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Red Internacional

La educación siempre en cuestión y la cuestión de las responsabilidades

Como cada principio de año los medios hegemónicos y la derecha apuntan contra la educación pública, cargan tintas contra educadores y estudiantes, ponen en agenda la cuestión de la “crisis educativa” y aprovechan para macerar sus ideas reduccionistas, meritocráticas y de estigmatización. Si los chicos y las chicas no leen, ¿dónde poner las culpas?. Un eterno debate, sin nuevas fórmulas. ¿Y si alguna vez se escuchara a los verdaderos protagonistas?

Miércoles 2 de febrero | 00:00

El medio Infobae publicó una nueva entrevista a Ana María Borzone, cuyo provocativo título reza: “la escuela está generando niños prescindibles y la causa tiene nombre y apellido”. Infobae otra vez dice lo que ya sabemos: “que los chicos egresan de la primaria y aun de la secundaria sin saber leer ni escribir correctamente y con deficiente comprensión de textos”. Y Ana María Borzone dice lo que ya dijo muchas veces: que el problema es el método (método global o psicogénesis). Sobre esta cuestión ya habíamos escrito acá.

Todo método es político

Con frases rimbombantes y sloganes tipo publicitarios, afirma que “el nombre y apellido de la causa de la gran tragedia educativa y del fracaso escolar que tenemos en nuestro sistema educativo es la “psicogénesis de la escritura””. Pero a quienes transitamos las aulas alfabetizando nos impacta el desconocimiento profundo de nuestro trabajo. En primer lugar porque en las aulas se despliegan todo tipo de estrategias, se mezclan, se mixturan métodos y combinan teorías, se piensa en cada grupo, en cada estudiante concreto. Los planes diseñados en las escuelas, avalados por directivos y supervisoras y las prácticas concretas son una combinación de métodos y perspectivas teóricas, de trabajo en equipo y muchas horas (no pagas) de pensar y planificar. Esa rivalidad absurda entre la perspectiva psicogenética vs una perspectiva desde la conciencia fonológica, es arbitraria e irreal. Cómo quien dice: para la tribuna.

¿La lectura y la escritura, su enseñanza, su adquisición, no tienen nada que ver con las realidades sociales?

A Borzone le falta decir “cuando yo iba a la escuela aprendíamos así y todo tiempo pasado fue mejor”, mientras sigue justificando la idea de que todo es un problema de la educación en sí misma, y en particular, de sus docentes, y puntualmente del método, negando las aulas, estudiantes y docentes reales en un contexto de profunda crisis económica y social. Pero en un país en el que el 65% de niños, niñas y jóvenes son pobres, que haya tanto espacio en los diarios asegurando que el gran fracaso del sistema educativo es la perspectiva psicogenética parece reduccionista después de 30 años. Claramente, todo método es político. Este supuesto debate, además se da por fuera de un debate serio que debiera afrontarse, como es la deserción masiva, las condiciones vulnerables de los y las estudiantes, las consecuencias de casi 2 años de pandemia sin inversión y con estudiantes a quienes el estado no les garantizo el derecho a la educación. Pero parece que de eso mejor no hablar.

Pero si habla de estafa. Estafa a los docentes que les enseñaron mal a enseñar. Estafa a los estudiantes, que según la experta debieran aprender a leer y escribir en 4 meses como si estuviésemos hablando de un curso de “Duolingo”. En el mismo movimiento asegura que lo que no se aprende es porque no se enseñó en la escuela, suponiendo que la enseñanza y el aprendizaje tienen una relación de causa efecto y no de sentido, limitando los aprendizajes fuera del ámbito escolar y volviendo a sus reduccionismos para explicar la situación. Y, de paso, acusa a “las escuelas argentinas” de ser fábricas de disléxicos. Diagnóstico, que en la falta de pruebas y fundamentos, es completamente estigmatizador.

No extraña. Hace años que se viene justificando una perspectiva que combina el reduccionismo biologicista cerebral con el de una psicología cognitiva normalizadora de las conductas con esa perspectiva de "educación emocional", apostando a la propuesta de una neo-conciencia fonológica. Y la especialista del CONICET, Ana María Borzone, responsable del nuevo proyecto de alfabetización adoptado por la DGE y su marciano Klofky, es defensora de la “neuroeducación”.

Detrás de la discusión de método está la negación de la realidad concreta, de la crisis, de la pandemia, de las políticas educativas concretas, de los recortes, de la imposición de una realidad donde prima la subsistencia, sobre la existencia plena.

¿Cuál es su plan alternativo?

Se habla de fracaso educativo desde una naturalización de la realidad, de la miseria y la desigualdad y como si se tratara solo de un problema individual y de “método”. ¿No será mucho?

Siguiendo al televisivo neurocientista Manes se considera que hay una relación entre nivel socioeconómico y medidas de lenguaje, funciones ejecutivas (especialmente la memoria de trabajo y el control cognitivo) y memoria declarativa. El desempeño en estas áreas, a su vez, se asocia a diferentes posibilidades para niños con alto y bajo nivel socioeconómico. El círculo vicioso, por un lado. El círculo virtuoso por otro. Aseguran que la pobreza afecta las capacidades y su estímulo proporciona posibilidad de desarrollo socioeconómico de las siguientes generaciones. “Es terrible lo que están haciendo. Están matando generaciones. Porque no les están dando la posibilidad de una vida distinta. ¿Y todo por qué? Porque se han apoderado de los Ministerios, se han aferrado a los Ministerios y no aceptan el cambio aun cuando uno les muestre los datos”, dice Borzone. Nada es inocente.

Apelando a fraseología hecha y usando la palabra ciencia como cliché, nos quiere vender otra vez su libro. Pero quienes estamos en las aulas y, particularmente transitamos el primer ciclo de las escuelas mendocinas, ya sabemos qué propone el marciano Klofky: un compendio de actividades, sin hilo conductor, con propuestas que nos recuerdan a los libros de los ´40 y ´50 y que literariamente es pobre . Ni hablar del particular modo de no citar fuentes o de aclarar que se trata de no buenas versiones de clásicos y populares cuentos, rimas y otras creaciones. Incluso cuando se hace alusión a cuentos clásicos, que supuestamente deberían recordar los y las estudiantes, no son citados previamente o parte de la publicación. Flojo para introducir a niños, niñas y jóvenes en el basto y maravilloso mundo de la Literatura.

Y hay más, porque Borzone, incluso reivindica el método “tradicional”, por su capacidad de enseñar a leer y escribir en forma masiva y desliza su pretención “inclusiva”, cuestión que no contienen sus libros en los que se confunden las banderas del pueblo mapuche con la whipala, o se proponen modelos de familias tradicionales heterosexuales y una división sexista de roles, donde las mamás cocinan y limpian y los papás arreglan cosas y pintan. Por más que quieran reducir todo al método, subyacen concepciones de sujetos y sujetas, del aprendizaje, del mundo, y esto es político.

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Nuevas/viejas recetas

Mientras proponen esta vuelta a la conciencia fonológica, vuelve una y otra vez la pregunta de si es ¿externa, interna, social? ¿Cómo es la adquisición del lenguaje?
Vemos que, por un lado los estudios de conciencia fonológica se centran en la respuesta a determinados estímulos adquiridos como en un entrenamiento: “memorizar, imitar, repetir” y aprender las relaciones directas entre fonemas y grafemas. Y, por otro, para la perspectiva que plantea la apropiación cognitiva, se habla de construcción de un conocimiento. Desde esta perspectiva, para que el niño pueda aprender a escribir es necesario que la escuela procure crear situaciones, experiencias en donde se reproduzcan prácticas sociales de lectura y escritura y por eso las maestras trabajan con textos reales, con una intención comunicativa.

Pero desde las aulas podemos fundamentar, ejemplificar y decir que nos quieren meter en una falsa dicotomía.

Con gran esfuerzo, creatividad y búsqueda, en las escuelas se alfabetiza en el primer ciclo. No todos, ni todas. Es cierto. Pero se siguen las trayectorias, se buscan alternativas, se contextualiza. Y ni hablar en medio de una virtualidad muy devaluada por falta de conectividad y dispositivos, donde claramente el esfuerzo fue de docentes y familias y no del estado, los gobiernos y sus métodos.

Entendemos que estar alfabetizado implica poder participar activamente del mundo social, en prácticas construidas históricamente, legadas culturalmente, transmitidas socialmente, apropiadas colectivamente en determinado contexto social. La adquisición del lenguaje es un proceso que comienza con el nacimiento y continúa a lo largo de toda la vida, y no se trata solo de uno o dos años de la escuela primaria. La alfabetización se produce en un espacio y tiempo histórico, geográfico, político, social determinado. Es un proceso de apropiación en tanto actividad lingüística, social, cognitiva, subjetiva, atravesado por dimensiones culturales, sociales, lingüísticas a la vez singulares (propias del sujeto que las produce) y compartidas (por grupos que elaboran formas y normas y las reconocen como propias).

No son habilidades en sí, prácticas sueltas, mecánicas. La lectura y la escritura son prácticas históricas, culturales, identitarias, lingüísticas, cognitivas; adquiridas por participación en la propia vida social, en las comunidades en las que se ejercen esas prácticas. Sostenemos que el aprendizaje no está escindido de las relaciones sociales en las que tiene lugar, por lo que no hay recetas ni verdades absolutas y menos un método único y eficaz. Pero aquí estamos ante un enfoque que pretende justificar toda una visión del mundo neoliberal, meritocráticas y reduccionista. Claramente no es el único posible, ni recomendable.

La lengua es social

La metodología psicogenética trabaja desde esa perspectiva poniendo la lengua en contexto. El desarrollo de la lengua se realiza a partir de la contextualización enfrentando con la experiencia directa. Desarrollar la lengua en los niveles de lectoescritura también supone la interacción con experiencias culturales directas. La sociolingüística parte de un marco teórico para una metodología de la lectoescritura, que es lo social.

Los procesos cognitivos del cerebro, abordados por las neurociencias y de donde deriva la perspectiva de la conciencia fonológica, infieren un aprendizaje demasiado específico: la identificación de componentes lingüísticos. La estandarización borra las variables. La perspectiva fonológica también tiene que aportar y no hay que descartarlo, como herramienta, pero no como metodología exclusiva y que sustituya.

Todo signo es político

En su alocución, Borzone, termina reivindicando la gestión de Cambiemos, “afortunadamente, antes de asumir como gobernador (de Mendoza), Alfredo Cornejo dijo que el objetivo de su gestión era que los chicos aprendieran a leer y a escribir. Y convocó a científicos, no convocó a los amigos, ni a los conocidos. Me convocó a mí porque hace más de 50 años que estudio este tema y mis investigaciones demuestran que todos los chicos aprenden a leer y a escribir en primer grado”.

“No voy a morir tan frustrada gracias a Mendoza”. Y no, porque se trató de un negoción. ¿Resultados?. La respuesta “mendocina” a los problemas de la educación argentina viene de la mano de atacar a docentes en su rol y en sus condiciones laborales, de extorsionarles con el Ítem Aula, en estigmatizarles y una sobrecarga de trabajo sinsentido, en el marco de una reducción sistemática de las partidas presupuestarias. La realidad es que es una propuesta acorde a la ideología de poner el ojo en los resultados, a los que se quiere evaluar una y otra vez. Mientras acusa a los Ministerios y al método, cobra un contrato de la DGE de Mendoza por el uso de su libro Klofky. Su problema no fueron el ministerio a cargo de Cornejo ni de Suárez. Aunque diga que hay que despolitizar el tema de la alfabetización.

¿Se trata solo de un método?

El especialista José Antonio Castorina sostiene que reducir lo que sucede en la escuela a procesos neurocognitivos es un grave error asociado al prejuicio dualista mente/cuerpo y las escisiones sujeto/objeto, adentro/afuera, etc.

La realidad en las aulas es compleja. Podemos encontrar un estudiante con buena memoria y es más fácil para él memorizar las sílabas que comprender la vocalización de las consonantes. Pero también hay otro reflexiona tranquilamente y comprende un método fonológico. Y también hay otro que por instinto y búsqueda comprende la regla de las combinaciones de palabras. El mejor docente o la mejor, será quien tenga explicaciones distintas y adecuadas, precisas y en el momento justo. Con autonomía, creatividad, posibilidades y recursos.

La educación y la pedagogía, lejos de reducirse a mera maduración neurológica, implican un acto político y social de masas, y debe discutirse en estos términos. ¿Cómo puede hablarse de crisis educativa sin hacer alusión, al menos, a la pandemia en estos tiempos? Curioso.

¿Sabe Borzone que hay un ajuste del 6,8% del presupuesto educativo en el marco del acuerdo con el FMI? ¿Y que el 8,8% de la población no llega a cubrir los requerimientos mínimos de supervivencia? Pelear por un acceso universal a la educación, en la que no se dé por perdido a quien abandona, por presupuesto, por condiciones edilicias, por trabajadores y trabajadoras de la educación bien pagos, con jornadas reducidas de trabajo, con material y recursos y otra realidad para los pibes y las pibas en las escuelas, pareciera bastante elemental para pensar la cuestión de la alfabetización. Pero también el uso, acceso y posibilidad, frente a las tecnologías, la formación continua, el acceso a la cultura, a los bienes culturales y las distintas manifestaciones de la cultura de las familias trabajadoras también.

Queremos reivindicar un enfoque no reduccionista sobre el ser humano, la educación y la pedagogía, que parta de considerar al ser humano una unidad dialéctica bio-psico-social. No se trata de negar que hace falta un plan educativo, aunque si quien lo debate y dónde se decide.

Cuestionamos el negacionismo de poner sobre el tapete que hay crisis, ajuste, FMI, coronavirus. Las respuestas no son neutras, ni ahistóricas. Queremos poder debatir democráticamente un plan educativo, un proyecto, sus alcances, y también los métodos, los recursos, la necesidad que sean variados, que dispongamos de buenos libros, música, películas, aulas adaptadas para el ambiente alfabetizador y, sobre todo, condiciones materiales para que todo eso pueda ser aprovechado.




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