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Red Internacional

Elecciones 2021.La experiencia del Frente de Izquierda argentino y el debate en la izquierda brasileña

Las elecciones en Argentina y la experiencia del Frente de Izquierda y de los Trabajadores - Unidad (FIT-U), son un ejemplo de intervención política en las elecciones con un programa de independencia de clase y en función de fortalecer la lucha de trabajadores, mujeres y la juventud, en debate con las posiciones de la izquierda brasileña, como ejercicio fundamental del internacionalismo proletario.

André Barbieri@AcierAndy

Lunes 8 de noviembre | 21:58

En un momento de ataques del gobierno de Jair Bolsonaro, y su vice Mourão, y este régimen político degradado, vemos a gran parte de la izquierda brasileña subordinada al PT y su política de conciliación de clases. En este sentido, la experiencia de FIT-U puede traer innumerables lecciones políticas y programáticas a la izquierda.

El escenario electoral en Argentina

Las elecciones en Argentina tienen una importancia para la izquierda brasileña que va mucho más allá del hecho de ser nuestro país vecino, cuyas consecuencias políticas y económicas naturalmente repercuten en suelo brasileño. Esto se debe a que en ese país el Frente de Izquierda y de los Trabajadores - Unidad (FIT - U) es la tercera fuerza electoral, y reúne al Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS, organización hermana del MRT), al Partido Obrero (PO), a Izquierda Socialista (IS) y el Movimiento Socialista de Trabajadores (MST). No es una coalición electoral más, ni una novedad electoral neo reformista. Se trata de una experiencia que lleva a la práctica la independencia de clase, y la agitación de esa independencia política de los trabajadores, como presupuesto fundamental, presentando un programa para que los capitalistas paguen la crisis y la perspectiva de un gobierno de trabajadores de ruptura con el capitalismo. Es sobre esta base política que este año el FIT-U tuvo su mejor resultado en las elecciones primarias de agosto en toda su historia, y continúa en esa fuerte batalla hacia el 14 de noviembre, cuando se realizan las elecciones para renovar parte de las bancas del Congreso argentino.

Desde el MRT en Brasil nos esforzamos con todas nuestras energías en dar a conocer esta experiencia. Inspirados en ella nos parece necesario construir, junto a otras corrientes de la izquierda brasileña, un verdadero polo de intervención en la lucha de clases que también podría ser la base de un frente político de independencia de los trabajadores. Esta experienciacst brasl debería partir de una alianza para resistir, en la lucha de clases, los ataques del gobierno de Bolsonaro, el régimen golpista y todos los capitalistas. Esta alianza sería la base más coherente para la fundación de un frente político de independencia de clase para el próximo año, que también serviría en las elecciones.

Es en este espíritu que estamos discutiendo con la Coordinación del Polo Socialista y Revolucionario, impulsada por el PSTU junto con varios luchadores independientes, nuestra participación y contribución. Es de cara a este objetivo que hacemos extensivo este llamado a organizaciones como la CST y el ex Bloco de Esquerda Radical, a trabajar juntos en la construcción de este polo que cumple un rol en la lucha de clases y en el terreno político.

El debate sobre la experiencia argentina es necesario. En una situación de gran crisis económica en el vecino país, el creciente rechazo y descontento con el peronismo como expresión de la experiencia masiva de los primeros años con el gobierno de Alberto Fernández no solo se está expresando por derecha, sino también por izquierda, y esto es lo que muestran los resultados del FIT-U emergiendo como tercera fuerza nacional. Más que eso, como dice el diario La Nación, el gobierno está preocupado por la fuga de sus votos al trotskismo, en particular hacia figuras destacadas del PTS en el FIT-U, como Nicolás del Caño, Myriam Bregman y Alejandro Vilca.

Además del contenido de independencia de clase del FIT-U, lo la mayor novedad para la izquierda internacional es que una corriente compuesta por una amplia capa de militantes obreros se proyecte en el terreno electoral con este contenido revolucionario. Es precisamente lo que hace el PTS, que cuenta con una serie de candidatos trabajadores de diferentes sectores como Alejandro Vilca, Raúl Godoy y muchos otros. Una característica de nuestra corriente internacional que también se expresa con la candidatura del trabajador ferroviario Anasse Kazib en Francia o Lester Calderón, empleado de una fábrica de explosivos en el norte de Chile.

Sin embargo, no se trata solo de una crisis política: los últimos años en Argentina han expresado la existencia de tendencias que podrían llevar la situación política a una etapa prerrevolucionaria. La base estructural de esta caracterización fue el choque recesivo provocado por la pandemia, que agravó la crisis económica y social que venía ocurriendo desde el gobierno de Macri, bajo el salto en el sometimiento del país al imperialismo, con la renovada imposición por parte del FMI de condiciones para que Argentina pague sus deudas.

En ese momento, la polarización social se había expresado, a la derecha, con la “revuelta” de la Policía de Buenos Aires, y a la izquierda, con la ocupación de tierras por parte de trabajadores desempleados y precarios (como en Guernica, Los Ceibos, en diferentes distritos de la Provincia de Buenos Aires, la más poblada de Argentina, en el que el PTS actuó en primera línea con los vecinos contra la represión ordenada por el gobierno peronista). Esta polarización continuó en 2021, expresándose por izquierda con nuevas protestas.

Se trata de un escenario en el que la crisis del gobierno y de la oposición de derecha ha ido abriendo espacio para que los revolucionarios se muestren como una alternativa. También es posible trazar paralelos (y límites, como con cualquier analogía) entre la disyuntiva actual del gobierno de Alberto Fernández y una experiencia futura de un nuevo gobierno de Lula en Brasil, en el choque de las aspiraciones de las masas con la situación económica que impondrá que Lula solo pueda administrar la obra económica dejada por los autores del golpe institucional en alianza con parte de las figuras más reaccionarias de la derecha brasileña, como José Sarney. Esto significa, una vez más, que la experiencia argentina es de fundamental importancia para los debates de la izquierda brasileña.

La independencia de clase no es una frase suelta, es una práctica política

Los debates sobre experiencias políticas internacionales atraviesan siempre a toda la izquierda brasileña. Una parte importante del PSOL (Partido Socialismo y Libertad), como las corrientes Primavera Socialista, Revolución Solidaria y Resistencia, son fuertes entusiastas de cualquier tipo de agrupamiento neo reformista como Syriza en Grecia o Podemos en el Estado español, entre otros ejemplos. El MES (Movimiento de Izquierda Socialista), a pesar de sus diferencias políticas con estas corrientes a nivel nacional, también está en la ola de apoyo a esas corrientes internacionales, llegando a la altura de convocar un voto crítico para Joe Biden, el nuevo presidente de Estados Unidos. Luego están las corrientes que reivindican el FIT-U, como la CST (Corriente Socialista de los Trabajadores) que comparte una organización internacional con IS de Argentina, así como Alternativa Socialista, organización hermana del MST argentino, además del PSTU, que tiene candidatos para FIT-U y recientemente publicó un libro con sus opiniones sobre esta experiencia.

Específicamente tomando la política latinoamericana, se destaca el caso de Chile y Perú. Por ejemplo, varios sectores como la mayoría del PSOL y el MES que reivindicaron al Frente Amplio en Chile, firmaron junto a la derecha y el reaccionario gobierno de Piñera el infame “Acuerdo por la Paz” para desactivar la rebelión de 2019 y rehabilitar las odiadas instituciones herederas de la dictadura, siendo el ala izquierda del desvío en la Asamblea Constituyente completamente controlada y sin tener carácter soberano.

En otro nivel también tenemos el caso del Frente Amplio en Perú, que, lejos de cualquier programa anticapitalista, llegó a apoyar al presidente burgués Martín Vizcarra, y ahora apoya al reformista Pedro Castillo con un selecto gabinete de empresarios de derecha.

A diferencia de cualquiera de esas experiencias, el FIT-U en Argentina presenta un programa de enfrentamiento con todas las variantes burguesas y patronales, sin ningún tipo de conciliación de clases. Es esta concepción la que ha ido ganando votos del peronismo en el seno de los trabajadores argentinos.

El programa FIT-U parte de rechazar el pago de la deuda externa con el FMI, frente a la injerencia imperialista en Argentina y en toda América Latina, pero también defiende la independencia de los trabajadores de cualquier partido burgués. El PTS, dentro del FIT-U, defiende desarrollar un parlamentarismo revolucionario que sirve para potenciar las luchas obreras, no para construir una fuerza electoral desconectada de una construcción orgánica. Su programa también propone reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, y la división de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, sin reducción salarial, para unificar empleados y desempleados. Luchar por la nacionalización de la banca y el comercio exterior.

Lejos de aquellos reformistas que argumentaron que para tener éxito electoral el programa tenía que ser degradado, el FIT-U presenta abiertamente un programa para “expropiar a los expropiadores”. Contra el imperialismo y las burguesías locales, propone la unidad socialista de América Latina.

El PTS interviene en todo este proceso tomando en cuenta el análisis de la situación, y asumir que, ante los ataques postelectorales, se pueden desarrollar elementos prerrevolucionarios, con ajustes y polarización de la vanguardia de la clase obrera con las políticas del peronismo y el régimen (con el nuevo factor de la extrema derecha naciente). Por eso consideramos fundamental sembrar ideas programáticas y organizativas para estar mejor preparados para este escenario de intensificación de la lucha de clases. Esto implica luchar por el programa, por la independencia de clase y por la organización del partido.

La independencia de clase no debe ser meramente "organizativa" sino política

En el ámbito de la política nacional brasileña hay aún más diferencias, pero lo que vemos es que incluso las corrientes que se colocan a la izquierda del PT, a diferencia de la mayoría del PSOL, en ocasiones terminan con su política adaptándose al PT. Y esto es importante porque la experiencia FIT-U en Argentina ilumina la virtud de una política de independencia de clase que no es meramente organizativa.

¿Por qué algunas corrientes tienen una conducta de independencia organizativa, y no política, frente a la política del PT? Porque una política de independencia de clase requeriría apostar por organizar la resistencia a los ataques, rompiendo la convivencia pacífica con el PT dentro del movimiento de masas (criticando a las burocracias sindicales y exigiendo a estas direcciones de masas que organicen la lucha contra los ajustes económicos), creando un polo antiburocrático que aglutine a los sectores de vanguardia en la construcción de una alternativa.

A nivel político, esto implicaría defender un programa que ataque al gobierno de Bolsonaro, pero también a la derecha liberal opositora, combatiendo a todo el régimen político heredero del golpe institucional, que para nosotros debe llevarse adelante con la consigna democrático-radical de la Asamblea Constituyente Libre y Soberana, impuesta por la lucha.

Por ejemplo, el MES y la CST, con todas las diferencias que tienen entre ellos, defienden la candidatura de Glauber Braga, ante la dilución ya en la primera vuelta de la mayoría del PSOL, que es una candidatura con una trayectoria burguesa y un programa que no es socialista. Así, esta “independencia organizativa” no va acompañada de una política independiente en los hechos, lo que se expresa en el bloque parlamentario permanente que su partido establece con el PT, en el apoyo a la política de impeachment a Bolsonaro (más o menos enfáticamente).

El PSTU comparte la política de destitución con estas organizaciones y, la mayoría de las veces convive pasivamente con las burocracias sindicales del PT en el movimiento obrero. Nuestra participación en el Polo Socialista y Revolucionario sería para contribuir a esta política de independencia de clase, poniéndonos al servicio de la unidad común para intervenir en las luchas, que podemos ver abiertamente en el programa del FIT-U argentino.

Ante el escenario electoral, de importancia política para la izquierda internacional y a pocos días de las elecciones en Argentina, más que nunca el ejemplo del FIT-U necesita cruzar la frontera. Las corrientes que reivindican el FIT-U total o parcialmente, como es el caso de CST, AS y PSTU, podrían unirse a nosotros para llevar este ejemplo a Brasil. En el caso del CST, nos parece que sería importante profundizar la discusión sobre su propuesta en relación a un FIT-U en Brasil, pero debatiendo abiertamente que un Frente de Izquierda con las corrientes del PSOL, que levantan una política conciliadora hacia un frente amplio con Lula a la cabeza, como es el caso de la Primavera Socialista y la Revolución Solidaria, y también la Resistencia, sería en la práctica la negación de la experiencia del FIT-U.

Es parte de la contradicción de la ubicación de los compañeros dentro de un partido, el PSOL, que promueve la conciliación de clases. También consideramos importante el debate sobre cómo abordar la tradición estalinista en Brasil representada por la UP y el PCB, que la CST y otros sectores del PSOL consideran que sería parte de un “FIT-U en Brasil”, posición con la que no estamos de acuerdo.

Es que con estos sectores es necesario buscar la unidad en el campo de la lucha de clases, pero no en un frente político. El MES pretende reivindicar el Frente de Izquierda, pero su apoyo a tantas experiencias neo reformistas demuestra que esta no es una reivindicación de contenido. Esto también lo podemos verificar en su política en Brasil que, aunque es diferente a la mayoría del PSOL, incluso consideraron a Ciro Gomes para una fórmula presidencial.

También en el PSOL hay corrientes como Socialismo o Barbarie, organización hermana del Nuevo MAS de Argentina, que solo critican a FIT-U porque su figura principal Manuela Castañeira tenía tanta confianza en sí misma que negó el reiterado llamado a incorporarse al Frente de Izquierda, decidió presentarse en solitario y obviamente no logró pasar las primarias.

Conclusiones para la izquierda brasileña

La independencia organizativa no significa necesariamente independencia política. Si por la acción inmediata en las luchas de resistencia no surge un frente político de independencia de clase, la política de separación organizacional con subordinación política es la que se fortalece. Eso sería una buena noticia para la política de conciliación del PT y la dirección mayoritaria del PSOL.

La otra cara de la moneda sería que esta separación organizativa significara una postura sectaria que perdiera la ambición de influir en la base de trabajadores que aún no han sacado conclusiones con la política del PT. Algo sobre lo que la experiencia de FIT-U tiene mucho que decir, dado el impacto que ha tenido y la preocupación que ha generado en sectores del peronismo argentino. El llamado a actuar con fuerza en las luchas en curso que hicimos al inicio del artículo, tanto al PSTU, al CST como al ex Bloque de Izquierda Radical, busca prevenir este desenlace y preparar las condiciones para una alternativa política de independencia de clase en 2022, evitando dejar a las alas reformistas como única respuesta en el ámbito electoral.

Creemos firmemente que estas discusiones son decisivas para la izquierda brasileña, sobre todo ante un escenario adverso donde el gobierno de Bolsonaro sigue en crisis, a pesar de estar lejos de caer, y en el que se encuentra la discusión sobre un Frente Amplio con Lula a la cabeza, lo que ha marcado la pauta para amplios sectores de la izquierda en Brasil. El último Congreso del PSOL votó, aunque dividido, su subordinación política al PT, lo que muestra la gravedad de este problema.

Otra conclusión que se puede sacar es que esta deriva estratégica hacia el petismo no cayó del cielo: no es sólo expresión de un partido “amplio” sin fronteras entre reformistas y revolucionarios, sino de la suma de estas mismas experiencias internacionales que mencionamos al principio que sólo con sus conclusiones podrían conducir a una política adaptada a nivel nacional. Por eso la experiencia de FIT-U no es solo un legado de las corrientes internacionales que la impulsan, sino una expresión de un proceso avanzado de la vanguardia trabajadora y estudiantil que debe tomarse como un fuerte ejemplo de cómo practicar la independencia de clase que incluso puede tener alcance electoral.

Por eso también la política del PTS dentro del FIT-U siempre ha sido expandir la unidad de la izquierda a partir de discusiones programáticas concretas que siempre han mantenido esta fuerza orgánica de izquierda con un programa para enfrentar todas las variantes burguesas y patronales. Los atajos o alianzas con las fuerzas de conciliación de clases no son parte de la política de FIT-U. Por eso es un ejemplo y en los próximos días tendremos la oportunidad de profundizar el debate en Brasil sobre esta experiencia.

Es en este mismo sentido que para enfrentar al gobierno de Bolsonaro y a todo el régimen del golpe institucional con una política independiente del PT, consideramos fundamental aquí en Brasil reagrupar a la vanguardia, en primer lugar para actuar en la lucha de clases. Con esa perspectiva hemos estado debatiendo con los compañeros que impulsan el Polo Socialista y Revolucionario así como todas las demás iniciativas de unidad con este objetivo. Al calor de políticas como esta, consideramos necesario profundizar todas las reflexiones y debates que apuntan a potencializar un internacionalismo verdaderamente proletario, que es la tradición que reivindicamos en el MRT.




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