Sociedad

LATIDOS PORTEÑOS 7

La lluvia es de los pobres

Sábado 4 de octubre de 2014 | Edición del día

A los que no tienen nada, cuando llueve, se les moja el corazón que aún resiste, porque con la lluvia vuelven a notar que solamente el sol tienen fiado en la cuenta. Y se humedecen los ojos abrazando a sus chicos en la precaria casilla de las más de treinta villas que sonrojan a esta ciudad, que a veces se atreve a discutir sobre el nuevo romance de un conductor de TV, y que no puede parar de polemizar por un billete de papel verde, mientras otra vez se deja aturdir por ignotos candidatos que ya con su cara en al afiche anticipan renovados desastres.

Pero quiénes se acuerdan de ellos, de los más de doscientos mil habitantes de los barrios demasiados precarios que delatan la infamia de Buenos Aires… Cuando hay amenaza de lluvia, de frío, esas personas tiritan el desamparo. Uno ajusta la ventana para que no entren chiflidos de aire, tal vez prenda la estufa en este insensato arranque primaveral, pero ellos qué…

Reciclados Cutzaridas de los patronales medios de comunicación aseguran que desde ahí nace el mal, que no podemos andar tranquilos en nuestras calles por la gente de la villa, que no hay que generalizar pero que están llenas de extranjeros que vienen a delinquir y que hay que deportar como dijo el millonario funcional Berni. Ni se debería consignar que en las penosas cárceles que supimos conseguir, no llegan al tres por ciento los recluídos extranjeros.

Y la inseguridad qué… A ver si está bien vivir en la Ciudad Oculta, o en la Villa 21 de Barracas o la 31 de Retiro, o como apaleado sobreviviente del predio Papa Francisco de Villa Lugano. ¿Vivirían los Cutzaridas allí, y el señor de los helicópteros Berni? ¿Viviría Macri, la Presidenta? ¿Quién es el que roba? Las declaraciones juradas no tan declaradas de los funcionarios nacionales, municipales o provinciales, suelen ser la prueba del desprecio al semejante, la mueca a la desigualdad, se les desmadra la ambición, son una ofensa a la vida cívica pero los culpables son los villeros.

Cada punto de la desbocada inflación es un plato menos de sopa para estos porteños que ya ni pueden asomarse a la autopista para ver pasar a los veloces y modernos automóviles. Les construyen murallones, los desalojan cuando pueden, las ambulancias pegan la vuelta, los criminalizan todo el tiempo. Pero ahí van los federales, los metropolitanos, los gendarmes a molestarlos todo el tiempo. Pero cuando son invadidos por bandas narcos, los uniformes vuelan como el helicóptero de Berni. Cuando una bala narco mató a Kevin, el pibe de 9 años de la Villa Zabaleta, en Pompeya, hacía un buen rato que no había fuerzas de seguridad y tardaron tanto en llegar que fueron los vecinos - quienes sino-, los que trataron de salvarlo.

Pero mientras hay que cercarlos, es la orden: “¿Quiere usted que llame a un guardia y que revise si tienen en regla sus papeles de pobre...? ¿O mejor les digo como el señor dice: «Bien me quieres, bien te quiero, no me toques el dinero...»? Sí Serrat, el de las señoras y señores hinchados de burguesía que creen que el señor padre es justo, y más todavía ahora con el enviado y tan nuestro Francisco, y que cada cual tiene lo que se merece.

Pero parece que va a llover, duele más la pobreza y esas mentiras de campañas que cada vez son más mentirosas. Lo único que los poderosos van a urbanizar son sus nuevas mansiones. Y ahí donde duelen más las décadas perdidas, acomodarán las chapas para no mojarse, y el cartón para no helarse.







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