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Red Internacional

En homenaje a la vida de Sergio Omar Alonso, obrero revolucionario, militante del PTS, ferviente tripero, padre, amigo y compañero: palabras de su hija Luana.

Viernes 3 de septiembre | 17:32

El llanto es la manera más pura de reaccionar contra lo injusto e inevitable del destino. Hoy me despertó la tormenta, abrí los ojos y dije: adiós Viejo. Miré el reloj y eran las 10:10, hora en la que nació un 14 de mayo de 1966. Me miro al espejo y me veo en él.

¿Sabes la fábrica de pañuelitos que te hace falta llorar?, me decía mi abuelo cuando tenía 10, y con el tiempo entendí que era verdad. El llanto más desconsolador de Sergio - como el que ahora tengo -, lo vi cuando falleció mi abuelo, su papá. Quizás hoy esté viendo el de su hija. Hubo un día que le canté un tango que compuse, termina así como y aunque no mantenga este mundo que aguanto, voy a beber de a gotas el remedio de vivir . Algo se movió en papá. Terminé el tema, lo miré como quien no entiende lo que pasa y atinó a contestar que estaba llorando por los dos, por él y por mi abuelo que de alguna manera también se había hecho presente.

Hago el ejercicio de revisarme, y no hay otra manera de estar que no sea en él. Cada aspecto de mi vida que hoy disfruto fue alentado por él, como un espectador orgulloso, tanto en el teatro, como en la música, los estudios. Me enseñó a ser libre e independiente para que por mi cuenta sepa regularme tomando mis propias decisiones. Arriesgar y jugármela como bandera, de lo contrario, jugo de tomate frío en las venas deberás tener. Paradójico que hayamos elegido la misma profesión; ambos estudiando para ser docentes, y aunque su ida haya llegado antes del título, nada le puede sacar que fue el mejor maestro de la vida. No me puedo olvidar cuando Carlitos dejó sus horas de clase en manos de mi viejo - en el Albert Thomas, mismo colegio que los vio egresar como técnico electricista -, y lo festejamos cenando en Bacci, a pura emoción. Que orgullosa estuve de vos en ese momento.

Recuerdo cuando salí del colegio desahuciada. Mi papá me recibió en el auto y le expliqué el por qué de mi malestar: no tenía muchos amigos, y realmente para mí era un problema. Si tuviera tu edad, sería tu amigo, largó. No se había dado cuenta que estaba diciendo las palabras más hermosas que escuché en mi vida. Pienso que cada debate que teníamos era para intercambiar ideas, refrescando las suyas y sorprendiéndome con las que él traía.

No solamente fue mi amigo. No solamente debatimos ideas. Sino que caminamos juntos la vida, nos hicimos mejores amigos, marchamos entre las únicas banderas rojas y blancas de las que él se podía rodear. Qué no puedo decir de mi viejo, mi papá, también papá de mis amigxs. El video de la nota publicada por su fallecimiento en La Izquierda Diario, no lo había visto. Me incitó a escribir esto, por su existencia, por haber sido un tipo increíble, admirable, buenísimo. Verlo ahí frente al micrófono peleando contra los burócratas, odiando al que acumula sin sentido, luchando contra la misma fábrica que lo enfermó.

Imbatible, inconformismo puro. Que impresionante fue ver tanta gente reunida el día de su despedida, cortando la calle, porque de otra manera no podría haber sido; las palabras que le dedicaron, que no son palabras al aire dichas porque sí, porque nadie llora lo que no lo entristece, me hace pensar en la dimensión de su existencia, de alguien que pisa fuerte y se desangra por la fé que lo empecina. Él quería morir quemando un patrullero. Su trascendencia es por la lucha y por querer cambiar el mundo. Su grito como el de muchxs otrxs, será para que continúe la pelea y tomemos las banderas.

Qué más puedo decir, tengo al mejor papá del mundo y voy a ser su chiquita gigante por siempre. 22 años de pasión tripera me dejó, bandera azul y blanca que me cubrió, canción que su despedida envolvió mientras ese auto se alejaba. Soy del equipo de Jesús, desde la cuna al ataud, cargo con esta hermosa cruz, bajo este cielo que es azul, fanatizado enfermo, resucité en el pueblo. Más loco y luchador, sentí que dios me abandonó…

Recuerdo cuando bailábamos pegados este hermoso tema abrazados en el garage de la casa que lo vio criarse y que hoy habito actualmente. Ese día lloramos mucho, por el amor inmenso que nos tenemos, por el pacto efímero que es la vida, porque los dos sabíamos que en algún momento se iba a acabar... y me dijo: la vida es dura y muy difícil, pero te va demostrando que siempre hay algo para disfrutar. Ese era mi viejo, una persona simplemente feliz, un gran tipo, una persona inigualable, un torbellino que murió soñando la revolución. Hasta el socialismo siempre papá. Sergio Omar Alonso, PRESENTE. Ahora y siempre.




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