Política

ELECCIONES UBA

La sociología como “deporte de combate” (de clases)

La semana del 2 al 6 de septiembre son las elecciones de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y como parte de ellas se votan las/os directores de Carrera. Te presentamos a Paula Varela, la candidata a Directora de la carrera de Sociología por el frente estudiantil La Izquierda al Frente y por La Izquierda en Sociología (profesores y graduades).

Luján Calderaro

Consejera estudiantil de Trabajo Social UBA

Domingo 1ro de septiembre | 18:25

Hace 22 años que Paula da clases ininterrumpidamente en la Facultad de Ciencias Sociales. Dice que sigue aprendiendo cuando enseña, y muchos dicen que enseña como ninguna. Hoy es candidata a Directora de la Carrera de Sociología en la UBA dentro de la Lista 17 La Izquierda en Sociología. Te invito a remontarte a los orígenes de su trayectoria social, política y académica que vale la pena ser, al menos, ojeada.

Las luchas sociales ocupan un lugar importante en la biografía de Paula: las historias sobran, entre asambleas barriales en el 2001, el apoyo a las fábricas recuperadas, sus clases públicas durante las huelgas docentes, las tomas del CONICET y el MinCyT en el 2016 y 2018... Incluso quien escribe, se sorprendió al ver una docente de la UBA, peleando por la reincorporación de trabajadores despedidos de la multipartista Lear, en el medio del gas lacrimógeno y el gas pimienta de la represión, bajo el gobierno de Cristina Fernández.

¿Qué la movía a poner el cuerpo en plena Panamericana o en Corrientes y Callao en apoyo a trabajadores despedidos? Tiempo después, lo entendí: la calle para les trotskistas es la mejor aula, y la alianza entre trabajadores, la unión más potente para quienes desean torcer el rumbo de la historia.

Cuando lo normal es extrañeza y el rumbo de un país, lo más incierto

Es diciembre del 2001 y hace calor, mucho. En las calles se transpira la gimnasia de la movilización callejera diaria, los piquetes frente a la policía. Es que la convulsión del tiempo se respira en el aire al ritmo de una rutina invertida, rota o estallada.

– ¿Será esto lo más parecido a la libertad?

El sentir la maleabilidad de los días, el futuro impredecible, la fuerza movilizada de quienes se oponían a las políticas hambreadoras, no bastan. En un acto propio de la serendipia, Paula entra a un Videoclub, y un papelito que hay al lado del mostrador la lleva un sábado cualquiera a acercarse a la Asamblea Martín Fierro. Mejor dicho, no se acerca: se sumerge. En una parada de colectivo, la Comisión de Trabajadores debate la alianza de la asamblea con las trabajadoras de Brukman, que pelean por recuperar la textil para ponerla a producir.

Es el 1 de mayo del año 2002, y Celia, trabajadora de Brukman, se para frente a una plaza colmada y sentencia a viva voz, “si los trabajadores podemos hacer funcionar una fábrica, podemos hacer funcionar un país”.

Celia Martínez, quedaría grabada en la memoria de Paula como quien supo transformar en política su condición de explotada. Fue tal vez una muestra en chiquito de la potencia de una clase que Paula defendería con uñas y dientes. Allí, frente a las celias martínez, la negación teórica de la clase trabajadora que se había discutido por años en los pasillos de Sociales, ya no era, solamente, un discurso que eludía la realidad de millones, sino una negación flagrante de los giros que puede dar la conciencia de trabajadores y trabajadoras en momentos políticos excepcionales.

La movilización y la militancia se introyectan en los cuerpos de quienes no pueden hacer más que incomodarse frente a una realidad nacional decadente. Así fue que Paula llegó a Neuquén para conocer la experiencia de Zanon, abrió la puerta del bondi, y la ayudó a bajar un pibe con una pechera del Movimiento de Trabajadores Desocupados:

– ¿Perdón? ¿No era que había una barrera infranqueable entre el movimiento de ocupados y el movimiento de desocupados?

La pelea por la unión entre ocupados y desocupados no era un slogan vacío. Más tarde, ese pibe entró a trabajar en Zanon. La Coordinadora del Alto valle en el año 2002, espacio donde confluyen trabajadores de Zanon, estatales, desocupados y estudiantes, fue para Paula la prueba de que valía la pena comenzar una experiencia militante en el PTS.

– Años después, Raúl Godoy dijo que las fábricas recuperadas son un recuerdo del futuro, podría representar, en una pequeñísima parte, relaciones sociales que anticipan lo que podía ser una socialización de los medios de producción. Me rompió el cráneo.

Paula vuelve de Zanon más movilizada que antes, y el mismo año se zambulle en otra pileta: la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Se estaba dando un proceso de democratización de la Carrera de Sociología con un proceso asambleario, exigían la elección de las autoridades mediante un sistema democrático de una persona un voto. Nada de otro mundo, aunque hoy, 17 años después, sigue siendo una demanda irracional para muchos. Paula se solidariza con la pelea, defiende a les estudiantes de la intervención del Consejo Directivo contra la presencia de Chipi Castillo como director electo por el voto democrático de la mayoría de la carrera. La rutina invertida también era una realidad en el mundo universitario: en el rectorado tomado, les estudiantes de Sociología organizan sus Jornadas de Sociología con la presencia de decenas de experiencias de lucha nacidas del 2001. Como pedía Bourdieu, la sociología salía de la torre de marfil de la academia y se transformaba en un deporte de combate (de clases).

– Hay muchos lentes para mirar lo que está pasando desde el 19 y 20 de diciembre; y a mí me parece, que los mejores lentes son los que comprenden que lo que sucede en las calles, es una lucha de clases sociales diferentes, por lo tanto lo que nosotros tenemos que hacer, es darle una continuidad en la política.

Más de una década después usaría esos lentes para entender que la crisis del macrismo no había comenzado con las PASO 2019 sino con las movilizaciones en diciembre de 2017, “lo que sucede en las calles”, cuando la plaza de los Dos Congresos fue testigo de una “batalla” contra una “reforma previsional’’, que no era ni más ni menos que un robo a mano alzada a los jubilados.

En estos días, bajo una argentina hipotecada, donde la recesión y la inflación hunde a millones a la pobreza, con la desocupación sobrepasando el 10 %, cuando el default que ayer había sido negado hoy es anunciado bajo la forma de “reperfilamiento”, las memorias del 2001 reaparecen como un déjà vu.

Entre las clases y la teoría

Su búsqueda teórica se abre camino en el terreno que se le presente: de conversar con intelectuales a los que admira como Daniel James o Michael Burawoy, –reconocidos investigadores de la clase trabajadora–, Paula pasa a construir una amistad con la peluquera del barrio “Fate”, que se transformó en su principal aliada a la hora de realizar sus trabajos etnográficos.

Y ese carácter, medio anfibio tal vez, le abrió paso en este barrio de obreros ocupados ubicado en la zona norte industrial, para intentar responder preguntas que en aquel entonces pululaban en la academia. La sacudida neoliberal y la crisis del 2002 habían dejado altísimos niveles de desocupación, un proceso de desindustrialización relativa, la caída de la organización sindical en el lugar de trabajo. En ese contexto toma cuerpo una idea: que la fábrica había dejado de ser un lugar de organización política de los trabajadores y que, por el contrario, ese aspecto organizativo ahora lo condensaba el barrio, por medio de organizaciones territoriales

En el año 2004, Paula aprovecha una beca doctoral para dedicarse full time a la investigación.

– Un militante de zona norte me contactó con la peluquera, me hice amiga de ella, y eso me abrió otras relaciones con mujeres del barrio. Tenía la peluca divina, pasaba todo el día ahí.

Así, Paula terminó enamorándose de la investigación sociológica. Tanto que escribió el libro La disputa por la dignidad obrera sobre el proceso de sindicalismo de base fabril, entre el año 2003–2014, que polemizaba contra una manera de pensar a la fábrica y al barrio como ámbitos separados. Meterse de lleno en la vida de obreros y obreras por medio de la entrevista etnográfica la envolvió de lleno y así puso en pie el Seminario de Investigación “Los trabajadores en la argentina actual” en el año 2011 junto a otras compañeras docentes.

El seminario tal vez sea, la mejor condensación de lo que define la personalidad de Paula: un remolino de experiencias sociológicas que se cruzan con intereses políticos, con una militancia trotskista que apuesta a la clase obrera como sujeto revolucionario. No la definen las ideas en abstracto, la sensibilidad con las experiencias obreras la atraviesan fuerte.

En el seminario, los y las estudiantes de sociología vienen empapados de teorías en donde la clase obrera no aparece como un sujeto que lucha, de cambio social. Paula había visto cómo en cuestión de 9 meses, pibes pasaron de decir “no me interesa la política”, “no me interesan los sindicatos”, a ser dirigentes de asambleas de 600 personas, a enfrentarse con burócratas sindicales.

– Un momento de cambio, de transformaciones te permite tomar conciencia de que todo lo sólido se desvanece en el aire.

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Llega 2011 y la conformación de Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT). Más de 500 intelectuales adhieren al Frente con una declaración pública y, en la Facultad de Ciencias Sociales se reúne, por primera vez, la Asamblea de Intelectuales en apoyo al FIT. Allí, empieza a gestarse una nueva iniciativa: conformar junto con Eduardo Grüner, Hernán Camarero, Alejandro Schneider y otres intelectuales, la revista Ideas de Izquierda. Hoy, es parte del Comité Editorial de la revista junto a intelectuales, militantes y estudiantes que apuestan a convertir las ideas del marxismo, en armas para la crítica.

Pero el tiempo no para. 2015 llega de la mano de movilizaciones masivas de las mujeres y un movimiento que sería reconocido mundialmente como “la marea verde”.

– En los estudios de la clase obrera el género no era una pregunta prioritaria, excepto en algunos casos como el paro fabril por acoso sexual que lleva adelante la Comisión Interna de Kraft, o en Madygraf (cuando todavía era Donnelley), donde una trabajadora trans iba a trabajar vestida de varón, y la Comisión Interna exige su derecho a vestirse y manifestarse como lo que ella es, una mujer, como parte de los reclamos gremiales.

La tensión entre la invisibilización del género en la clase obrera y la ultra presencia en las calles del movimiento de mujeres, le planteó a Paula un desafío: saldar dicho divorcio, zambullirse en el mundo del género y la clase, en la visión marxista de la Teoría de la Reproducción Social. Ahora, la encuesta obrera –herramienta metodológica del seminario– retoma el género y la clase como aspectos inseparables de la condición obrera.

Que cambien el mundo quienes lo mueven

¿Su historia? Un derrotero que tiene sentido. Lo azaroso y la búsqueda perseverante se traspapelan en un camino para nada exento del espíritu que atraviesa a quiénes creen que los cambios profundos no son solo posibles, sino necesarios.

– Lo que nos enseñó la década del 90 y el neoliberalismo es que el desempleo y la precarización laboral no es solamente la pauperización total: es el derrumbe emocional, de un montón de obreros y obreras que no pueden sobrevivir y sostener a sus familias. Cuando esas personas salen a luchar, yo siento una admiración y respeto que es inversamente proporcional a cuando veo vociferar a los burócratas, cuando veo llenarse la boca a funcionarios que ganan más de 100 lucas en la universidad, o en el Congreso, o en la justicia… Cuando veo que se llenan la boca diciendo de todo desde la comodidad de salarios de casta. No le llegan ni a los tobillos a la clase obrera que pone en juego todo cuando sale a luchar.

Es que se vuelve insoportable que, en un mundo donde los recursos sobran, existan millones que no pueden desarrollar sus capacidades, desplegarse libremente, porque tienen que dedicar la mayor parte de su vida al trabajo, a la pelea diaria por sobrevivir.

– Son vidas que están amputadas, por una explotación que no responde a la necesidad, sino a la búsqueda de ganancia, a la miserabilidad de la clase capitalista. Miles de vidas acotadas en sus posibilidades.

Por eso, cómo transformar a esa enorme clase productora en una clase insurgente, en clase revolucionaria, se volvió el motor de su militancia y de su búsqueda teórica. La bronca aparece porque, en este mundo, operan fuerzas que vuelven miserable lo que es hermoso.

– Si la lucha política, la organización y la lucha de clases, pudieran devolverle a la vida un 10 % de su belleza, entonces ya vale, vale militar, vale intentar hacer una revolución.

Y para Paula vale, también, apostar al empuje de la izquierda en la facultad. Bajo gobiernos amigos del FMI, la independencia política es fundamental para los tiempos que se vienen.

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