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Red Internacional

Al calor de la organización de la juventud de casas de “comida rápida” por el cobro completo de su salario, el gremio de Pasteleros entró en la escena nacional. Los trabajadores denuncian que no responde a la altura de sus reclamos y empiezan a exigir un paro. Un poco de historia del sindicato y su política actual. Cómo seguir la lucha.

Jorgelina EstecheCandidata Sec. Gral. Adjunta Suteba Morón | @EstecheJor

Viernes 17 de abril de 2020 | Edición del día

Esta última semana, producto de la organización de miles de jóvenes en todo el país que han sido atacados por las multinacionales de casas de “comida rápida” con descuentos de salario, se empezó a hablar del Sindicato de Pasteleros que representa a este sector de trabajadores (también nuclea Pizzeros, Confiteros, Alfajoreros y Heladeros).

Ante el reclamo generalizado de trabajadores y trabajadoras, Pasteleros presentó una denuncia en el Ministerio de Trabajo por el incumplimiento de las empresas en el pago de haberes. El viernes 10 de abril el sindicato fue convocado por el Ministerio y hasta el día de hoy no se sabe con claridad que se discutió y/o resolvió.

Hoy se realizó una reunión informativa de la comisión de Legislación del Trabajo con diputados y cuando Nicolás del Caño preguntó al ministro Claudio Moroni sobre la situación de los trabajadores que sufrieron descuentos, solo atinó a decir que la empresa está en una negociación con el sindicato.

Mientras tanto, promovieron el envío de una carta documento a la empresa que cada trabajador debía enviar de manera individual, exigiendo el cobro completo del salario. Esta medida no fue acompañada por muchos trabajadores porque consideraban que quedaban expuestos y con el peligro de ser despedidos.

Pero veamos algunas de las declaraciones que hizo el sindicato a medios de comunicación en estos últimos días. El secretario general Luis Hlebowicz dijo: "Vamos a exigir para que en algún momento paguen la diferencia". Atención con “en algún momento”, ya que vaya a saber uno cuándo pasará esto, pero a continuación reconoció que “será una misión casi imposible conservar en actividad a los 70.000 afiliados que Pasteleros nuclea en todo el país”, según el diario La Nación.

En un artículo de Página 12, Marcelo Gasso, secretario gremial del sindicato, refiriéndose a las suspensiones planteó que “todos los gremios vamos a tener que implementarlo en mayor o menor medida, va a ser inevitable”.

El salto en calidad es que desde el día lunes, luego de la conferencia de prensa de Alberto Fernández, sin poder justificar la reapertura de los locales empezaron a funcionar los delivery en muchas de estas empresas, garantizado por gerentes. Mientras tanto, llaman uno a uno a sus trabajadores para ofrecerles licencia sin goce de sueldo, poniendo entre la espada y la pared a varios pibes y pibas que forman parte del sector de riesgo o tienen familiares en esta condición, y deben elegir entre exponerse o dejar de tener un ingreso para poder vivir.

La bronca de más de 20 mil jóvenes que trabajan para estas empresas, es más que comprensible. La organización que debería representar sus reclamos propone medidas legales e individuales, que les quita fuerza y atomiza, que los trabajadores no ven como viables y encima participa de reuniones con el Gobierno que ni se sabe qué discuten en nombre de los trabajadores.

Como dicen muchos pibes y pibas, no pueden vivir con salarios que van de $300 a $3000 pesos en el marco de los descuentos que recibieron. El agravante es que, en general, trabajan 60 horas mensuales, pero desde que comenzó la pandemia les informaron que les serán reconocidas solo 48. Sobre esto el sindicato tampoco se pronunció. La duda de muchos trabajadores es si no fue parte de un acuerdo a sus espaldas.

También se empezó a conocer a través de estos mismos jóvenes las condiciones en que venían trabajando. Al respecto, el sindicato siempre se llamó al silencio: ritmos laborales y hostigamiento por parte de la empresa que produce ataques de pánico, ansiedad y depresión, desconocen derechos laborales referidos a la salud como licencias y atención médica, incluso nunca tuvieron medidas de higiene cuando comenzó la propagación de la pandemia como alcohol en gel, barbijos y guantes.

El agravante es que estos jóvenes no tienen derechos elementales como libre expresión y opinión y están obligados a firmar un “pacto de confiabilidad”. Tampoco tienen derechos a la organización sindical, y por lo tanto no pueden tener delegados. De todos estos avasallamientos patronales es cómplice el sindicato.

Una historia de precarización

Luis Hlebowicz es quien dirige el sindicato de Pasteleros. Tras la ruptura con el gremio de los Panaderos en la década de los 90, Pasteleros sumó a su gremio a unos 36 mil empleados de casas de comidas rápidas, pese a que estos trabajadores no se encuadran en ninguna de las categorías de su sindicato.

Durante muchos años Hlebowicz fue fiel al gobierno de Cristina Fernández, con una relación carnal con el ex Ministro de Trabajo Carlos Tomada. En 2015 se firmó el acuerdo entre Ministerio, Sindicato y Mc Donalds denominado “Jóvenes con futuro", donde el Estado subsidia a esta empresa millonaria en perspectiva de generar puestos de trabajo para jóvenes y habilitando la modalidad de trabajos precarios.

En ese momento, desde el gobierno se anunció que este programa “está dirigido a jóvenes entre 18 y 24 años con dificultades de inserción laboral, con el objetivo de brindarles capacitación, prácticas laborales y entrenamiento en empresas, a fin de facilitar su inserción en empleos de calidad. (...) Vivir una experiencia positiva en un empleo de calidad y retomar los estudios formales”.

Parece que la “experiencia positiva” no es justamente lo que reflejan cientos de denuncias que hacen llegar los jóvenes que trabajan para estas multinacionales.

Panquequeando

A tono como muchos sindicatos que les gusta ir acomodándose al gobierno de turno, en el 2015 el sindicato de Pasteleros coqueteo con Cambiemos y particularmente con el Ministro de Trabajo, Jorge Triaca. En el año 2018, Hlebowicz fue uno de los 12 dirigentes sindicales que viajó a Europa con Triaca. El objetivo fue que los sindicalistas pudieran conocer “de primera mano el modelo sindical de España, Holanda y Alemania”.

En ese momento C5N, denunció que el viaje realizado costó $3.400.000 pesos, un gasto de $21 mil pesos por día para cada dirigente sindical en el marco del ajuste que estaba impulsando el gobierno de Macri sobre el pueblo pobre y trabajador. ¡21 mil pesos! Los trabajadores de comida rápida deben trabajar dos meses para obtener lo que ellos gastaron por día en este viaje.

La denuncia incluyó el destino de enormes fondos del gobierno al sindicato de Pasteleros, que justificó el dinero para la “capacitación de los trabajadores” y gracias a ello recibió más de 1000 millones de pesos anuales en clave de fondos discrecionales por parte de Triaca.

Lecciones de ayer y de hoy

Como queda demostrado, el Sindicato de Pasteleros está más del lado del gobierno de turno y las patronales que del lado de los trabajadores. A tono con la CGT que sigue sin salir de la cuarentena, no responden a la altura de los ataques que los empresarios impulsan sino que intentan descargar la crisis sobre los trabajadores. Justamente, el propio DNU de Alberto Fernández que prohíbe los despidos por 60 días, habilita la suspensión y descuentos salariales. Cierres de empresas, despidos, rebajas salariales, aumento de la flexibilización laboral, obligación de trabajar sin los implementos sanitarios elementales, represalias y hasta represiones para quienes se organizan y protestan.

Este plan empresarial demuestra que ponen sus ganancias por delante de la vida de los trabajadores, pero lo peor de todo es que los sindicatos se sientan a negociar estos ataques.

La juventud que dijo “basta” muestra el camino, la organización que es necesaria profundizar para pararle la mano a la sed de ganancia empresarial. Inundaron las redes sociales con campañas y exigen al sindicato medidas a la altura, incluso un paro del gremio.

El cobro del 100% del salario, el derecho a la organización y reconocimiento de delegados que surgen al calor del conflicto, salarios acordes a lo que verdaderamente cuesta la canasta básica familiar, licencias pagas embarazadas y trabajadores con factores de riesgo, ninguna suspensión y despido es parte de lo que se debe exigir al sindicato, mientras organizan sus propias fuerzas como trabajadores.

Desde la izquierda, venimos proponiendo una serie de medidas para que la crisis no la paguemos los trabajadores. El día martes los diputados Nicolás del Caño y Romina Del Plá, presentaron en común un “Proyecto de ley de impuesto extraordinario a los grandes patrimonios”, que propone conformar un “Fondo Especial de Emergencia” destinado a financiar todas las acciones necesarias en materia sanitaria, económica y social. Incluye todo lo vinculado a material sanitario, un salario o ingreso de cuarentena de $ 30 mil a todos quienes quedaron sin ingresos y comenzar la construcción de viviendas para quienes se encuentran en situación de hacinamiento. Se pueden conseguir los recursos para que no tener que optar “entre 100.000 muertos y un 10% más de pobres” como dijo Alberto Fernández.

Está abierta una pelea más de fondo por quien paga los costos de esta crisis, los trabajadores debemos prepararnos desde ahora. Como parte de estas primeras respuestas que empiezan a dar las y los trabajadores, se debe seguir profundizando la autoorganización y la unidad con otros trabajadores, superando a la burocracia sindical.

Desde La Izquierda Diario queremos seguir reflejando las denuncias y opiniones de los trabajadores, así como dar a conocer la organización que surge para enfrentar estos ataques, y fortalecer la organización de cada demanda y de los trabajadores. También te recomendamos seguir a Nico del Caño en Instagram, que a través de su red social está colaborando en dar a conocer cada lucha.




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