La lucha de las mujeres en la campaña del FITU

Andrea D’Atri

Ideas de Izquierda

La lucha de las mujeres en la campaña del FITU

Andrea D’Atri

En las PASO, el gobierno sufrió una dura derrota, luego de la cual, el primer consejo de Cristina, que el presidente hizo efectivo, fue nombrar a Juan Manzur como jefe de gabinete de ministros. Se trata del exgobernador de Tucumán que garantizó la firma del Pacto Fiscal en el gobierno de Macri, que habilitó la reforma de las jubilaciones; el que tiene estrechos lazos con los empresarios de la industria farmacéutica; el empresario millonario que falsificó las estadísticas de su provincia –una de las más pobres del país– para ocultar los índices de desnutrición infantil; el miembro del Opus Dei que fue uno de los más ardientes enemigos de la marea verde y la legalización del aborto en Argentina. El movimiento de mujeres no lo recuerda solo por ser antiderechos de palabra, sino porque en su provincia permitió que una niña abusada, de apenas 11 años, fuera obligada a parir después que se le negara su derecho a un aborto terapéutico.

Su reciente nombramiento como jefe de gabinete fue repudiado, como era esperable, por amplios sectores del movimiento de mujeres y los feminismos. Pero las críticas, el rechazo y el malestar también se sintieron entre quienes todavía conservaban alguna afinidad con este gobierno. Por eso, algunas referentes del Frente de Todos, que pretenden convencernos de que el aborto legal se lo tenemos que agradecer al gobierno peronista, enseguida tildaron a las voces críticas de no entender las necesidades del pueblo. ¡"Platita en el bolsillo" dicen sin sonrojarse los que, después del desastre en el que nos dejó el macrismo, crearon ilusiones pero llevaron a que 3 de cada 10 jefas de hogar tengan un ingreso que no supera los 30.000 pesos! "Platita en el bolsillo" dicen los que sacaron el IFE que apenas representaba un paliativo en medio de la pandemia, cuando 3 millones de personas se inscribieron en el Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular y el 60 % son mujeres. Los mismos que respondieron con una represión brutal, al mando del odiado Sergio Berni, a las familias sin vivienda que ocuparon tierras baldías en Guernica, entre quienes se encontraban muchas mujeres que, con sus hijas e hijos, se vieron obligadas a huir de sus hogares donde eran víctimas de la violencia machista.

Pero las mujeres trabajadoras siguen estando en la primera línea de la lucha por su salario, por sus condiciones laborales, contra la represión y la impunidad, por el derecho a la vivienda, como lo hemos visto con las trabajadoras de la salud de Neuquén, las enfermeras de CABA, las maestras de Salta, las obreras del citrus de Tucumán o las de la industria vitivinícola en Mendoza, las comisiones de mujeres de Madygraf o Guernica o Los Ceibos…

Las mujeres dimos un ejemplo de lucha y no le debemos nada a nadie

En el Frente de Izquierda-Unidad apostamos a que resurja la fuerza de las mujeres que con su lucha perseverante, durante más de una década en que tanto los gobiernos kirchneristas como el de Macri lo impidieron, lograron la legalización del aborto movilizándose masivamente en todo el país. Mientras el Frente de Todos y sus agrupaciones feministas, sindicales, políticas, estudiantiles y movimientos sociales afines hicieron todo lo posible por desmovilizar al movimiento de mujeres, incluso incorporando a muchas de sus referentes como funcionarias de las secretarías y ministerios de género, el Frente de Izquierda-Unidad sigue impulsando la organización de un movimiento de mujeres independiente del Estado, que no tenga compromisos con los gobiernos de turno, que sea capaz de salir nuevamente a las calles para retomar la agenda de lucha por nuestros derechos.

Agenda que no se agotó con el aborto legal, sino que tiene que partir de esa enorme experiencia que fue un ejemplo para toda América Latina, en primer lugar para garantizar que ese derecho sea efectivo. Pero también para avanzar en que se cumpla nuestro reclamo de "Ni una menos"; por presupuesto para la atención integral efectiva a las víctimas de violencia de género, la prevención de los femicidios y todos los crímenes de odio; por el desmantelamiento de las redes de trata; por jardines de primera infancia gratuitos en los lugares de trabajo y estudio; por terminar con la brecha de género salarial y por todos los derechos de las mujeres trabajadoras. Para conseguir que se implemente, efectivamente en todo el país y en todos los niveles educativos, una educación sexual integral, laica y científica con perspectiva de género; para eliminar definitivamente todos los edictos persecutorios y cualquier forma de discriminación contra lesbianas, gays, transexuales e intersexuales. Para eliminar los decretos de la dictadura militar aún vigentes que establecen salarios y otras prebendas para la jerarquía de la Iglesia católica, en el camino de avanzar en la separación definitiva y efectiva de la iglesia del Estado.

Llevando al Congreso esos reclamos del movimiento de mujeres y alentando, desde las bancas, a la movilización y la lucha para conquistar estas demandas, las diputadas y diputados del Frente de Izquierda constituyen el único bloque del Congreso Nacional que está consecuentemente, de nuestro lado. Los únicos que no esconden dinosaurios ni "pañuelos celestes" que pegan el faltazo cuando hay que dar la cara o terminan votando en contra de nuestros derechos, como lo hicieron con el aborto legal muchos diputados de la oposición de derecha, pero también del propio oficialismo.

La lucha por una vida libre de discriminaciones, violencia, miseria y explotación

La participación en la lucha política de la campaña electoral no solo va de la mano con la participación en todas las luchas que seguimos dando en las calles, sino también en promover la mayor autoorganización, apostando a que la fuerza de nuestro movimiento desde las bases, se exprese en los sindicatos, en los centros de estudiantes y en todas las organizaciones que queremos recuperar para nuestra lucha.

Estamos en la primera fila de todas las luchas por todos nuestros derechos, pero no confiamos en que los gobiernos, sus ministerios ni los parlamentos van a regalarnos nada. Su conquista depende de nuestra movilización y organización. Pero además, sabemos que la plena igualdad entre hombres y mujeres, la eliminación por completo de todas las formas de discriminación y la plena emancipación de todos los oprimidos son incompatibles con la continuidad de un sistema de explotación y opresión como el capitalismo.

Porque, aunque la opresión de las mujeres hunde sus raíces en las sociedades esclavistas de la Antigüedad, el capitalismo reformuló esta subordinación y la hizo funcional al fortalecimiento de la explotación de la fuerza de trabajo. ¿De qué manera? Pues pagándole a las trabajadoras y trabajadores un salario que debería alcanzarles para reproducir cotidianamente su propia fuerza de trabajo: comer, asearse, vestirse, descansar y volver a trabajar renovados cada día; pero, justificando y naturalizando que las mujeres sean las responsables de hacer gran parte de ese trabajo doméstico y de cuidados, de manera gratuita en sus hogares. El resultado es que las mujeres trabajan el doble que la mayoría de sus compañeros, que una gran parte de ese trabajo es invisibilizado y gratuito, y que los capitalistas se ahorran de tener que pagar gran parte del mantenimiento de las trabajadoras y trabajadores. Sostener esta descomunal desigualdad material necesita también de una gran presión ideológica, cultural, prejuicios milenarios que se inculcan por medio de la educación, las religiones, los medios de comunicación y que, como la homofobia, el racismo o la xenofobia, solo sirven para dividirnos entre los explotados.

Por eso, creemos que la construcción de barrios sustentables, con establecimientos que cubran las necesidades básicas de la comunidad (restaurantes, lavanderías, escuelas, jardines maternales, hogares de ancianos, atención domiciliaria), como también de espacios recreativos (parques, campos deportivos, clubes, centros culturales), es decir, la socialización del trabajo doméstico y de cuidados, sacándolo del ámbito privado del hogar, convirtiéndolo en un trabajo ejercido tanto por hombres y mujeres asalariados, es una base necesaria para empezar a eliminar la "esclavitud doméstica" que, en los hechos, impide a las mujeres ejercer y disfrutar en igualdad de condiciones con los hombres de sus derechos "igualitarios" –allí donde los haya conquistado–.

Pero este programa que parte de las necesidades actuales de la inmensa mayoría de las mujeres del pueblo trabajador, solo podrá imponerse con la fuerza organizada de la clase trabajadora, con las mujeres al frente, doblándole el brazo a los explotadores y su Estado. Y en la lucha por imponerlo, el pueblo trabajador se verá obligado a tomar medidas cada vez más profundas para que los medios de producción sean de propiedad colectiva y no estén al servicio de las ganancias de un puñado de parásitos capitalistas, sino para mejorar las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población. Es decir, que al tiempo que peleamos, día a día, por conquistar cada uno de nuestros derechos, sabemos que solo podremos construir plenamente una vida libre de discriminaciones, violencia, miseria y explotación si logramos arrebatarle a los capitalistas no solo el poder económico sino también su dominación política, conquistando un gobierno obrero y del pueblo pobre, basado en asambleas de trabajadoras y trabajadores, como parte de una lucha internacional que inicie la construcción de una sociedad sin explotación ni opresión.

Esa es la perspectiva por la que luchamos las feministas socialistas de Pan y Rosas y todos los militantes del PTS, quienes consideramos que únicamente esa revolución social puede sentar las bases para la emancipación de las mujeres. En la transición a una sociedad socialista, las siguientes generaciones, ya liberadas de esa doble jornada no remunerada y habiendo conquistado la reducción al mínimo de su tiempo de trabajo, podrán avanzar más rápidamente en la disolución de todos los prejuicios machistas y encontrarán nuevas definiciones para el amor, que no estén atadas al sacrificio silencioso, la labor invisible y la entrega incondicional que hoy oprime a la mitad de la Humanidad.

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Andrea D’Atri

@andreadatri
Nació en Buenos Aires. Se especializó en Estudios de la Mujer, dedicándose a la docencia, la investigación y la comunicación. Es dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Con una reconocida militancia en el movimiento de mujeres, en 2003 fundó la agrupación Pan y Rosas de Argentina, que también tiene presencia en Chile, Brasil, México, Bolivia, Uruguay, Perú, Costa Rica, Venezuela, EE.UU., Estado Español, Francia, Alemania e Italia. Ha dictado conferencias y seminarios en América Latina y Europa. Es autora de Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo (2004), publicado en Buenos Aires y reeditado en San Pablo, Caracas, Barcelona, México, Roma, Berlín y París y compiladora de Luchadoras. Historias de mujeres que hicieron historia (2006), reeditado en San Pablo, Caracas y Barcelona.