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La previsible caída de la presidenta de Petrobras y el avance del mercado

El anuncio del retiro de la actual presidenta de Petrobras ha generado movimientos especulativos que tienen el fin de presionar hacia una mayor participación del capital privado en la petrolera estatal.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Jueves 5 de febrero de 2015 | Edición del día

Fotografía: Reuters

El martes se dio a conocer que el resultado de la reunión de Dilma con su mujer fuerte en Petrobrás, Graça Foster, sería un acuerdo para el retiro de la presidenta de la empresa estatal y de los exministros en su consejo de administración. Esta retirada ocurriría en marzo, después de la publicación del balance de la empresa y cuando se confirman las multimillonarias pérdidas contables de la empresa, del orden de por lo menos 88 mil millones de reales, cerca de 40 mil millones de dólares, según informó la propia Petrobrás.

Esta noticia impulsó un intenso movimiento en la Bolsa de Valores, llevando a una valorización superior al 15% en los papeles de la empresa. Este movimiento tuvo varios aspectos especulativos e irracionales como señalan analistas de los grandes medios. Sin embargo, esta “irracionalidad” encuentra eco en el “instinto animal” del denominado “mercado”. Los compradores de las acciones no solo se están aprovechando de esta suba en el precio para obtener ganancias con las acciones que estaban en baja sino que están todos apostando a que la intervención de Dilma en Petrobrás va a elevar la participación del “mercado”, lo que les agrada.

Traduciendo "mercado"

Cuando los medios y el gobierno de Dilma hablan de aumentar el peso del “mercado” en la empresa quieren decir que van a elevar el grado de privatización de la empresa, aumentaran los ataques a los trabajadores petroleros y que una mayor parte de la renta petrolera será destinada a los accionistas y a las empresas imperialistas socias.

Detrás de la crisis política desatada por este inmenso escándalo, de la crisis económica de la empresa y del drama de decenas de miles de tercerizados, se desarrolla un debate estratégico sobre quién y cómo debe controlar el petróleo del Brasil.

El paso al costado de Graça y de los exministros para sus sustitución por nombres del “mercado” apunta a una respuesta a este debate. Se especula con nombres como Rodolfo Landim, quien trabajó con Eike Batista, presidente del grupo EBX, o el exbanquero internacional y neoliberal jefe del banco central brasilero de Lula, Henrique Meirelles, entre otros. También se especula con nombres de Sadia, empresa del grupo CAOA, y diversos otros empresarios que tendrían algunas características en común: el know-how (conocimiento práctico) para ajustar a los trabajadores y asociarse en forma subordinada al imperialismo para levantar empresas.

No va a ser de la mano del “mercado” como se encontrará credibilidad o transparencia en los negocios de la mayor empresa del país. La consultora PwC, que ha presionado a la estatal, es mundialmente conocida por fraudes contables y ha sido denunciada incluso por la Organización Mundial de Comercio (OMC) por fraudes contables que ayudaron en la privatización de una empresa de aguas en India, como denunciamos en otro artículo a propósito del alejamiento de Sergio Machado de la subsidiaria Transpetro.

La transparencia, democracia, racionalidad en el uso de los recursos petroleros no pueden venir de las manos del “mercado”. Estas virtudes solo vendrán de las manos de los trabajadores controlando la empresa. Esta perspectiva se contrapone no solo a los privatistas y “enemigos externos” como dijo Dilma, sino a los enemigos internos privatistas (declarados o no) que el PT y Dilma vienen poniendo en la empresa hace muchos años.

Esta defensa no es la defensa de la actual Petrobrás, usada para el enriquecimiento lícito, como los favores a la constructora Odebrecht que le permitieron transformarse en el monopolio petroquímico Braskem, o el auxilio a las constructoras para construir astilleros, e ilícito, como hemos visto hasta el cansancio en el actual esquema de corrupción. Es la defensa de una Petrobrás controlada por sus trabajadores, lo que implica actualmente la exigencia de apertura de todas sus cuentas y contratos.







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