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La muerte de Ismael y el silencio de La Renga

Pasó un mes de la muerte de Ismael Sosa en manos de la policía cordobesa y son miles los jóvenes que acompañan a la familia para que no haya –nuevamente- impunidad. Por el momento, el papel de la célebre banda oriunda de Mataderos se redujo a un escueto comunicado en su página web. ¿Otra historia de rockeros que dejan de garpe a sus seguidores en el pedido de justicia?

Jueves 26 de febrero de 2015 | Edición del día

Podría decirse que, lamentablemente, el público de rock ya está acostumbrado al maltrato de la policía. Las más de 50 mil almas que llegaron desde distintos puntos del país a Villa Rumipal, Córdoba, para acompañar a La Renga en la presentación de su nuevo disco, tuvieron que soportar lo de siempre: vallados irrisorios que obligan a largas caminatas a través de descampados, sucesivos cacheos con oficiales que apuntan con sus armas a los asistentes, insultos, palazos y –cuando no- algún que otro balazo de goma. Una serie de “servicios” adicionales incluidos en la entrada de trescientos pesos.

La historia de siempre. Cuestión de arremangarse la adrenalina, pegarse una corrida e intentar zafar del cachengue. Eso sí, luego de haber establecido un punto de encuentro por si se pierde alguno en la estampida. Y, si todo se desarrolla “normalmente”; a disfrutar del show y sumar una anécdota más para contar entre amigos. Pero Ismael no tuvo esa “suerte” que hay que tener para escapar de la cacería de brujas que hacen los policías con los jóvenes en los recitales. Su novia lo perdió a la altura del cacheo de ingreso, y volvió a saber de él dos días más tarde cuando apareció su cuerpo flotando en el Embalse Río Tercero.

Otros jóvenes que también estaban ingresando, declararían luego haberlo visto a Ismael en el piso y con la nariz sangrando, víctima de las patadas de tres policías que le pisaban la cabeza.

El empresario José Palazzo, productor del Show que brindó La Renga, había salido previamente a decir que “la Policía hizo un trabajo impresionante, junto con bomberos, Defensa Civil y todo el operativo que se montó que dio como resultado un show absolutamente en paz“. Luego, cuando la muerte de Ismael ya era un hecho, twitteó: “Nuestro sentido pésame a esa familia que está sufriendo mucho. Estamos en contacto también con la banda para informarle esto”.

A un mes de lo sucedido, lo único que hizo la banda fue emitir un comunicado en su página web donde expresan su “solidaridad y apoyo para la familia” y dejan el teléfono de la Fiscalía de Río Tércero para el que pueda “aportar algún dato”. Este destrato de la banda fue criticado por la madre de Ismael Sosa, Nancy, que habló de un “pacto de silencio” desde el grupo de Facebook oficial que armó la familia para difundir el pedido de justicia.

El silencio de la banda no deja de hacer ruido entre propios y extraños, tratándose de artistas que expresan en sus canciones contenidos combativos y críticas antisistema, razón por la cual también atraen los gustos de una juventud que muchas veces es, por definición, contestataria. Banda, incluso, que ha tocado en la fábrica Zanón, allá por 2008, en Neuquén, acompañando la política de los trabajadores ceramistas que no aceptan el ingreso de la policía al predio bajo el lema de “la seguridad la hacemos entre todos”.

Seamos claros: la responsabilidad principal en la muerte de Ismael Sosa recae en la fuerza policial de Córdoba, y en el poder político que está detrás de ella, con el Gobernador José Manuel de la Sota a la cabeza. Pero es imposible obviar que Ismael muere en el operativo policial armado para el show de La Renga.

Estamos hablando de una fuerza policial que actúa bajo el manto de impunidad que otorgan jueces y políticos, por eso se vuelve mucho más necesario apoyar el heroico pedido de justicia de familiares y amigos de Ismael. La Renga, con su capacidad de movilizar más de 50 mil personas con el “boca en boca”, y su repercusión mediática, podría brindar una ayuda fundamental a la familia para fortalecer la movilización y que la muerte de Ismael no quede cajoneada en el juzgado de turno. Por lo tanto, callar, es una opción y, parafraseando a Lenin; “si no eres parte de la solución, eres parte del problema, ¡actúa!”.

No tan distintos. Mientras tanto, el silencio se suma a una larga lista de jóvenes muertos y rockeros que miran para otro lado. Imposible no pensar en Walter Bulacio y el silencio de Los Redondos o en Rubén Carballo, joven que murió golpeado por el operativo policial en un recital de Viejas Locas. Similitudes y diferencias podemos encontrar en Cromañon, pero vale la reflexión, para este caso, de esta anterior nota de La Izquierda Diario: “Porque el arte, en sus diferentes gustos y estilos, ha dado brillantes creaciones que conmovieron generaciones enteras, pero no escapan a la realidad material, a su tiempo, aunque tampoco son su mero reflejo. Los músicos, que sueñan con la difícil y hermosa posibilidad de vivir de su creatividad y sus producciones bajo el capitalismo, tropiezan cuando terminan eligiendo vivir para ganar dinero, a cualquier precio. El arte y sus creadores, pueden elegir otro camino, de transformación social anticapitalista”.

La muerte de Ismael Sosa es un caso más de la masacre cotidiana que la policía ejecuta sobre los jóvenes de las barriadas populares, en los cientos y miles de casos de “gatillo fácil”. Es imprescindible la movilización de la juventud como única forma de hallar justicia.

Ayer, a las 19hs, cientos de jóvenes se encontraran en el Obelisco para acompañar a la familia de Ismael en su marcha hasta Plaza de Mayo. Muchos, probablemente, lleguen hasta ahí con los auriculares puestos, movidos por el combustible espiritual que les dé La Renga con alguna de sus canciones. Y anhelarán por encontrarse -algún día, en algún lugar- con sus ídolos para compartir, no ya una canción, si no el mismo grito de guerra: “¡Justicia por Ismael!”.

“A la carga mi rocanrol, desborda cualquier mar
que contenga el gran vaso de tu cola de paja.
Y si mi boca de dragón enciende la mecha
y no te gusta que diga una sola verdad
vas a usar tu prensa para aplastarme,
y a la canción de la vida vas a desterrar.

Vas a estar perdiendo el tiempo,
porque atrás nuestro viene un viento
que derriba todo lo que toca,
porque mi canto ya tiene otras bocas
y ya nadie lo puede callar.”

A la carga mi rocanrol, La Renga. 1996







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