Cultura

A 85 AÑOS

La expulsión de León Trotsky y toda su familia de la URSS

Breve recorrido sobre el surgimiento de la oposición de izquierda, su destierro y la privación de su ciudadanía soviética.

Santiago Fucík

Estudiante Terciario Nº 46 | Ramos Mejía

Martes 21 de febrero | 15:27

Foto: Trotsky con Natalia y León Sedov en su exilio de Prinkipo

“No ha habido un Bolchevique Mejor”

Creemos imposible hoy día encontrar una vida tan comprometida con la lucha de la clase trabajadora y su libertad, tan ligada a los acontecimientos históricos tanto de su Rusia natal, como del mundo entero en sus viajes. Como la de Lev Davídovich Bronstein, mundialmente conocido como León Trotsky.

Desde sus inicios como un joven estudiante de séptimo grado, preso por el régimen zarista debido a su ligazón con el movimiento obrero y militancia, hasta el joven revolucionario que se aferra firmemente al bolchevismo. Citando a Lenin:

“Trotski ya hace mucho dijo que la unión con otros partidos socialistas era imposible. Trotsky lo entendió y desde entonces no ha habido un bolchevique mejor”. Lenin.

Lucha dentro del PCUS & destierro

En el libro Mi Vida, que editamos desde el IPS Karl Marx y CEIP León Trotsky, el revolucionario cuenta como la estrategia para alejarlo de la vida política por parte de la burocracia de la URSS ha ido cambiando y radicalizándose conforme los movimientos de la Oposición que él lideraba encontraban respuesta en la masa obrera, agobiada por la creciente desigualdad social, existencia de los kulaks (campesinos que lejos de la colectivización del trabajo, poseían propiedades y explotaban trabajadores), la teoría del socialismo en un solo país (que llevará a enormes derroteros obreros en el plano internacional) y los intentos de la burocracia por disolver las células de debate de los trabajadores.

Fueron precisamente estas críticas al régimen las que enarbolaron los obreros de Leningrado en una amplia movilización que propició un cierto giro a la izquierda de Zinoviev (Presidente del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista) y Kamenev (Presidente del Sóviet de Moscú), que anteriormente estaban con Stalin. Hasta el punto en que aceptaron la base del programa de la Oposición de Izquierda (Trotsky), pasando a conformar la Oposición Unificada en contra de la burocracia. Esta empezaba ya a inquietarse.


La Oposición de Izquierda en 1927

Anteriormente Trotsky había sido relevado del cargo de Comisario de Guerra en 1925, con el cual había cumplido un rol histórico conformando el Ejército Rojo, pasando a ser el presidente de la Dirección Científico-Técnica de la Industria. Intentos de mantenerlo ocupado y alejarlo de la política, en sus propias palabras, que no fueron fructíferos.

El buró político centrista de Iosíf Stalin giraba cada vez más a derecha, dejando pasar la tortuga en situaciones muy favorables para la insurrección. Como Alemania de 1923, donde directamente nunca llegó la orden de la toma del poder por parte de la IC (Internacional Comunista); Bulgaria y Estonia, donde se forzó insurrecciones que acabaron en el asesinato indiscriminado de militantes y trabajadores; o en China del 25-27 donde se obligó al joven PC a entrar dentro de un partido de corte nacional burgués llamado Kuomintang, que acabó con la vida de miles de comunistas.

Este giro también se vio en la agresión hacia a la oposición, no importa de qué color si no representaba los intereses de la burocracia era trotskista. Más de un millón y medio de opositores terminan en campos de concentración. 700.000 son ejecutados.
Trotsky es deportado al extremo oriental de la URSS, Alma Ata, luego de que este presentara su Critica del Programa de la Internacional Comunista para el XV Congreso de la misma. A partir de este episodio y luego del fallecimiento de su hija Nina, el 9 de junio enferma de tuberculosis, a la que se le negó la asistencia necesaria, le cortaron la mayoría de medios que tenía para estar al tanto de la situación política, contactarse con su familia y amigos. Persiguiendo y encarcelando a estos dos últimos.

A Trotsky se le envía un ultimátum, pero este no acepta y es forzado a emigrar a Constantinopla (Turquía). Finalmente uno de los más grandes golpes que asesta el gobierno ruso se concreta el 20 de febrero de 1932. Se les retira la ciudadanía al revolucionario y a los miembros de su familia que estaban en el extranjero mediante un decreto. En palabras de Trotsky:

“El 20 de febrero de 1932 ustedes publicaron un decreto en virtud del cual, no sólo mi esposa, mi hijo y yo, sino también mi hija Zinaida perdíamos la ciudadanía soviética. En el país extranjero al que ustedes le permitieron viajar con pasaporte soviético, mi hija se ocupó únicamente de su tratamiento. No participó en la vida política, no podía haberlo hecho debido a su estado de salud. Evitó todo lo que podría provocar ’sospechas’ en su contra. El hecho de privarla de su ciudadanía fue un miserable y estúpido acto de venganza en mi contra. Para ella, este acto de venganza significaba romper con su hijita, su esposo, su trabajo y todo lo que constituía su vida normal. Su salud mental, ya perturbada por la muerte de su hija menor y por su propia enfermedad, sufrió un nuevo golpe, tanto más atroz cuanto que fue totalmente sorpresivo y de ninguna manera provocado por ella”.

A esta tragedia se le sumará en 1938 el asesinato de Sedov, joven revolucionario hijo de Trotsky, durante una operación en París. El médico que lo operó de apendicitis era estalinista. Y también la ejecución de Sergei en 1937, que a diferencia de la mayoría de familiares de León, no estaba inmerso en la política y dedicó su tiempo a desarrollarse como ingeniero.

El rol criminal de la burocracia soviética era patente y no se detuvo hasta el asesinato del revolucionario en su exilió en México aquel 20 de agosto de 1940.

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El rol del trotskismo ayer y hoy

Con la alarmante situación para toda la oposición de izquierda bajo el yugo persecutorio del estalinismo el 3 de septiembre de 1938 en las afueras de París, Francia, se funda la Cuarta Internacional.

La idea era pelear por retomar el curso leninista de la Tercera internacional en un principio. Pero el sectarismo de la IC y su negación al Frente Único con el partido socialdemócrata para aplastar al fascismo, allanó su victoria. Permitir el ascenso del nazismo era el equivalente de la traición de la socialdemocracia en la Primera Guerra Mundial.

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Las consignas que la Cuarta enarboló en sus banderas “¡Abajo el burocratismo y el arribismo! ¡Paso a la juventud! ¡Paso a la mujer trabajadora!” arden aún hoy. Puede que esta última internacional se haya disuelto pero los partidos que nos reivindicamos trotskistas hoy peleamos por su reconstrucción. Desde el PTS en el Frente de Izquierda vemos como necesidad, más aún hoy con los notorios indicios de crisis orgánica que se ven en varias partes del globo (con el ascenso del xenófobo Trump en los Estados Unidos, la no representatividad de los partidos del régimen en Europa y el ocaso de los gobiernos populistas que no han modificado las bases de los estados de clase burguesa que han presidido en América Latina), luchar por la construcción del socialismo. Pero no aquel cuyo aparato burocrático ahogaba la autodeterminación de las masas, tampoco aquel que perseguía a los opositores que reivindicaban la democracia obrera y desde luego tampoco aquel que en su afán de lograr el socialismo nacional ahogo las revoluciones en parte importante del globo. Si Marx en 1848 gritó ¡Proletariados del mundo uníos! Y Lenin lo siguió fielmente, es trabajo del trotskismo darle continuidad y vigencia en nuestros tiempos.

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