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Red Internacional

Para un gran número de historiadores y especialistas, la primera protesta por el ambiente hay que rastrearla a fines del siglo XIX. Una historia olvidada pero de impactante actualidad.

Claudia Ferri@clau.ferriok

Viernes 18 de febrero | 09:22

Fotograma de la película «El corazón de la tierra», dirigida por Antonio Cuadri

El día 4 de febrero de 1888 la pequeña ciudad del sur de España, Río Tinto (Huelva) fue el escenario de una masiva movilización de trabajadores agrícolas y mineros junto a sus familias. Reclamaban tres cosas: aumento de salario, reducción de la jornada laboral y la prohibición de quemar minerales a cielo abierto. La zona era productora de cobre y el humo que se generaba con ese método de extracción los estaba enfermando y matando.

La represión que el gobierno desató sobre la comunidad hizo que aquel año fuera conocido como “el año de los tiros”.

Grabado de las protestas de Río Tinto, el 4 de febrero de 1888

Si bien las minas eran explotadas desde fines del 1700, las técnicas se fueron perfeccionando en el siglo siguiente para aumentar la explotación del material.

Para extraer cobre en estado puro, se colocaban entre cientos toneladas de mineral en grandes montones de forma cónica debajo de ramas y maderas que se prendían fuego y podían arder sin apagarse de 6 meses a 1 año. Como consecuencia se generaban masivamente gases y humo tóxico.

Desde 1873 la cantidad de mineral extraído, lo mismo que los gases que emanaba, aumentaron considerablemente cuando el gobierno entregó las minas a la Río Tinto Company Limited. La empresa estaba formada por capitales extranjeros, sobre todo ingleses y alemanes. Dentro de estos últimos tenía particular influencia la famosa familia de banqueros Rothschild.

En el libro 1888: el años de los tiros se describen las consecuencias sociales que trajeron los gases de la actividad minera: “provocaban una niebla densa y una asfixia general, pero ninguna muerte oficial. Estas estaban disimuladas bajo el epígrafe “muerte por falta de vida”, curiosa forma de camuflar el desastre. Las calcinaciones de mineral al aire libre trajeron también las primeras lluvias ácidas en la historia de España. El resultado era palpable en la Cuenca minera de Río Tinto: cosechas arruinadas y suelos improductivos, sin olvidar la corta desmesurada de árboles para provocar la combustión del mineral”.

A esto había que sumar las deplorables condiciones en la que se trabaja. Jornadas de 12 horas, de sol a sol, sin ventilación y con salarios miserables. Empleaban niños de hasta 10 años que se movían por los socavones a la par de los adultos. El humo rojizo provocaba enfermedades y muertes por causas respiratorias y digestivas; afectando no sólo a trabajadores sino también a las poblaciones cercanas y hasta a la provincia vecina de Sevilla.

Frente a las protestas y malestar en los pueblos, el gobierno convocó a especialistas en geología y medicina, que actuaron bajo el auspicio de la empresa, negaron que los gases eran perjudiciales para la salud. “La compañía no sólo era una empresa. Era sinónimo del poder establecido y manejaba a su antojo la política provinciana de aquella época. Tenía jueces, parlamentarios y gobernadores en su nómina”.

El 1 de febrero de 1888, alrededor de 4000 mineros fueron a la huelga que se extendió en los días siguientes. Uno de los dirigentes de la lucha, era el minero anarquista de origen cubano Maximiliano Tornet, que había sido despedido tiempo antes por querer organizar sindicalmente a sus compañeros.

La lucha minera se combinó con protestas de trabajadores agrícola/ganaderos y de algunos propietarios rurales que veían afectada su economía, por la creciente contaminación ambiental. El día 4 miles se movilizaron con sus familias para pedir mejores condiciones laborales y el fin de la quema de minerales al aire libre.

La reacción del gobierno no se hizo esperar y envió a las fuerzas militares a reprimir la convocatoria que según diferentes fuentes había convocado entre 12.000 y 14.000 personas. La versión oficial informó que hubo 13 muertos, mientras que los testimonios dan cuenta de que fueron 200 los muertos.

La presión social y mediática obligó a prohibir la quema a cielo abierto a través de un decreto real. Sin embargo, el lobby empresarial logró derogar la ley dos años más tarde, restableciendo las condiciones de extracción. Argumentaron (otra vez) que se había determinado que los gases sulfúricos no eran tóxicos para la salud ni para el ambiente; a la par que perseguía y despedía a los mineros más combativos.

Los hechos de Río Tinto fueron conocidos como la primera protesta ecológica de la historia. ¿Y quién estuvo allí para encabezarla? la clase trabajadora, junto a la comunidad local, que padecía en carne propia la contaminación: en sus cuerpos, en el agua, en la tierra.

Pero también podríamos decir que estos acontecimientos forman parte de los antecedentes de quiénes niegan hoy el cambio climático y minimizan las consecuencias ambientales. De quienes se benefician con el extractivismo que destruye territorios y poblaciones enteras.

Lluvia ácida en el Río Tinto, España

Hoy la Corporación Río Tinto, en su versión moderna, está formada por capitales ingleses y australianos. Es la segunda minera más grande del mundo. Responsable de tres décadas de contaminación en Papúa donde tiene la mayor mina de cobre a cielo abierto de la actualidad. También de haber destruido en Australia yacimientos arqueológicos de 46.000 años de antigüedad. Es la misma multinacional que explotará un enorme yacimiento de litio en la provincia argentina de Salta.

La historia de los mineros de Río Tinto es apenas un ejemplo de que la clase trabajadora no sólo tiene la tradición de pelear por sus derechos sindicales o políticos, sino también de oponerse a la destrucción del ambiente por parte de grandes empresas multinacionales que priorizan las ganancias y los negocios capitalistas por sobre la vida de las personas y del planeta que habitamos.




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