Política

EDITORIAL

La paradoja argentina y el credo liberal

Una solución liberal para las crisis argentinas, la culpa no es de las minorías que se llevan todo, sino de las mayorías que quieren demasiado. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 26 de julio | 22:59

  •  Desde hace algunas semanas circula un artículo escrito por los investigadores Pablo Gerchunoff, Martín Rapetti y Gonzalo de León que es interesante desde varios puntos de vista. Fue publicado en el número 59 de la revista Desarrollo Económico, su título es La paradoja populista e intenta descubrir dónde radica el origen de las recurrentes crisis argentinas. Los autores encuentran la causa en lo que denominan el “conflicto distributivo estructural”. Los desequilibrios constantes que afectan al país se producen -siempre según esta lectura- porque los trabajadores aspiran a un salario real incompatible con el equilibrio de mercado. Dicho con otras palabras que les pertenecen: “Esto ocurre cuando existe lo que nosotros llamamos un conflicto distributivo estructural; una puja sistemática y persistente entre las demandas sociales y la capacidad productiva de la economía”. Para los autores existe una brecha de aspiraciones de una población que pretende un nivel de vida que no se condice con la productividad.
  •  Hacen un repaso bastante completo de los últimos sesenta o setenta años de historia económica argentina y llegan a una conclusión que sintentizo más o menos así: los gobiernos que privilegian que no se rompa el equilibrio social, a la corta o a la larga provocan un desequilibrio macroeconómico (fiscal o de cuenta corriente); y los gobiernos que optan por un intentar alcanzar un equilibrio macroeconómico tienden a minar las bases de sustentación del equilibrio social.
  •  Con un poco más de sofisticación y nivel académico, no deja de ser otra versión de ese haiku escuchado tantas veces en los años de Cambiemos en el poder: el problema es que la mayoría de los argentinos está acostumbrada “a vivir por encima de sus posibilidades”
  •  El mérito que tiene el artículo (que tuvo cierto rebote entre periodistas y sectores politizados) es que da cuenta de una relación de fuerzas histórica o estructural que, pese a todo lo que se hizo desde la dictadura hasta acá para minar los conquistas sociales de las clases trabajadoras y los sectores populares, en nuestro país hay determinadas reservas que son posiciones desde las cuáles todavía se puede pelear.
  •  Lo más discutible del texto es el punto de vista en el que se colocan los autores para pensar las responsabilidades de la “paradoja argentina”. Como decía al principio, el problema a solucionar estaría en las “excesivas” aspiraciones de la sociedad en términos de derechos en general y de salarios en particular. El objetivo a lograr sería que se “moderen” esas expectativas para permitir un avance de la productividad. Como son liberales con “buenos modales”, no están de acuerdo en que esto se imponga de una manera autoritaria y habría que buscar alguna forma de pacto social. Este acuerdo debería ser más o menos así: los trabajadores tendrían que renunciar voluntariamente a muchos derechos actuales (sobre todo, en términos de salarios y reformas laborales) en favor de beneficios futuros y los empresarios deberían aceptar que haya participación de los trabajadores en algún porcentaje de los dividendos futuros.
  •  Traté de imaginarme concretamente la cuestión: habría que ir a hablar de buena onda con Paolo Rocca, Marcelo Mindlin, con la familia Macri o con Marcos Galperín y decirles: “Miren, aceptamos rebajarnos el salario, implementar una reforma laboral que aumente nuestra explotación presente, pero a condición de que cuando las empresas crezcan y se valoricen gracias nuestro esfuerzo, podamos compartir algo de los beneficios futuros”. No sé por qué tengo la sensación de que hasta incluso pueden llegar a aceptar la propuesta para la actualidad y en el futuro: “Si he visto no me acuerdo”. Después dicen que los socialistas somos utópicos.
  •  Pero agrego dos cuestiones más:

    1) Pese a que no se cambió radicalmente una relación de fuerzas histórica, igualmente se retrocedió mucho en derechos: avanzó la precarización laboral, existe un sector de “precarios estructurales”, múltiples formas de flexibilización, pérdida histórica del poder adquisitivo del salario y una pobreza que en la pospandemia posiblemente afecte a más del 50 % de la población. A todo esto, los autores proponen sumar otra nueva “moderación de demandas”.

    2) Por otro lado, se hace abstracción de las “aspiraciones” -para ponerle un nombre- de los que están del otro lado de la “puja distributiva”. Es decir, se da por hecho que no hay un problema en las ganancias exorbitantes de los bancos; en las estafas como las de Vicentin (que son comunes a una gran parte del empresariado); en los fugadores seriales que se llevan toda la guita afuera; en quienes, como los dueños Edesur, la juntan toda mediante subsidios o tarifazos y brindan un servicio pésimo; en los especuladores de la patria sojera; en los tenedores de una deuda “odiosa”; en los que acumulan y no invierten un peso y un largo etcétera.

    3) Esto hace también a las “capacidades productivas del país” ¿Cuáles capacidades? ¿Bajo qué forma de organización social? ¿Y qué apropiación de riquezas? Es suma: ¿es un problema “natural” de fuerzas productivas o es de específicas relaciones sociales de producción?

  •  Lo peor es que el núcleo de este pensamiento es compartido por gran parte de la dirigencia política o hasta sindical argentina. Sin ir más lejos, la reunión que mantuvo la cúpula de la CGT con los empresarios más poderosos del país, emitió un comunicado que dice que hay que destacar el “papel clave de las empresas privadas y sus cadenas de valor en la salida de la crisis; movilizar la capacidad productiva y las exportaciones de bienes y servicios”; que esperan un “resultado positivo en las negociaciones con los acreedores externos”; que hay que “reducir la presión tributaria sobre el sector formal de la economía”; y al mismo tiempo, “equilibrar las cuentas fiscales”. Es un pliego -para nada “moderado”- de las aspiraciones empresarias firmado por los que se dicen representantes de los trabajadores. Horacio Verbitsky escribió que Alberto Fernández lo llamó a Héctor Daer –uno de sus sindicalistas predilectos- y lo retó por firmar ese documento. Ponele que le creemos, pero ¿los acuerdos se rubrican en público y las diferencias se susurran en privado?
  •  La cuestión es que para este “consenso” -que el artículo deja bastante claro- parece que los derechos exigidos por las mayorías son el problema, que sus excesivas demandas son el problema y que el problema reside en las aspiraciones demasiado altas. En el extremo opuesto de esta visión extrema del paradigma liberal, creemos que el problema de la paradoja argentina está exactamente del otro lado. Y que los trabajadores, las trabajadoras y las grandes mayorías, lejos de un problema pueden ser la solución.





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