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Red Internacional

Seis meses de gestión confirman que Macri implementa un ajuste neoliberal para transferir ingresos de los trabajadores a los capitalistas. Esta agresión genera resistencias populares y crecientes desequilibrios, en un marco económico adverso.

Jueves 7 de julio de 2016

“Trabajo sucio”

La fuerte devaluación combinada con recortes de impuestos a los exportadores provocó la mayor escalada inflacionaria desde la catástrofe del 2001. El gobierno estima una carestía anual del 42 %.

En un rapto de sinceridad el ministro Prat Gay reconoció que el gobierno comandó ese “trabajo sucio”. En los primeros 90 días de gestión se verificaron los efectos de esa agresión con la abrupta generación de 1,4 millones de nuevos pobres.

Los despidos comenzaron con la paralización de la obra pública, la purga de contratados por el estado y el veto presidencial a una ley que limitaba las cesantías. Se buscó generalizar el temor al desempleo para precarizar el trabajo y forzar caídas del salario en las negociaciones paritarias. Por eso se promocionó un convenio de “primer empleo” suscripto con Mc Donalds que establece sueldos inferiores al salario mínimo.

Posteriormente llegaron los tarifazos. Las tarifas sociales se otorgan con cuentagotas y excluyen a la inmensa mayoría de los afectados.

Los porcentuales del tarifazo son arbitrarios y no siguen ninguna lógica de costos. Favorecen a las empresas que transformaron a sus directivos en ministros, para obtener ganancias impensables en otros países. La nafta sube en pleno abaratamiento del precio internacional del petróleo y las compañías de electricidad, agua o transporte fijan sus precios sin ningún compromiso de inversión.

Los tarifazos no corrigen anomalías de los subsidios precedentes. El kirchnerismo subvencionaba a las empresas para mantener precios reducidos de los servicios y el macrismo enriquece al mismo sector autorizando los aumentos. Nadie revisa el manejo de ese dinero, ni penaliza la ausencia de inversiones o la violación de los contratos.

La brutalidad de los ajustes en curso no es sinónimo de efectividad. La inflación se disparó generando un desplome del consumo que acentúa la recesión y los números del primer semestre son aterradores. El año cerraría con una caída del 2 % del PBI.

Resistencias y pragmatismo

La resistencia popular ha impuesto un serio límite al ajuste. Desde su asunción Macri ha enfrentado paros y movilizaciones, que iniciaron los estatales y continuaron otros sectores. En algunas regiones de la Patagonia esa acción alcanzó gran masividad.

Por eso el mensaje inicial del gobierno contra los “ñoquis” y la militancia ha perdido peso y se frenó la avalancha de despidos en el Estado.

Los talibanes del macrismo (Broda, Espert) exhiben su descontento con esa impotencia. Cuestionan la decisión oficial de posponer el plan de guerra contra los empleados públicos. Macri no se atreve a comenzar el despido de un millón y medio de trabajadores estatales, ni su conversión en perceptores de la asignación universal.

También hay retrocesos del gobierno frente a las protestas contra el tarifazo. En varias provincias y municipios rigen cautelares dispuestas por jueces que perciben el malhumor social.

El resultado final de la pulseada en curso se observará en el cierre de las paritarias. Los salarios perderán frente a la inflación, pero en porcentuales muy inferiores a lo ambicionado por el macrismo. En este terreno, el fracaso del gobierno constituye una excelente noticias para la población.

La estrategia gubernamental-patronal para abaratar los salarios afronta serios escollos. La presión por abajo impuso la realización del mayor acto sindical conjunto de las últimas décadas, en un contexto de alto nivel de afiliación y militancia en los gremios. Sólo la desmovilización que impuso la burocracia de la CGT salvó a Macri de una explícita derrota en las calles.

Además, las multitudinarias movilizaciones estudiantiles y docentes reavivaron el fantasma del desplome sufrido por la Alianza.

Frente a este convulsivo escenario Macri ha optado por un afloje del ajuste. La obsesión por reducir el déficit fiscal se diluye y los funcionarios ya avalan un desbalance semejante a la gestión anterior. Acordaron con las provincias liberar los fondos retenidos de la coparticipación, reactivan las obras públicas congeladas y conceden cierta reducción de impuestos a las PYMES.

Al gobierno no le queda otro camino para revertir la recesión. Prat Gay ensancha la canilla del endeudamiento para financiar el gasto corriente. Intenta apuntalar el nivel de actividad con los artificios que anteriormente objetaba al “populismo”.

Macri tiene en la mira las elecciones del 2017 y se apresta a relanzar el consumo, con el mecanismo de gasto público y dólar acordonado. La única diferencia con el kirchnerismo es la financiación de ese procedimiento: sustituyó la emisión por el endeudamiento. Apuesta a consolidarse en los comicios con el objetivo de intentar un mayor ajuste dentro de dos años.

Leyes estratégicas

Macri también se repliega en la coyuntura para apuntalar una estrategia legislativa.
La ley de pago a los buitres fue el arranque de esa andanada. Se firmó todo lo que Singer exigió durante años. Los fondos obtuvieron ganancias siderales cobrando 4 dólares por títulos comprados a 25 centavos.
El Congreso también aprobó el blanqueo de capitales que Macri disfrazó con promesas de mejoras para los jubilados. Empaquetó varias leyes inconexas. Senadores y diputados se sumaron a la maniobra presidencial y hablaron durante semanas de los jubilados, para ocultar el premio otorgado a los grandes evasores.

Quiénes cuentan con sentencias firmes de lo adeudado por el estado podrían cobrar sus demandas. Pero el resto debería conformarse con una quita y el pago en cuotas. Macri inaugura un nuevo capítulo de las incontables trampas que han sufrido los jubilados.

El propósito oficial es vaciar el Fondo de Garantía -que sostiene al sistema previsional- para retomar su privatización. El quebranto adrede del ANSES apunta a justificar también la venta de acciones privadas que acumula ese organismo. Los capitalistas quieren recuperar esos papeles para sacarse de encima el control estatal de sus balances.
Los evasores pueden declarar sus fortunas manteniendo el dinero en el exterior y quiénes decidan ingresarlo recibirán penalidades irrisorias. Incluso podrán cancelar esos compromisos adquiriendo títulos públicos.

El blanqueo es un conocido fraude que por enésima vez se realiza proclamando la ausencia de “otra oportunidad”. El kirchnerismo incluso introdujo una variante extrema de auto-prórroga indefinida de ese perdón.

Las divisas blanqueadas serán presentadas como la esperada lluvia de dólares genuinos. Lo que inicialmente arribaría por simple confianza, finalmente aterrizará a cambio del perdón fiscal.

El Parlamento no sólo autorizó esa estafa. También abrió los grifos para una reforma impositiva regresiva. Mientras demora la revisión del impuesto a las ganancias que tributan los asalariados, reduce la cobranza entre los sectores más acomodados.

Ganadores y escenarios

Macri gobierna para los sectores capitalistas que reclamaron la devaluación, pero su gestión ha roto el equilibrio entre las finanzas, el agro y la industria.

Los banqueros son los principales beneficiarios. Lucran con el blanqueo, el endeudamiento externo y las ganancias obtenidas con los contratos de dólar futuro concertados con la administración saliente del Banco Central.

También embolsan fortunas colocando dinero en los títulos que el BCRA emite a tasas exorbitantes (Lebacs).

Sólo las empresas mineras foráneas compiten con las ventajas otorgadas a los banqueros. Esas compañías obtuvieron una disminución adicional de los insignificantes impuestos que pagan.

El balance para el agro-negocio es más contradictorio. Por un lado logró una inédita combinación de devaluación con reducción de las retenciones. Pero un gran conflicto comienza a despuntar con la apreciación del tipo de cambio que generó la inflación. Los agro-exportadores apuntalan el giro internacional de Macri hacia la Alianza del Pacífico con la intención de incursionar en nuevos mercados. Pero esos convenios de libre comercio también contienen adversidades, como el pago de mayores patentes a los grandes proveedores de semillas (Monsanto).

Pero el principal frente de tormenta del oficialismo se localiza en el área industrial. Este sector acompaña todos los atropellos contra los trabajadores, pero fue afectado por la demolición del mercado interno.

Algunos industriales esperaban compensar la caída de las ventas locales con mayores exportaciones, pero la recesión de Brasil y la nueva apreciación del tipo de cambio bloquea ese atenuante.

Para colmo, esos grupos afrontan un gran encarecimiento de costos por los tarifazos y los aumentos de las tasas de interés. Ninguna inversión industrial puede rivalizar actualmente con el negocio de inmovilizar dinero en los bancos. Prat Gay autorizó importaciones de bienes de consumo que demuelen a los fabricantes locales.

Las tensiones del gobierno con los industriales podrían atenuarse, si Macri reafirma su viraje hacia un ciclo de consumo sostenido en endeudamiento. Pero esa tregua no eliminará las enormes contradicciones del curso actual.

Comparaciones e incógnitas

El primer semestre de Macri presenta grandes semejanzas con la transferencia regresiva de ingresos que rigió durante el menemismo. Se repite un modelo de cirugía neoliberal financiada con endeudamiento, déficit fiscal y favoritismo hacia el capital financiero.

Mientras comienza a recrearse la apertura importadora de los 90, el arreglo con los buitres se parece al mega-canje de Cavallo. Las analogías se extienden incluso a la forma de enmascarar las leyes anti-populares con fantasías de mejoras para los empobrecidos.

Macri copia la estrategia de combinar el ajuste con la reactivación y el endeudamiento para sortear los escollos electorales. Pero afronta más dificultades que Menem para estabilizar un modelo neoliberal.

El líder del PRO tampoco cuenta con los recuerdos del trauma hiperinflacionario que facilitaron los atropellos del menemismo. No asumió en escenarios de colapso y debe lidiar con la memoria opuesta de un largo ciclo de consumo. Ni siquiera puede atribuir la ausencia de resultados a la adversidad internacional.

El relato de la “herencia” kirchnerista pierde credibilidad. Salta a la vista que todos los desequilibrios de la gestión anterior han sido acentuados por el macrismo. El apoyo que recibe de los economistas de Scioli (Bein, Blejer, Marangoni) sólo disfraza ese agravamiento, mientras confirma que tenían en carpeta un programa muy semejante.

El segundo semestre develará las incógnitas de la coyuntura e indicará qué grado de viabilidad tiene la restauración conservadora. Si la resistencia social logra desbaratar esa agresión quedará nuevamente abierto un camino favorable para la mayoría popular. Construir una política que frene los atropellos de Macri sin volver al desengaño kirchnerista es la gran apuesta del momento.

La versión completa de este texto puede leerse en: “La economía de Macri”
5/7/2016.




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