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Red Internacional

La transferencia de riqueza de la clase trabajadora a los grandes empresarios es cada vez mayor. Un estudio del CEPA lo muestra en forma demoledora. Los contrastes durante el gobierno de Macri y del FdT. La operación para absolver a los empresarios de su responsabilidad en la crisis y que solo quede la casta política como responsables. Amigos y enemigos de la clase trabajadora en pos de una salida propia a tanto saqueo.

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Miércoles 26 de octubre | 16:51

Un reciente informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) demuestra en forma demoledora el profundo proceso de enriquecimiento de los grandes empresarios a costa de la clase trabajadora en la Argentina.

Esto se puede corroborar en algunos datos del informe que analiza la denominada “distribución funcional del ingreso” durante el período 2016 al segundo semestre del 2022.

Dicho de otra forma, el informe explica cómo se reparte la riqueza generada por la clase trabajadora, entre ella y la clase capitalista. Entre los integrantes del empresariado encontramos entre otros al grupo Ledesma, Arcor, Molinos Río de la Plata, Fiat, los bancos, y un largo etcétera de quienes componen las 200 más grandes empresas que operan en el país.

Entre el primer semestre de 2016 y el primer semestre de 2022 la clase empresaria se llevó 5,3 puntos más a su favor del total de la riqueza creada por las y los trabajadores.

Lo que puede sonar llamativo es que el 76% de esta transferencia de riqueza del trabajo al capital ocurrió durante el primer semestre de 2019 hasta el mismo período de este año. O sea, desde el último año del gobierno de Macri cruzado por devaluaciones y saltos inflacionarios, y lo que va del gobierno del Frente de Todos.

¿Por qué sucede esto? Que la mayor transferencia de riqueza del trabajo al capital ocurra durante el gobierno del Frente de Todos se explica por el aumento de la productividad del trabajo (riqueza generada por trabajador) que comienza a crecer desde 2021 y no es acompañada por un crecimiento proporcional del poder adquisitivo del salario.

Una mirada más amplia del período según el informe nos muestra que “desde el último trimestre de 2019 hasta el segundo trimestre de 2022 hasta la actualidad la productividad laboral por puesto subió 14%, mientras que los ingresos reales de los asalariados solo mejoraron 2%. Es decir, el 83% de la mejora en la productividad laboral de estos últimos 3 años se lo quedaron las empresas.”

El tema reside justamente en la pérdida del poder adquisitivo del salario. Esto potencia la transferencia de riqueza del trabajo al capital en un contexto de crecimiento de la productividad.

Según este informe los trabajadores asalariados desde 2016 hasta el primer semestre del 2022 perdieron entre 17 y 22 puntos de poder de compra de sus salarios, en el caso de los registrados, y por lo menos 30 puntos los no registrados.

Por su parte, la clase trabajadora retrocedió 6,9% en su participación en la distribución de la riqueza entre los primeros semestres de 2019 y 2022. Y el 70% de esta pérdida ocurrió durante el gobierno de Cambiemos.

De esta forma hoy el 2 % de la población (grandes empresarios) se llevan el 45% del total de la riqueza; mientras que el 75% de la población (asalariados) se reparten el 44,4 %.

En la lectura de estos datos se puede explicar mucho del enojo justificado de amplios sectores de la población con la dirigencia política tradicional. No hay duda que han vuelto a estafar a sus electores. No hubo “pobreza cero”, tampoco “heladera llena”.

Pero también estos datos deben ayudar a combatir una idea muy difundida que consiste en asignar la responsabilidad de la crisis exclusivamente a los políticos. Y de esta forma absolver a los grandes empresarios quienes operan día a día en el empobrecimiento generalizado de las mayorías.

Y en todo este asunto hay algo más. Por eso, tanto interés en que la crítica quede limitada a la casta política. Resulta que la distribución de la riqueza no guarda el más mínimo principio de igualdad.

El propio defensor del capitalismo, Adam Smith, reconocía a su manera esto diciendo que “El valor que los obreros añaden a las materias primas se descompone aquí en dos partes, una de las cuales cubre sus salarios y la otra la ganancia que corresponde al empresario por el capital global adelantado en salarios y materias primas.”

Es la posibilidad de garantizar y ampliar al máximo posible esta apropiación sin pago –robo- del empresario de una parte de la riqueza que genera el obrero la que mueve al capitalismo diría Marx. Dar vuelta la “tortilla” es una tarea entonces que exige tener muy en claro quiénes son los amigos y quiénes los enemigos de las mayorías trabajadoras.


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