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La “salud” del FMI: laboratorios que ganan fortunas y más tuberculosis para los pobres

En Argentina crecen las enfermedades, faltan vacunas y medicamentos en los hospitales. Las farmacéuticas declaran ganancias récord. ¿Quiénes son los ganadores de esta crisis?

Melina Michniuk

Lic. en Psicología. Concurrente en el Hospital Piñero.

Natalia Laris

Trabajadora de call center Estudiante de enfermería

Jueves 8 de agosto | 00:00

En Argentina, no todos pierden con las crisis y particularmente ahora, con el FMI al mando. La industria farmacéutica ha crecido de la mano de todos los gobiernos. Las empresas que festejaron hace unos días en La Rural, han obtenido ganancias superiores a $ 100.000 millones al año según datos del Indec. Para dar un ejemplo, la alemana Bayer, que recientemente compró Monsanto, subió un 42 % sus ganancias.

El fabricante de medicamentos y de pesticidas agrícolas hace negocios millonarios mientras contamina el medioambiente con el glifosato, que genera cáncer en las personas que viven en los alrededores de los campos. Los que "curan" son los mismos que enferman: negocio redondo.

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Pero no son solamente las multinacionales. La mayoría de las empresas farmacéuticas en Argentina son de origen local y las familias dueñas de las mismas cuentan con fortunas que hoy sponsorean a los candidatos de uno y otro lado de la "grieta".

La familia Roemmers, Daniela Sielecki y Sebastián Bagó están entre los que tienen afinidad con Macri. Hugo Sigman, psiquiatra y CEO del Grupo Insud, es uno de los millonarios más ricos del país y socio de Sielecki de Elea y Luis Gold, dedicado a la industria farmacéutica, de laboratorios y agroforestal. Sigman es señalado como el principal sponsor del exministro de Salud de Cristina Fernández y actual gobernador de Tucumán, Juan Manzur. También de Alberto Fernández, aunque mantiene buenas relaciones con Macri. Dime quién te financia y te diré para quién gobiernas.

Según la revist Forbes, “el laboratorio Roemmers, principal bastión de la familia y origen de su fortuna, es el fabricante de Lotrial, Optamox, Amoxidal, Sertal Compuesto y Losacor, entre otros reconocidos medicamentos, con los que solo en el primer año de gobierno de Macri, facturó $ 6.167 millones. Sin embargo, no es el único activo ligado a la familia”. Son socios del laboratorio Gador, uno de los cinco primeros en facturación, con ingresos por $ 4.930 millones, donde tienen el 44 % de las acciones. Esta familia es propietaria de Investi Farma, otra compañía farmacéutica con ingresos por $ 1.586 millones anuales.

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La empresa Bagó, es la tercera empresa en el podio de las que declaran haber aumentado sus ganancias con todos los gobiernos. En 2009, en pleno brote de la gripe aviar, Bagó consiguió un contrato para proveer al Estado de la vacuna contra esa enfermedad, en alianza con su competidora local Elea y la suiza Novartis. Actualmente con la empresa Biogénesis Bagó aumentó sus ganancias sobre todo en el rubro de vacunas contra la aftosa. De hecho, a contramano de la recesión, buscan ampliar y renovar la tecnología en su planta de Garín donde se fabrica la misma.

El Grupo Insud también fue ganador tanto con el gobierno anterior como en los años de Macri. Hugo Sigman y Silvia Gold también son parte célebre de las familias millonarias del país. Declaran ganar más de U$S 1.600 millones al año. Pero dicen no pueden sostener a todos sus empleados después de una fusión exitosa con el laboratorio español Phoenix, por lo que solicitó un preventivo de crisis para deshacerse de más de 700 empleados.

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Como se ve, los dueños de las empresas farmacéuticas son los que ganan con esta crisis. No así los jubilados que tienen que elegir entre comer, pagar las facturas o comprar los remedios o las 15 mil personas con HIV que no reciben medicación para el sostenimiento de sus tratamientos por el recorte de 43 millones realizado al programa.

Faltan medicamentos en los hospitales y centros de salud. Hay quienes no pueden acceder ni a las vacunas porque no se cubren las dosis necesarias para cumplir con el calendario de vacunación producto de la devaluación. Ni qué hablar de las personas con discapacidad que no cuentan con atención por el vaciamiento en la obra social estatal "Incluir Salud".

Mientras ellos especulan, el gobierno nacional, con ayuda de peronistas aliados y “opositores”, aplica como política en salud el recorte de presupuesto, al igual que en otras áreas, para alcanzar el “déficit primario cero” y liberar recursos para el pago de la deuda, tal como exige el FMI.

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Enfermedades del siglo pasado a la orden del día

A la par que se recortan los recursos, crece el número de personas bajo la línea de pobreza (32 % de la población) e indigencia (7 % de la población) y aumenta el número de las enfermedades transmisibles a lo largo de los últimos años. Por ejemplo, los casos de tuberculosis (TBC), “la enfermedad de los pobres”, aumentaron un 6 % entre el 2015 y 2017.

La tuberculosis es una enfermedad bacteriana cuyo principal síntoma es una fuerte tos continuada. Está asociada a la pobreza y a las malas condiciones de vida en los centros urbanos y si no se trata a tiempo puede ser mortal. No casualmente, la curva de crecimiento de la tuberculosis en la Argentina tiene sus picos los años de crisis socioeconómicas. A nivel geográfico, el 55 % de los cuadros de tuberculosis en el país se concentra en el área metropolitana de la ciudad de Buenos Aires.

Enfermedades como esta, que ya tendrían que estar controladas o erradicadas vuelven, no solo por la falta de vacunas y medicamentos, sino también por las condiciones de vida que, con el ajuste del FMI, se deterioran cada vez más, sumiendo a millones bajo la línea de pobreza e indigencia.

En Argentina actualmente hay 26,5 casos de tuberculosis cada 100 mil habitantes. Haití, el país más pobre del continente que desde hace años sigue las normativas del FMI, actualmente cuenta con 153,4 casos por cada 100 mil habitantes, además de otras enfermedades que también presentan índices alarmantes.

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Según un informe de la Universidad Católica Argentina, seis de cada cien hogares urbanos pasan hambre de manera frecuente (7,9 % de población). 1,7 de cada diez hogares no logra cubrir sus necesidades básicas de salud (22 % de la población urbana). Tres de cada diez hogares urbanos no cuenta con red de cloacas. Uno de cada diez hogares urbanos no cuenta con servicio de red de agua potable.

Además, catorce de cada cien familias habitan en viviendas precarias y al menos ocho de cada cien no cuentan con baño y conviven hacinadas. El 27 % de la población habita en hogares con algunos de estos déficits. Casi dos de cada diez familias residen en espacios medio ambientales no adecuados, sea porque no cuentan con servicios de recolección de basura, viven cerca de industrias insalubres o de espejos con agua contaminada. Por este camino, la salud de la población se hunde hasta el fondo.

La salud no puede ser un negocio

En la campaña electoral todos hacen promesas. Pero de cualquier lado de la “grieta”, las únicas que se cumplen son las que garantizan negocios a las farmacéuticas que lucran con nuestras vidas.

Los medicamentos y vacunas no pueden ser tratados como mercancías con las que se lucre. La accesibilidad en todos los niveles de atención debe estar garantizada por el Estado, mediante la producción pública de medicamentos, bajo gestión de los trabajadores y especialistas de las universidades públicas, terminando así con los negocios millonarios de laboratorios nacionales y extranjeros. Por eso proponemos la nacionalización sin pago de los laboratorios que hacen ganancia a costa de la salud de la gente.

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Invertir las prioridades, tal como plantea el candidato a presidente por el Frente de Izquierda Unidad, Nicolás del Caño, significa plantear abiertamente que los fondos de la riqueza generada por los trabajadores del suelo argentino no se destinen al pago de la deuda usurera con el FMI y los especuladores, sino a resolver las deudas eternas con los sectores más postergados, las mujeres y la juventud. Que esa plata se destine al sistema de salud para organizarlo en función de las necesidades epidemiológicas de la población y no del lucro con nuestras vidas.







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