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Red Internacional

DEBATE EN FCE- UBA.La economía preelectoral, la agenda del ajuste y los desafíos de la izquierda y los trabajadores

Federico Walbherg, Claudio Katz, Marcelo Ramal y Esteban Mercatante debatieron el pasado martes en la convocatoria de los Economistas de Izquierda (EDI) sobre los escenarios económicos pre-electorales, el balance del kirchnerismo y los desafíos de la clase obrera y la izquierda en el contexto de ajuste.

Lucía Ortega@OrtegaLu_

Jueves 17 de septiembre de 2015 | Edición del día

El martes 15 por la tarde la Facultad de Ciencias Económicas fue escenario de un debate sobre la situación económica actual y las perspectivas para la clase trabajadora, organizada por el grupo Economistas de Izquierda (EDI). En la jornada participaron Claudio Katz (economista, docente, investigador CONICET), Marcelo Ramal (economista, docente, legislador CABA del PO-FIT), Federico Walbherg (economista, docente, COB La Brecha) y Esteban Mercatante (economista, editor de La Izquierda Diario y Revista Ideas de Izquierda, PTS-FIT).

En la charla titulada “Escenarios económicos pre-electorales” los panelistas debatieron sobre la situación actual y las posibles vías del ajuste que programaimponer la burguesía para el período posterior a diciembre,así como la dinámica que le imprime al mismo la relación de fuerzas entre las clases heredada del 2001. En un marco de acuerdo general sobre los rasgos principales de la economía en la última década y bajo voluntades compartidas de apoyar políticamente al Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) como la única voz independiente y socialista de los trabajadores en las próximas elecciones, se expresaronciertas divergenciasrespecto de los ritmos y las posibilidades abiertas en el próximo período.

Escenario actual y balance kirchnerista

Abrió el panel Federico Walhberg enmarcando el contexto actual de la Argentina en los cambios en el escenario mundial, en especial la desaceleración de la economía china y las devaluaciones en otros países que tienen vínculos comerciales importantes, como Rusia o Brasil. El economista señaló dos herramientas principales utilizadas por el gobierno ante el déficit fiscal y de cuenta corriente: el SWAP de monedas con China, que conlleva un vínculo asimétrico entre los países y una tensión a la reprimarización, y la baja relación deuda/PBI gracias al mecanismo de “pagadores seriales”, con el cual “se logró patear el ajuste fuerte para después de las elecciones”. Por lo tanto, afirmó que actualmente “no es una crisis abierta, el gobierno la ha estado conteniendo a costa del endeudamiento” y “no es el mismo escenario que el de 2014” si bien las tensiones van a implicar un ajuste negativo. Asimismo, agregó el balance negativo del período en lo que hace a las consecuencias ambientales y sobre los pueblos originarios.

Claudio Katz criticó el discurso oficialista que sostiene que “todo es culpa de la crisis mundial, que es un elemento tramposo porque hay crisis desde 2008 pero ello no modificó la continuada apreciación de las exportaciones argentinas y un ingreso sin precedentes de dólares al país”. Consideró que aún la soja a 320 dólares como está actualmente sigue en niveles superiores a los de los años `80 y `90 y que “el punto crítico es el realineamiento cambiario general y cómo esto dejó mal parada la paridad del peso”. En este escenario, según Katz la Argentina tiene pocas herramientas para actuar debido a que “la masa de dólares que ingresó, así como ingresó se fue”. Esto sucedió por dos grandes vías, los capitales privados giraron utilidades y el gobierno se enorgullece de haber pagado 173 mil millones de dólares.

Asimismo, sostuvo que “ese desendeudamiento es relativo, el problema básico conceptual es que no hay ninguna ventaja en desendeudarse, si luego en una situación complicada no hay dólares”. En este sentido, Katz afirmó que los dólares no sólo faltan por razones internacionales, el trasfondo del déficit comercial son los problemas estructurales. Entre ellos destacó la dependencia a la soja, el problema energético con el absurdo de importar petróleo debido a la falta de inversión y acuerdos “tipo Chevron” que le dan todo a las petroleras, y el problema de “asfixia” que se reitera en la industria al no modificar la estructura productiva, como con la industria automotriz: “hay una dilapidación de recursos por hacer autos en lugar de ferrocarriles”. Por ello, para el panelista el balance de la década no es el de una década “ganada” sino el de una década “repetida”, en tanto continuaron los desequilibrios estructurales, regresivos, concentradores, el pago de la deuda y la desigualdad de los años `90.

Por su parte, el legislador del FIT en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Marcelo Ramal, afirmó que con las tensiones cambiarias y después de las PASO hay una exigencia del capital internacional de que los términos del ajuste sean explicitados. Esto implica un nuevo ciclo de endeudamiento, la famosa “corrección tarifaria” y la devaluación de la moneda con varios objetivos: reducir en dólares el valor de la fuerza de trabajo, licuar el peso de la deuda pública en pesos, abaratar activos nacionales como elementos de atracción de crédito internacional. Explicó que las contradicciones del ajuste implican que el incremento de tarifas y la devaluación son un combo explosivo, así, “muchas veces, esto que es presentado como un programa que alguien va a ir aplicando, puede terminar desencadenándose bajo una forma de una crisis”. Además indicó que hay que incorporar al balance el debate sobre la pobreza que está entre 22 y 25 %, por lo que una gran parte de los que trabajan son pobres y eso es inseparable de la precarización laboral.

Por último, el economista del PTS en el FIT, Esteban Mercatante, observó que el kirchnerismo llega a esta situación pre electoral arrastrando un deterioro económico que ya lleva varios años, marcado por la restricción externa que tiene sus raíces en las contradicciones de la economía dependiente. Aseguró que “el kirchnerismo buscó alimentar el espejismo de que era posible compatibilizar la persistencia de los rasgos de la dependencia estructural en la matriz energética e industrial, la contradicción entre las altas ganancias y débil inversión con su correlato de fuga de capitales, y el crecimiento sostenido con la pretendida ‘inclusión social’. Este espejismo se estrelló con la escasez de dólares que disparó las medidas de ajuste que viene implementando el kirchnerismo”.

Mercatante sostuvo que “durante esta década se produjo una profunda asimetría entre los recursos que tuvo disponible el capitalismo argentino y cómo lo puso en juego. Entre 2002 y 2014 se acumularon 184 mil millones de dólares de superávit comercial, pero esto no tuvo como correlato, como ya mencionaron en la mesa, una mayor inversión y transformación la estructura productiva, sino que tuvo como correlato el pago serial de la deuda y una salida de capitales en fuga y utilidades acumuladas de 140 mil millones de divisas, junto con las que hacía el del propio Estado con el pago de deuda”. Concluyó entonces que es falsa la idea que buscó instalar el gobierno de que “sin alterar las condiciones de dependencia, sin dinamizar la inversión sino por el contrario permitiendo el vaciamiento, siendo pagadores seriales, se podía alimentar el crecimiento”.

Los caminos del ajuste, el movimiento obrero y la izquierda

Respecto al escenario futuro, para Katz la devaluación y el endeudamiento “están cantados” gane Scioli, Massa o Macri, la discusión en el establishment es con qué combinación la devaluación puede ser “exitosa”, es decir, que no se traslade a precios, “ya que lo que quisieran es una devaluación como la del 2001, pero eso requiere recesión y desempleo”. “Allí radican las diferencias entre Lavagna, Bein o Melconian, de si el paquete debe ser mucha devaluación con endeudamiento pautado o al revés”, pero todos tienen acuerdo en descargar ese ajuste a los trabajadores. Aunque luego agregó que “el mayor recuerdo de la crisis de 2001 la tiene la clase dominante”, por lo que van a intentar con mayor énfasis la vía del gradualismo.

En este punto,Ramal advirtió que el movimiento obrero tiene que escapar a la “extorsión política” a la que es sometido, que consiste en “tener que optar entre Scioli, amigo de Lula, amigo de las declaraciones en la ONU contra los buitres, o Macri”. Por ello, concluyó, “el gran valor del voto por el Frente de Izquierda es la afirmación de una autonomía política del movimiento obrero y popular de cara a este planteo de realineamientos políticos claros en la próxima etapa”. Mientras que Federico Walbherg también postuló que la organización política a la que pertenece, La Brecha, llama a votar al FIT “por su programa anticapitalista y el impulso a la movilización de los trabajadores”, aunque recordó que existen ciertas diferencias entre ambas organizaciones que ameritarían continuar los debates.

Mercatante afirmó a su turno que, si bien hay un matiz de cuál es el nivel de gradualismo entre los distintos candidatos, “el discurso busca instalar la idea de que cada vez tiene que haber más elementos de shock y menos de gradualismo. A pesar de que la burguesía va a estar obligada a medidas graduales, se busca dar por descontado que la devaluación es necesaria y se apela al discurso de que si no hay un fuerte ajuste cambiario peligra el desempleo”. Coincide con Katz en que la burguesía quiere una devaluación como la de 2002, pero señaló quela preocupación de ésta es que “con su política de concesiones el kirchnerismo expresó deformadamente una determinada relación de fuerzas”, y “el que viene ahora tiene que afrontar que la clase trabajadora en Argentina no va a aceptar dócilmente ser la que pague el ajuste, más bien la expectativa es sostener las condiciones logradas”.

Agregó que “hubo una recomposición muy fuerte de la clase trabajadora durante estos años y hay un el elemento novedoso de desarrollo de la vanguardia obrera, sectores organizados que luchan y avanzan políticamente”, y se refirió a las luchas de Lear, aceiteros, la línea 60, Cresta Roja, entre otras. Consideró que “el FIT va marcando una consolidación importante que tiene que ver con este desarrollo de la clase trabajadora de sectores clasistas, combativos y antiburocráticos que van hacia la izquierda”. Por ello, el desafío de la izquierda es la emergencia como una voz para organizar el enfrentamiento del ajuste que tienen en agenda los principales candidatos y “el Frente de Izquierda como expresión política de ese desarrollo político de importantes sectores trabajadores”.




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