noción exacta de la potencia que se tiene y de los medios para expresarla en acción. Significa, por tanto, en primer lugar, distinción, identificación de la clase, vida política independiente de la otra clase… y un impulso rectilíneo hacia el objetivo máximo”.

Es por esto que el apoyo a los rurales es un aporte concreto muy importante para suplir una necesidad inmediata, pero también para poner un ladrillo en la paciente construcción de una nueva voluntad colectiva, la que parte desde abajo con la fuerza de todas y todos los que hoy hacen mover al país y también en los barrios combaten el hambre. Ser parte del desarrollo de esta voluntad es una tarea apasionante porque en ella reside la posibilidad histórica de resolver los problemas agudos y los anhelos de vida de las grandes mayorías.




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