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Red Internacional

Se trata de la Compañía Americana de Alimentos (ex Nevares) cual paralizará su producción por 15 días en su planta de Tortuguitas, Malvinas Argentinas. Se excusa en las trabas a las importaciones, pero comenzará en agosto su temporada de productos navideños.

Rodrigo LescanoRedacción Zona Norte Gran Buenos Aires @lescano559

Sábado 16 de julio

A partir del próximo lunes 18 de este mes, las marcas de golosinas Smack, Fulbito, Rapsodia y Mogy van a empezar a tener un gusto amargo, especialmente para las 300 obreras y obreros que las producen en la planta de Tortuguitas de la Compañía Americana de Alimentos. La ex Nevares, aduciendo falta de insumos por las restricciones a las importaciones, ofreció a su personal ser suspendido hasta el próximo 1 de agosto sin abonar su sueldo correspondiente. En el caso de no ser aceptado, se darían vacaciones adelantadas.

A los operarios de producción solo les abonará lo correspondiente a las cargas sociales. De esta manera, solo cobrarán en agosto alrededor de $50.000 teniendo en cuenta las últimas paritarias del sector y algunas sumas en negro proveniente de horas extras y premios por la asistencia. Los únicos que continuarán trabajando son quienes hayan ingresado recientemente, además del personal de depósito y mantenimiento.

Los obreros denuncian la complicidad del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación Provincia de Buenos Aires por hacer pasar esta medida de la empresa. Fuentes consultadas por este medio responsabilizaron al cuerpo gremial: “El delegado Gabriel Acuña vino a nuestro turno y nos dijo que podía ser una semana de suspensiones, siendo que ya se sabía que eran 2. Nosotros le dijimos que como delegado tiene que pelear por un 75% (de sueldo) para nosotros. Nos mintió diciendo que lo iba a plantear, pero no ocurrió nada”. La desconfianza a este delegado surge también porque pertenecería al staff de la compañía, según informaron a La Izquierda Diario. La fuente nos aclaró que ocuparía el cargo de representante legal.

La situación requiere que las trabajadoras y los trabajadores se organicen para recuperar su cuerpo de delegados. La discusión y debate en asamblea es el primer paso para frenar las suspensiones y no permitir el avance sobre derechos laborales. Armar lazos con otros sectores en lucha permitiría contar con más fuerzas.

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El sabor dulce de las ganancias

La Compañía Americana de Alimentos sostiene que la imposibilidad de importar cacao la llevó a tomar la medida de las suspensiones. Sin embargo, la empresa pareciera que no tiene ninguna crisis. No ha presentado ningún proceso preventivo de crisis y en su planta de Carlos Keen (Luján) comenzará el mes próximo la temporada de elaboración de productos navideños.

Perteneciente a la familia Romero Bonomi, ha venido haciendo inversiones desde el 2020. En ese año incorporó una nueva línea de producción de galletitas en su planta de Tortuguitas que le llevo a gastar US$500.000. Todo esto para competir en un mercado dominado por multinacionales como Bagley (la alianza entre Arcor y Danone) o Mondelez (la dueña de Terrabusi). El diario La Nación informó que, para ese entonces,la compañía facturaba anualmente $1200 millones.

A finales del 2021, adquirió una licitación del gobierno nacional de $77.122.500 para la elaboración de pan dulces destinados a los sectores más vulnerables. Actualmente, con tres plantas en la provincia bonaerense, la alimenticia exporta a 9 países, entre los que se encuentran España, Estados Unidos, Paraguay, Uruguay, Brasil y Chile.

El sabor amargo de no cobrar

Los trabajadores argumentan que la Compañía Americana de Alimentos suspende a su personal siempre en momentos de crisis económica y social. Durante el primer año de la pandemia y siendo una industria esencial, lo hizo también por dos semanas sin goce de sueldo.

En mayo del 2019 paralizó en su producción en la planta de Tortuguitas por una “fuerte baja en ventas”. En ese momento, la respuesta fue la misma: suspensiones o vacaciones adelantadas. Con la misma excusa, en noviembre de ese año, despidió alrededor de 50 operarios de diferentes turnos de su planta de Carlos Keen. Desde el 2015 que la empresa venía con un política de ajustes y despidos.

A eso se suma, que desde que la empresa con sede en Chile compró a Nevares en 1999, las condiciones de higiene y seguridad han sido malas. En una nota para este medio, la ex operaria Érica Aguirre contó que fue despedida en 2011 luego de haber contraído una enfermedad laboral. Allí relató que los ritmos de producción eran “inhumanos” y que si se quería operar “la iban a echar”. Además, mencionó que tenía 15 minutos de descanso y si quería tomar un té debía hacerlo en la línea de producción.

"Para nosotros era como estar en el tiempo de los esclavos, el sueldo era muy bajo", declaró Ërica Aguirre, despedida de Nevares por querer operarse por una enfermedad contraída allí.

La fuente consultada y mencionada al principio constata que esta realidad no se revirtió: “La ropa de trabajo es escasa. Muchos laburan vestidos como en sus casas. No nos dan zapatos de seguridad, fajas ni protectores auditivos”. “Tenemos 30 minutos de descanso en un comedor asqueroso. 2 de los 5 dispenser de agua fría y caliente funcionan y hay un solo microondas”, comentó.




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