Internacional

TRIBUNA ABIERTA

La situación política en Costa Rica

Publicamos el texto sobre la situación política nacional y las tareas de la Organización Socialista (OS) de Costa Rica escrito por Esteban Fernández.

Lunes 20 de febrero de 2017 | 23:42

La situación política y económica de CR no puede ser -bajo ninguna circunstancia- comprendida si no nos basamos en el marco general de dominación económica de los Estados Unidos y otras potencias, así como las implicaciones políticas de esa dominación. El desarrollo de fuerzas productivas (industria, medios de transporte, etc.) es un atributo exclusivo del capital extranjero -casi siempre estadounidense, aunque hay excepciones- y en esa medida es que nuestra vida social y política está determinada por la dominación imperialista.

Las tendencias mundiales casi nunca se expresan en los pequeños países centroamericanos con toda su riqueza, sino al contrario, tienden a presentarse de manera simple, a veces monolítica. Esto no impide que hayan tendencias regionales o nacionales [1] que puedan tensionar la situación política del país en uno u otro sentido. Sin embargo, las tendencias más fuertes y mayoritarias de los Estados Unidos o México, son las que se observan en Costa Rica (CR) como tendencias hegemónica, sea por derecha o por izquierda. En la relación entre Estados Unidos y México se define en muchos sentidos cuál es la orientación política y económica de nuestras pequeñas sociedades centroamericanas.

En ese sentido, se extrañará el lector de que no veamos en Costa Rica (CR) provocaciones fascistas o chauvinistas como las de Trump. Esto se debe a que CR, como laboratorio de la lucha de clases, experimenta con cierta “atemporalidad” -a veces previa a veces posterior- las dinámicas mundiales. En este sentido elementos de la política de Trump ya han sido vistos en CR por ejemplo en la posición sostenida de manera permanente por los partidos religiosos con las provocaciones de Justo Orozco o con la política de ataque a la clase trabajadora de parte de Luis Guillermo Solís (LGS) y con su política traicionera al feminismo y los derechos LGBT. Pero con la particularidad de que esto ha venido pasando en CR desde hace un par de años.

La política del gobierno

El gobierno “del cambio” de Luis Guillermo Solís (LGS) fue finalmente el gobierno del ajuste y si el gobierno ha eliminado la ley de empleo público se debe a que los sectores trabajadores organizados son suficientemente fuertes como para llevar adelante una huelga que desataría una batalla campal y pondría en juicio al gobierno, a menos de un año de las elecciones.

Pero antes de este retiro, las provocaciones del gobierno a SINTRAJAP, APSE, ANDE, UNDECA, y los demás sindicatos no dejan olvidar que la agenda de Solís de golpear a la clase ha salido victoriosa después de 4 años de gobierno. Los ataques a las Convenciones Colectivas son en ese sentido el buque insignia del gobierno Solís. En este sentido mal haría el activismo sindical o estudiantil asumiendo una posición pasiva frente al gobierno, que estaría esperando el momento preciso de correlación de fuerzas para relanzar el ataque al empleo público.

En todo caso el retiro temporal del proyecto de ley de empleo público se da, como tantas cosas en CR, de manera preventiva para evitar que la lucha directa de clases sea la que determine el futuro del estado costarricense. Casi podríamos decir que la política de la burguesía costarricense desde el 48 gira en torno a dos grandes problemas: la atracción de inversiones del capital imperialista para el desarrollo económico y capitalista del país y la organización relativamente fuerte de la clase trabajadora del estado, con organizaciones ya históricas, de décadas, que han hecho a un sector de la clase trabajadora ser el sujeto que defiende a toda la clase trabajadora. Clase que precisamente por trabajar mayoritariamente para el capital imperialista no cuenta con ningún derecho democrático a la organización sindical, paso previo a silenciarla políticamente tal y como sucede hoy.

La situación del país

En todo caso, la derechización mundial de los gobiernos capitalistas, cuyo último eslabón es Trump, implica para CR no sólo la tarea de luchar contra la dominación imperialista, sino más específicamente la aceptación de ciertos hechos que marcan la situación política del país.

En primer lugar, en la medida en que las políticas de Trump empiecen a ser relativamente normalizadas al interior de los Estados Unidos, cosa que debería pasar a menos de que haya un golpe de estado o -por qué no?- una revolución política, la opresión imperialista se va a mostrar más específicamente. Por ahora la estabilidad de la moneda frente al dólar (importante en medio de política económica mundial “monetarista”) y el mantenimiento de las empresas norteamericanas en el país marca una tendencia relativa de estabilidad económica, a pesar de los serios peligros económicos ligados a la caída de la tasa de formación bruta de capital, la crisis fiscal, etc. Esta relativa estabilidad económica le da una estabilidad política al gobierno pues aunque se anuncian ataques a la condición de vida de la clase trabajadora, no existe una necesidad acuciante de movilizarse contra el gobierno burgués.

En segundo lugar, como mencionábamos arriba, el gobierno desató un ajuste sobre la clase y una agenda reaccionaria sobre el feminismo y el movimiento LGBT. Pero deberá esperar la burguesía costarricense a que sus amos imperialistas descarguen todavía más el ajuste sobre la clase trabajadora mundial para que ella pueda hacer lo mismo acá, ya que la burguesía sola no logra desatar el ataque que desea, lo que también genera una relativa estabilidad política del país. En este sentido, la estabilidad política también se sostiene por los ataques que ha dado el gobierno particularmente en el muelle de Moín, donde represión de por medio, logró aprobar la privatización de los muelles, algo con lo que soñaban todos los gobiernos neoliberales.

En tercer lugar debido a que los dirigentes burocráticos (es decir los dirigentes que solo se defienden a sí mismos y que no están dispuestos a volver a trabajar) de todos los principales sindicatos han establecido de hecho un pacto político con el gobierno, entonces se impide que sea la clase trabajadora la que esté a la ofensiva política nacional, como ya ha sucedido después del Combo del 2000 o incluso, más atrás, en la guerra civil del 48, cuando estuvo a punto de tomarse el poder, así como en otros momentos menores. A pesar de las derrotas sufridas, existe en la base de la clase trabajadora una clarísima disposición a lucha contra las amenazas del gobierno, no porque haya una necesidad inmediata de por medio, sino por conciencia clara respecto de la necesidad de ponerse a la ofensiva y detener las provocaciones antiobreras del gobierno burgués y los otros partidos.

En el movimiento sindical se dan ahora una combinación de elementos que afectan negativamente la capacidad de la clase trabajadora para imponer su agenda política en el país. Esta combinación es la que se da entre un cambio generacional natural de dirigentes y el vacío que deja la desaparición de los últimos dirigentes con formación política de los viejos partidos obreros extintos después de la caída de la URSS, vacío que todavía el trotskismo no llega a llenar por sus límites organizativos y que el reformista Frente Amplio no llena porque tiene una votación explícita en su Congreso de no hacer política sindical, convirtiendo en orientación política lo que es un hecho para sus hermanos “neoreformistas” europeos como Podemos en España: no contar con una base social asalariada.

Este crimen del reformismo a la tica deja descabezada a la clase trabajadora, pues sus sindicatos no cuentan con orientación política alguna más que las orientaciones empiristas y administrativas de los dirigentes sindicales. Pero además esta orientación del Frente Amplio es negativa porque impide la politización de la vida social en el país. La clase trabajadora desde el 48, por más cambios estructurales u organizativos que haya tenido, tiene una historia de intervención política nacional que el Frente Amplio no solo desperdicia sino que además potencia los rasgos pequeño burgueses de la dirección frente amplista, hecho que luego impregna al resto de la izquierda.

Así de inepta es la política del Frente Amplio cuyas políticas claves hasta hoy no han dejado ninguna huella novedosa en la vida política del país, pues la reforma procesal laboral (en aquello que tiene de progresivo) no es tomada en sus manos por ningún sector trabajador porque no es una conquista de la clase trabajadora. Lo mismo pasa con los alquileres. Resulta entonces gracioso que el Frente Amplio hoy asuma como una victoria el que los supermercados dejen de usar bolsas plásticas...

En cuarto lugar se demuestra la incapacidad de pensar una estrategia política como el rasgo distintivo de las organizaciones políticas reformistas o revolucionarias que participarán en las elecciones del 2018. Este hecho se transforma en los sindicatos en una crisis de dirección y así es que se establece empíricamente, de hecho, una orientación defensiva, expectante, para toda la clase obrera, orientación que además se apoya en segmentos conservadores de la clase que sólo saldrán a luchar si la amenaza a su estabilidad es demasiado profunda. Pero esa lucha no estaría bien preparada pues no se ha preparado políticamente a la clase trabajadora. Incluso las corrientes trotskistas que alzan la consigna de la huelga general inmediata no tienen ninguna preocupación por preparar a las masas obreras ante ésta, su política.

Las tareas políticas

Las tareas que se desprenden de la estabilidad política del país son la propaganda y agitación sobre la clase obrera ante las amenazas que se están preparando para ella en el futuro inmediato y a mediano plazo, mismas que van desde la preparación para la afectación de la política de Trump (que podrían ser por ejemplo la rebaja en las remesas, la reducción de la migración, el incremeto del desempleo, caída del salario medio, etc.) hasta las consecuencias de una huelga general, con la consecuente agitación especial de las consignas que preparen para el control obrero del ICE, de RECOPE, de JAPDEVA, y otros como mecanismo para resolver el problema fiscal del país, que se basa en la deuda externa e interna. Además de esto se debe hacer propaganda y agitación respecto del derecho que debe tener la clase trabajadora del sector privado de organizarse en sindicatos e incluso es tarea estratégica de los revolucionarios ayudar prácticamente a esa organización, luchando por la formación de sindicatos en la empresa privada. En el plano estratégico-organizativo se debe procurar la construcción de un espacio político de reagrupamiento así como de fortalecimiento de las tendencias revolucionarias, que ponga en el centro de su actividad un programa político de transición entre el capitalismo y el socialismo.

Esto debe estar acompañado de una intervención sindical que privilegie en primer lugar la construcción de tendencias revolucionarias dentro de los sindicatos del país. Ni SoB ni la LIT tienen una orientación de ese tipo, demostrando su falta de recepción de las tareas transicionales más elementales y es por ello que sus plataformas electorales no son asumidas como una herramienta por ningún sector masivo de trabajadores.

En el plano táctico se desprende la tarea de preparar una inscripción electoral que estratégicamente coloque la política del gobierno obrero y el control obrero sobre toda la clase proletaria del país.

El movimiento estudiantil, por su parte, debe ponerse a la altura de las circunstancias, debe dar una batalla descomunal contra la despolitización que implica la estabilidad reaccionaria del país. En ese sentido el activismo estudiantil debe ser el reflejo de las orientaciones políticas revolucionarias de la sociedad costarricense y por ello mismo debe asumir tareas específicas de intervención en la clase trabajadora y en el movimiento de mujeres. El movimiento estudiantil debe preocuparse no sólo por la administración de la FEUCR, o por aprender contenidos en las aulas, sino sobre todo para ayudar a politizar y organizar a la clase trabajadora.

Conscientemente hemos dejado al feminismo al final. Es muy preocupante que ante la amenaza real del capitalismo de hacer su dominio más brutal (y consecuentemente hacer más brutal al patriarcado) el feminismo no haya podido organizar un acto el día de la asunción de Trump, día en que millones se movilizaron en el mundo bajo consignas feministas. El feminismo no ha podido recuperarse de la doble derrota de la ley contra la violencia a la mujer y la campaña de matrimonio igualitario. La primera sacó del ring a la vieja generación feminista. La segunda alejó de la lucha callejera y masiva a miles de activistas feministas. De esta manera se creó un importante vacío de dirección feminista.

Debe ser indiscutible de ahora en adelante que el trotskismo tuvo responsabilidades en la derrota de la campaña de matrimonio igualitario por su incapacidad táctica de llevar adelante la discusión política sobre la necesidad de ser independiente frente al gobierno que se presentaba como el “del cambio”. Sin embargo este hecho no deja de ser secundario frente a la orientación francamente criminal del feminismo burgués, que ante el miedo al enfrentamiento con el trotskismo, prefiere la comodidad de su sala mientras las mujeres siguen siendo violentadas y lo serán más aún si el feminismo no se moviliza, al punto que desde hace años no hay movilización el 8 de marzo. En ese sentido el movimiento estudiantil y sindical debe nuevamente producir cuadros feministas a la altura de las circunstancias que no capitulen ante las presiones pequeño burguesas y anti revolucionarias que tendrán presencia electoral en 2018.



[1Utilizamos la palabra “nacional” a falta de otra mejor, sin embargo va siendo claro para un conjunto de compañeros de OS que pensar CR dentro de límites teóricos “nacionales” no es un gran aporte, pues es tan pequeño y fragmentario nuestro país, que existen relaciones sociales que nos explican pero que de hecho no se dan en nuestro territorio “nacional”.







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