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La muerte de Otto Vargas, inspirador del maoísmo argentino

Su vida no puede ser analizada por fuera de su obra: la construcción del Partido Comunista Revolucionario como expresión del maoísmo criollo, organización que condujo sin fisuras durante cuatro décadas.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Jueves 14 de febrero | 21:30

Murió Otto Vargas, máximo dirigente y fundador del PCR de Argentina. Exponente estratégico e ideológico del maoísmo criollo que se caracterizó por la defensa abierta de la alianza con sectores reaccionarios del nacionalismo y la tradición estalinista.

La vida de Otto Vargas no puede ser analizada por fuera de su obra, que fue la construcción del Partido Comunista Revolucionario como expresión del maoísmo en Argentina, conducción que ejerció sin fisuras durante cuatro décadas.

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Otto Vargas comenzó su militancia a fines de los ‘40, en las filas de la Federación Juvenil Comunista donde ingresó con 19 años. En aquel entonces, el PC había participado en el frente antiperonista de la Unión Democrática con el argumento de luchar contra el “nazi-peronismo”. Al poco tiempo ingresó en su aparato y tomó tareas internacionales que lo llevaron a vivir en Cuba, entre 1958 y 1959 como apoyo del PSP en los primeros meses de la Revolución cubana. A principios de los ‘60 Vargas se opone a la línea de desestalinización impulsada por Nikita Kruschev desde la URSS.

En 1968, Otto Vargas rompe con el PC llevando detrás de sí a un sector significativo de la Fede y funda el Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria que en 1969 adoptó el nombre del PCR. En sus orígenes mostraron sus simpatías por la Revolución Cubana y el Che Guevara. Este último, concluyó a partir de la experiencia de la Isla, que las burguesías criollas eran furgones de cola del imperialismo, planteando que la alternativa era “revolución socialista o caricatura de revolución”. Otto Vargas por el contrario, va a defender la concepción teórica del estalinismo de la revolución por etapas y el seguidismo a la burguesía nacional.

El PCR planteó, en continuidad con la concepción teórica del PC, que Argentina era dominada por los monopolios y la burguesía terrateniente y por lo tanto el carácter de la revolución va a ser “antimonopolista, antiimperialista, agraria y popular en camino al socialismo”. Ya esta base teórica originaria los llevó a definir una estrategia política de colaboración de clases.

Después del Cordobazo el PCR ganó importantes posiciones en la vanguardia obrera de la provincia que le permitió, tiempo después, conquistar la dirección del SMATA Córdoba dirigido por el desaparecido René Salamanca.

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En aquellos años que desembocó en el desvío del ascenso de masas a partir del acuerdo entre el general Lanusse y Perón, que pone fin a la proscripción del peronismo, el PCR hará seguidismo de las posiciones ultraizquierdistas. En lugar de oponer al peronismo la candidaturas clasistas y un frente de trabajadores, tendrá como línea la de “ni golpe, ni elección, insurrección”, negándose a dar la batalla política contra el peronismo.

El maoísmo y la teoría del socialimperialismo

En 1972, luego de una gira en China, Otto Vargas y el PCR asumió el maoísmo como su concepción teórico estratégica, profundizando su ruptura con el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética). En función de su nueva adscripción ideológica, el PCR definió que Argentina es un campo de disputas inter-imperialistas entre los EEUU y lo que Otto Vargas define como el “socialimperialismo” soviético, cuyos agentes van a ser alternativamente Lanusse, la guerrilla montonera y del ERP, Lorenzo Miguel y el genocida Videla. Para enfrentar esta contradicción principal llamaba a constituir un bloque común con “los sectores patrióticos y democráticos de la burguesía urbana y rural”.

El PCR frente al lopezrreguismo

En la práctica política esto significó un alineamiento sin fisuras del PCR con el gobierno de Perón a partir de 1973 y de Isabel en el ‘74, caracterizados como nacionalistas que resistían a los bandos imperialistas. El tercer gobierno peronista se caracterizó por gobernar dando rienda suelta a las bandas fascistas de la Triple A dirigidas por López Rega, quienes casualmente se identificaban con el lema de “ni yanquis ni marxistas”.

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La orientación que adoptó el PCR los llevó a boicotear las luchas contra el gobierno, negándose a señalar la responsabilidad de Perón en el golpe policial derechista en Córdoba, conocido como el Navarrazo, en enero de 1974. Más tarde se opondrán a la primera huelga general contra un gobierno peronista, como fueron las jornadas revolucionarias contra el Plan Rodrigo en junio y julio de 1975, calificándolas de “movilizaciones golpistas”. De la política sostenida durante este período el PCR se ganó en el conjunto de la vanguardia militante de los trabajadores, la juventud y la izquierda el mote de aliados del lopezrreguismo.

El apoyo a Menem y los carapintadas

Terminada la dictadura genocida, a quien señalaron siempre como “pro-rusa” a pesar de su furibundo anticomunismo, el retorno a la democracia los encontrará militando a la vera del peronismo de derecha de Italo Luder, Lorenzo Miguel y Herminio Iglesias. De aquellos primeros años de la restauración democrática, también proviene su apoyo a los carapintadas dirigidos por Aldo Rico y sobre todo Mohamed Alí Seineldin, quienes pedían la misma cuota de impunidad que los generales por sus responsabilidades en el genocidio. El PCR los consideraba un ala malvinera nacionalista que debía ser apoyada en sus demandas. Como corolario de este período el PCR integró el gobierno de Carlos Menem entre 1989 y 1991.

El PCR y el frente devaluador

En los ‘90 el PCR tuvo un momento de crecimiento al calor de los primeros levantamientos provinciales de trabajadores estatales del año 1994. También a partir de la creación de la Corriente Clasista y Combativa y la figura del dirigente municipal jujeño Carlos "Perro" Santillán, por entonces militante de este partido. La CCC practicó una política de alianza con la CTA de Víctor De Gennaro y Hugo Moyano con quienes convocaran a la primera Marcha Federal en julio del 94, puesta al servicio de la oposición representada entonces por Carlos Chacho Alvarez y el FrePaSo.

A fines de los ‘90, la CCC será parte constitutiva del movimiento piquetero en la provincia de Buenos Aires junto a Luis D’Elia. Como parte de la dirección piquetera el PCR y D’Elia se abstuvieron de participar de la rebelión popular que en diciembre del 2001 terminó con el gobierno de Fernando De la Rúa y la Alianza. Más tarde sellaran un acuerdo de paz social que le permitió al duhaldismo capear las movilizaciones sociales en su contra.

Maoísmo sojero

Durante el kirchnerismo el PCR se caracterizó por el abierto alineamiento con la Mesa de Enlace sojera en el conflicto del 2008. Apoyó a Alfredo De Angelis, con quien compartía la presidencia de la Federación Agraria de Entre Ríos a través de Juan Echeverría. Caracterizando la protesta de las patronales agrarias contra las retenciones como el resurgir del “Argentinazo”, el PCR y Otto Vargas definieron que este movimiento expresaba que "se ha puesto de pie el principal aliado del proletariado revolucionario". Años después esta posición les valió la ruptura de buena parte de la juventud que denunciaba los acuerdos entre el PCR y la Fundación Alvarado-Tejar, representación de lo más rancio de la oligarquía terrateniente.

En los últimos años el PCR, diezmado, se sumó al triunvirato de San Cayetano orientado por Bergoglio, a quien visitó en Roma en agosto del 2016 para “mostrarle adhesión a su visión del mundo”. Desde la asunción de Cambiemos al poder el PCR levanta la estrategia de un gran frente antimacrista. En la actualidad el peso obtenido por el PCR en la superestructura del movimiento de mujeres, lo encuentra actuando como agente del peronismo de las provincias y la Iglesia y aparateando como una auténtica burocracia la autodeterminación de las mujeres.

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Con Otto Vargas se va el último dirigente político estalinista de peso en Argentina. Su prédica de la revolución por etapas y la colaboración de clases y su apoyo a fuerzas reaccionarias, es el legado que deja como inspirador máximo del maoísmo criollo. Queda por nuestra parte el reconocimiento a la entrega abnegada de los luchadores y luchadoras que integraron sus filas y honestamente dieron su vida para la revolución.







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