Juventud

GATILLO FÁCIL

La masacre a los pibes de Monte y la necesaria respuesta en las calles

Crónica de una marcha que mostró, una vez más, el odio que genera el gatillo fácil y la represión contra la juventud en nuestro país

Sábado 25 de mayo | 00:00

El sonido del griterío aumentaba al cruzar Bartolomé Mitre por Esmeralda hacia el sur de la ciudad. Pero no gritos desconectados, de gente peleándose entre sí, sino un mismo eco en miles de voces, al unísono, como sincronizadas.

Al cruzar Rivadavia, ya se divisaban las miles de personas marchando por Avenida de Mayo hacia la histórica Plaza de las Madres. El grito se hacía más nítido y quedaba claro. “No es un solo policía, es toda la institución”.

La marcha convocada por los Familiares de la Marcha Nacional contra el gatillo fácil llegaba así a Plaza de Mayo, en medio de un clima social de mucha bronca y dolor por el asesinato de los cuatro jóvenes de San Miguel del Monte.

Una masacre. Así lo catalogaron. Porque eso es lo que fue. ¿Quién puede darle una mejor definición al asesinato por la espalda de cuatro pibes en un pueblo por parte de quienes, se supone, estaban "para cuidarlos"?

Más temprano, Patricia Bullrich paseaba por la tele diciendo barbaridades a las que ya nos tiene acostumbrados. La ministra de la muerte, de la represión y la persecución a los pibes, decía que “Luciano Arruga fue una construcción como quisieron hacer con el caso Maldonado”.

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La madre de Luciano, Mónica, que hace diez años espera justicia por el asesinato de su hijo, le contestó con una exigencia: “Ella dice que armamos una causa pero que los familiares tenemos derecho a pedir explicaciones. Bueno, ¡Que venga! ¡Que venga y que explique por qué Santiago Maldonado apareció en zona ya peritada! ¡Por qué la autopsia de Luciano dice que es un hombre blanco y mayor! ¡Que me explique por qué lo encontré 5 años y 8 meses después!”

“¡Fuera, Bullrich, Fuera!”, era la respuesta de miles de personas en el centro porteño en la fría noche del viernes.

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El gatillo fácil es una política de Estado. Así lo entienden los familiares de las víctimas de esa maldita Policía, que se cobra la vida de un pibe cada 21 horas. “Gobierne quien gobierne, el Estado nos mata, nos tortura y nos desaparece. El gobierno de Macri, de Bullrich y de Vidal quieren profundizar el hambre. Con un sistema injusto, con una sociedad dividida en clases, seguirá sucediendo. Nosotros seguiremos en las calles para terminar con eso”, decía la carta que leyeron a metros de la Casa Rosada.

Nora Cortiñas volvió a tocar las fibras sensibles de cada persona en esa plaza, como cada vez que agarra un micrófono. Es que esa madre, que nunca dejó de pelear, que nunca bajó sus banderas ni se reconcilió con ningún genocida, es un ejemplo de lucha para cualquiera que quiera defender los más elementales derechos humanos. “¡Basta de seguir matando a los jóvenes! No solo los matan con represión, los matan porque cada vez hay más pibes con hambre. Vamos a parar esta situación, no vamos a bajar los brazos”.

Los familiares de San Miguel del Monte, que están organizando las movilizaciones en su pueblo, no dejaron de agradecer a quienes se movilizaron en Buenos Aires. El audio con sus agradecimientos hizo lagrimear de odio a más de uno. Un familiar de Danilo, en medio de la tristeza, llamaba a organizarse y luchar contra el abuso policial, “para que nuestro pueblo no se quede dormido”. Yani, la mamá de Camila López, se sumaba diciendo: “Con fuerza, que no sé de dónde saco, estoy luchando con mi pueblo. Quiero que esto no suceda más. Esto tiene que cambiar en todo el país. Que ningún pibe sea asesinado de esta manera. La policía tiene que pagar”.

Las cámaras se apagaron, las banderas se replegaron y la gente comenzó a irse. La semana cruzada por esta noticia terrible se cerraba y quedaba dando vueltas una idea. Este mundo, esta sociedad, funciona tan pero tan mal que tenemos que escuchar a cada rato las historias más terribles, más injustas, más desesperantes. Si no es un pibe muerto por las balas de la Policía, entonces es uno que se muere de hambre. También pueden ser miles que se quedan sin laburo, o la realidad cotidiana de millones, que tienen que someterse a las situaciones más humillantes para poder llevar el pan a su casa.

Es terrible. Es inaguantable y es una realidad que no va a cambiar, a no ser que nos decidamos a revolucionarla.







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