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Red Internacional

Editorial. La lucha por el tiempo libre

El trabajo avanzó sobre nuestro tiempo. Una agenda necesaria y vital: la pelea por el tiempo. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

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Jueves 10 de noviembre | 23:40
  •  Seguramente si nos ponemos pensar cuáles son las repuestas más habituales que damos (o que nos dan) cuando alguien hace una propuesta para juntarse, para algún tiempo de ocio, de esparcimiento o de diversión, el ranking esté encabezado por el “no tengo tiempo” u otras similares del tipo “estoy con el tiempo justo”, “el tiempo no me alcanza para nada” o “si tuviera tiempo…”.

  •  En una de las entregas recientes del newsletter #DelOtroLado, recordaba el documental Ladrones de tiempo de la directora y realizadora alemana Cosima Dannoritzer, estrenado en 2018. La película se remonta hasta los orígenes de la industrialización que impuso el gran cambio en la concepción del tiempo: pasó de regirse por los ciclos naturales del mundo agrícola y se impuso el control de los procesos de producción en las fábricas gobernados por el reloj. En ese momento, se abrió la ecuación nueva que unía: poder, dinero y tiempo. Ya desde ese momento, el tiempo comenzó a dejar de ser propiedad de las personas de manera creciente. Ladrones de tiempo narra el desarrollo del capitalismo hasta llegar al presente en el que la voracidad de la lucha por el tiempo ha colonizado también los ámbitos de la vida personal.
  •  Vinculado con esto, escuchen lo que describe el sociólogo francés Razmig Keucheyan en su libro Las necesidades artificiales: dice que la “contaminación lumínica” es uno de los flagelos de nuestro tiempo. En los últimos 50 años, el nivel de iluminación se ha multiplicado por diez en los países desarrollados. Para ganar tiempo a su favor, el capital se devora tajadas a la noche, alterando los “relojes biológicos” y la capacidad de descanso. Con la globalización, se han extendido las modalidades de trabajo nocturno en empresas de producción y logística, ajustando las cadenas de producción y circulación al just-in-time. Son procesos imperceptibles, pero que a la larga o a la corta tienen un impacto fuerte sobre la vida de las personas.
  •  Sin pensamos como todo esto avanzó con la digitalización, el control que genera el “capitalismo de plataformas” y la disipación de las fronteras entre el tiempo de trabajo y de no trabajo, el fenómeno se torna verdaderamente aberrante. Muchos estudios marcan que —no sólo en la Argentina, sino también en el mundo— aumentó brutalmente la productividad gracias a este avance del trabajo sobre el tiempo personal. Y, lógicamente, esto fue a parar a las arcas empresarias y no al salario de trabajadores o trabajadoras.
  •  “Para quien todavía tiene la fortuna de una semana de cinco días, ¿qué es el sábado? Es el día después del trabajo. ¿Y el domingo? El día antes del trabajo, escribió el periodista chileno Juan Rodríguez Medina en su libro Recobrar el tiempo. Un ensayo “contra del trabajo”— Y agregó: “Con o sin trabajo, el fin de semana también es trabajo. El trabajo estructura nuestro sentido del tiempo: el bajón de los domingos, la depresión de los lunes, la alegría de los viernes, la ansiedad de aprovechar el fin de semana (o los días ‘libres’). Todo eso es capitalismo”.
  •  Esto condujo a un debate sobre la duración de la jornada y la semana laboral y recientemente en un municipio de Islandia se llevaron a cabo una serie de pruebas de una semana laboral de cuatro días entre 2015 y 2019. Un experimento de reducción de las horas de trabajo sin recortar los salarios. En junio de 2021, algunos investigadores publicaron un informe en el que exponían su evaluación ¿El resultado? Un “éxito abrumador” dijeron, tanto en lo referente al bienestar de los trabajadores como a los niveles de productividad. Los trabajadores declararon tener mejor salud, menos estrés y agotamiento, y tenían más tiempo para pasar con sus familias o dedicar a actividades de ocio. La productividad y la prestación de servicios se mantuvieron en niveles similares o mejoraron en la mayoría de los centros de trabajo. Suecia también realizó pruebas similares que arrojaron resultados parecidos. Obviamente, que estos experimentos se empezaron a pensar desde la lógica del capital para terminar negándolos: como no bajó la productividad, entonces comenzaron a planificar exigir mucho más en esos cuatro días. Pero, no importa, lo que demostraron prácticamente es que se podía hacer y era positivo para mejorar la calidad de vida y más tiempo libre.
  •  Y acá se abre otra disputa por el sentido en torno a qué es el tiempo libre. No es el simple reposo o descanso para recuperar fuerzas para volver a trabajar; no es el tiempo para formarse profesionalmente o en un oficio; no es el tiempo para la conservación personal (higienizarse, alimentarse o ir al médico), tampoco es el tiempo para las actividades de cuidado de niños o personas mayores. Porque muchas veces nos hacen creer (y hasta creemos) que nuestro “tiempo libre” pasa cuando hacemos esas cosas. Estudiosos del mundo del trabajo han definido al tiempo libre como esos momentos cuyo empleo es decidido por propia iniciativa y elección espontánea de cada persona, sin presiones exteriores (sin coacción, siempre hay un condicionamiento social, pero sin una coacción abierta); y además, teniendo en cuenta que las ocupaciones en ese tiempo no hayan sido decididas en procura de una satisfacción necesaria básica, sino por el solo placer, alegría o atracción no utilitarias que ellas despiertan en cada persona.
  •  Nos han bajado tanto las expectativas o las aspiraciones que esto que debería ser un derecho elemental, se presenta como maximalista o extraterrestre. Justamente por esto, las asambleas del PTS en el FITU que se van a realizar este fin de semana van a poner esta cuestión entre uno de sus principales propuestas a debatir.
  •  Porque desde el punto de vista del desarrollo tecnológico y productivo existente hoy en el mundo, como desde el punto de vista práctico (Islandia) no hay ninguna causa material que impida la reducción de la jornada laboral y el reparto entre todas las manos disponibles del trabajo socialmente necesario. Lo que debería conducir a discutir cuánto hay de trabajo "socialmente necesario" y cuánto de "no necesario” en la forma irracional de producción actual.
  •  Hay agendas y agendas: algunos prefieren contarles las costillas a los trabajadores y trabajadoras de las empresas públicas; otros preferimos poner en el centro la lucha por lo más valioso que tenemos: el tiempo.
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