Sociedad

DERECHOS DE LOS NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES

La realidad de los hogares bonaerenses de niñez contada por una trabajadora

Una trabajadora de un hogar de niños y niñas de la Provincia de Buenos Aires realiza una crónica de la realidad que se vive en estos lugares. Relata las condiciones de los dispositivos y como afecta las subjetividades los niños, niñas adolescentes y trabajadores.

Amelia

Trabajadora de un hogar de niños, niñas y adolescentes de la Provincia de Buenos Aires

Viernes 12 de febrero | 19:37

Les niñes que llegan a los Hogares Convivenciales han pasado, en el mejor de los casos, por salas de primeros auxilios, centros de atención médica, jardines, escuelas o programas comunitarios que no han podido revertir la situación de vulneración que atraviesan. Les niñes llegan a la institución luego de que todos los efectores encargados de velar por sus derechos han fallado. Para nombrarlo con todas las letras: el Estado no ha cumplido con su rol de garante de derechos.

Al ingresar a la institución el niñe se encuentra ante la difícil tarea de entender los ritmos, rutinas, cambios de escuela, y conocer a las personas que tienen a su cargo el cuidado de elles. Trabajadoras y trabajadores agrupades en turnos rotativos de entre tres y cinco personas. Para finalizar el día, les niñes saludaron, jugaron y se vincularon con al menos quince de elles. Sumado a esto les trabajadores encargades de su cuidado se encuentran en condiciones de contratación precaria, con turnos cambiantes, alta rotación de personal, falta de capacitación, y sin espacios de contención y supervisión. Cuadro que agrava las condiciones en el desempeño de sus tareas.

Para les niñes lo más sencillo, e indispensable, de esta estadía seguramente sea el encuentro con sus pares. Otres niñes que, les que le van a acompañar, le van a mostrar y explicar, mejor que cualquier adulte, una lógica institucional a la que deberán adaptarse (en el mejor de los casos). Aunque no se conocen entre elles, comparten una historia y una realidad, que los ha llevado a vivir en un Hogar convivencial.

Al llegar las primeras noches, y avecinarse la hora del dormir, van a la cama que se les ha asignado al momento de ingresar, una cama transitoria. Allí se encuentran en una habitación, con ruidos, olores y sonidos que por novedosos, generan estados de alerta, angustia y ansiedad que impiden conciliar el sueño. A veces, son requeridas las luces para llegar a un descanso algo más sereno, y siempre la compañía de algún adulte a quien recurrir ante la irrupción de pesadillas y miedos.

Luego de un tiempo comienzan las preguntas por parte de elles sobre cuando saldrían a pasear, visitas a hermanes, primes, qué pasará con elles, cuánto tiempo se quedarán en dicha institución, por qué no pueden estar con sus hermanes. Piden hablar con los equipos que tienen a cargo su situación, a veces también con el juez o la jueza, interpelando con preguntas diarias el funcionamiento del sistema. Una vez más los tiempos están lejísimos de ser acordes a lo que elles necesitan. Ante la espera con respuestas que no aparecen, muches desarrollan sintomatología y conductas problemáticas producto de la institucionalización prolongada deviniendo entonces en “chiques dificiles, intratables”.

Esto es solo un recorte, que se atraviesa por subjetividades, que no están escindidas de realidades objetivas y concretas que hacen los cotidianos en estos dispositivos.

Las partidas presupuestarias asignadas a los hogares convivenciales, como a otros dispositivos que trabajan con niñes y adolescentes, sufren cada vez más recortes, afectando esto la salud integral de les alojades; con un escenario de precarización laboral en las filas de les profesionales que desenvuelven tareas institucionales, con hasta a veces más de 20 niñes y adolescentes a su cuidado, con jornadas extensas de trabajo. Cabe mencionar que, en su mayoría, quienes desempeñan tareas en estos dispositivos son mujeres, muchas de ellas jefas de hogar, quienes a su vez realizan tareas de cuidado no remuneradas en sus hogares.

Sumado a todo esto, les trabajadores no cuentan con posibilidad de representación sindical (sobre todo en los dispositivos conveniados con el Estado a través de ONGs o Asociaciones Civiles) o con los derechos laborales contemplados en la legislación, como la elección de delegados, asambleas, descansos suficientes o contrataciones que representen una real relación de dependencia.

Las subjetividades de les niñes no se construyen por fuera de estas realidades, donde la tarea de restituir derechos a les niñez, no es parte de la agenda de los gobiernos. Mientras se destinan millones de dólares a pagar una deuda ilegitima con el FMI, se recortan las partidas presupuestarias en estos dispositivos y se recarga, en las espaldas de les trabajadores las peores condiciones para acompañar a las niñeces más vulneradas por el Estado mismo.

Les trabajadores no somos ajenos a lo que le pasa a les niñes, no es una realidad salida de un mundo fantástico, tiene sus responsables materiales. Con funcionaries públicos que diseñan políticas públicas que intentan robarle a las niñeces la posibilidad de un futuro, del pleno goce de sus derechos, que intentan condenar a elles y a sus familias a pagar las responsabilidades que les son propias, precarizando la vida.

No es un hogar aislado, son todos los dispositivos que abordan estas problemáticas, son las decisiones de los gobiernos de condenar a les pibes a un futuro incierto.







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