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Red Internacional

Editorial.La realidad, las palabras y las cosas

Los usos del lenguaje para enmascarar la realidad: desde la “racionalización” por al ajuste, las “colaboraciones” que encubren fraudes laborales hasta el cambio climático por la “acción humana”. Editorial de El Círculo Rojo, programa de La Izquierda Diario que se emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

Jueves 19 de agosto | 23:16
  •  Existe una herramienta clásica de la que se hace uso y abuso en los debates políticos y en la pelea por el sentido, y que está muy de moda: los eufemismos. Esas expresiones más suaves o decorosas con las que se nombra a determinadas cosas o hechos que, designadas de otra manera, quedarían expuestas de una forma demasiado franca o directa. Quizá, demasiado verdaderas.

  •  Pongo algunos ejemplos porque hay para todos los gustos, en todas las áreas y para todos los temas. Sin ir más lejos, en el escándalo en curso por la foto del festejo de Olivos tenemos uno: el presidente Alberto Fernández, luego de recibir críticas tras su primer discurso por responsabilizar de los hechos por todos conocidos a su pareja, Fabiola Yañez, la segunda vez que se refirió al tema afirmó que la cena “se organizó” y no debió haber ocurrido: no hay sujeto responsable, es indefinido o parece que se organizó sola.
  •  Esto para tomar un ejemplo de la coyuntura. Pero, también existen movimientos políticos que se nombran con un significante que es absolutamente contrario a lo que son: por ejemplo, la apropiación de la palabra “libertad” por parte de los mal llamados libertarios. Su programa y estrategia política son lo contrario a la libertad, proponen la sujeción a los poderes reales, postulan la atadura a los intereses del poder. Sin embargo, Javier Milei o José Luis Espert gritan ¡Viva la libertad, carajo!
  •  También en movimientos sociales y políticos reaccionarios se realiza la misma operación: por ejemplo, los antiderechos que se llaman a sí mismos “pro-vida” o en “defensa de la vida”, cuando en realidad, militan el aborto clandestino y, en consecuencia, la muerte.
  •  En el terreno laboral, sucede en muchas empresas, pero es muy común entre las aplicaciones de servicios que llaman a sus empleados “colaboradores” o “asociados”. Cuando en realidad, hay una relación laboral no reconocida que se presenta de esa manera para evitar la responsabilidad empresaria. Técnicamente se llama “fraude laboral”. En el mismo sentido, cuando se califica como “desvinculación” a un liso y llano despido.
  •  También existe en las narrativas sobre las acciones del Estado. Un clásico: incidentes o represión. Es curioso, las acciones de este tipo bajo el Gobierno de Mauricio Macri eran, para Clarín y La Nación, incidentes y viceversa para las cosas que suceden en el Gobierno actual. Y lo contrario pasa con los medios oficialistas de la actual gestión. La famosa tapa fatídica de “La crisis causó dos nuevas muertes” de Clarín, luego de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en Avellaneda en 2002, fue una expresión extrema, grotesca, bochornosa, pero de esta tendencia habitual.
  •  En el ámbito de la política internacional, por ejemplo cuando en grandes potencias se habla de “defensa nacional” o “intervenciones humanitarias”, para justificar incursiones imperiales, limpiezas étnicas o guerras por intereses geopolíticos.
  •  Para ajustes en la economía: por ejemplo a las devaluaciones se las llama “sinceramiento” o “reacomodamiento de precios”, “desequilibrios” a los ajustes o “crecimiento cero” o (esta es espectacular) “crecimiento negativo” a las recesiones.
  •  A las grandes contra-reformas regresivas (y esto los que vivieron los noventa lo recordarán): “racionalización” a las flexibilizaciones; “reformas estructurales” al desmantelamiento del Estado o “modernización” a planes de flexibilidad que se proponen retornar a formas casi esclavistas en las relaciones de trabajo.
  •  Un último ejemplo que nombró Diego Sacchi la semana pasada y tiene que ver con el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Un informe en el que repasa el conocimiento científico disponible acerca del cambio climático. Allí se habla de daños irreversibles al medio ambiente causado por un cambio climático que es producto de las “actividades humanas”. “Cambio climático de origen humano” se repite mucho a largo del informe. Ya “cambio climático” es un relativa imposición de quienes son responsables de esos cambios que no son “naturales”, pero con al agregado “de origen humano”, transforma a la definición en aún más ideológica porque desdibuja la responsabilidad de la clase dominante. Está comprobado que son las grandes empresas quienes provocan y sacan provecho de la crisis climática mientras los más pobres sufren las consecuencias. Y es el mismo sistema el que bloquea cambios en las formas de producción que permitan una relación más armónica con la naturaleza. En síntesis, no todos los humanos desempeñamos el mismo rol en la generación de la crisis. No todos iguales igualmente responsables por la catástrofe climática.
  •  ¿Cambiando las palabras se pueden cambiar las cosas? Probablemente no, pero en esa hay una dimensión que reclama que, en primer lugar, se llame a las cosas por su nombre.


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