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Red Internacional

Un pequeño exabrupto sobre el cansancio y los almíbares de la vida cotidiana.

4:22 silba el celular a la madrugada todos los días, entonces salgo de la cama, me visto, barbijo y arranco, como siempre, como tantos a los que nos encajaron como esenciales y nos hacen exponer todos los días. Cuando bajo del colectivo navego en una calle meta tinglados y altares hasta que llego a la fábrica.

De ahí son nueve horas de etiquetar productos a diestra y siniestra hasta que salgo, y ahí es cuando me doy cuenta de que lo anterior no sé hasta qué punto es lo más denso: después de la jornada laboral el cansancio me deja doblada. En eso quiero ponerme a escribir algo, algo que me guste, que me salga de las tripas, y que tenga una musicalidad que seduzca. Pero cada vez estoy más goma, más ornamentada... Y en realidad quiero todo lo contrario.

A mi me gustaría dedicarle páginas de ocio al brillo del almíbar de las medialunas que se vé a través de la vidriera de la panadería, a las fachadas art decó de algunas casas de la capital o a las películas que me gustan, pero después de mulear más de un tercio del día cuesta. Así y todo sigue gustándome mucho escribir, es un aliciente, pero de mecha corta: es como el vasito de vino de ciento cincuenta pesos, un cigarrillo, o el polvo aprobado con 4. Me regocija, pero no me alcanza.

Hará cosa de doce años de casualidad escuché en la tele a un actor recitar "Elogio al estudio", el poema de Brecht. En ese momento me pareció que estaba escrito con pólvora. Decía "estudia lo elemental, para aquellos cuya hora llegó. Estás llamado a ser un dirigente." Creo que estudiar todo lo que nos precede y conocer las herramientas que nos dejaron quienes se arriesgaron a querer cambiar el futuro es necesario. Pero pólvora no es. Es la cartuchera, y las balas somos nosotros, quienes nos arrojamos a la tarea de escribir las nuevas páginas de la historia, a la conquista del vino, del habano, del orgasmo extenso para la humanidad pero sobre todo de recuperar tiempo para poder escribir sobre el almíbar de las facturas que quema con su brillo... Ese tiempo que nos fue arrebatado.


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