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Red Internacional

Con la polarización entre el PT y el PSDB, en el segundo turno, vuelve al centro de escena el debate sobre el programa económico de Dilma y Aécio: salario mínimo, empleo y búsqueda de “confianza de los mercados” son los ejes de este debate. Nuevamente, ninguna palabra sobre el ajuste y la flexibilización de los derechos laborales, que ambos candidatos llevarán adelante para a responder a los intereses de los capitalistas.

Flávia FerreiraSan Paulo | @FFerreiraFlavia

Miércoles 22 de octubre de 2014

Esta última semana, el intercambio de críticas entre Dilma y Armínio Fraga, ex presidente del Banco Central del gobierno de Fernando Henrique Cardoso (FHC), dieron el tono al debate económico frente al segundo turno. La política de salario mínimo, las metas inflacionarias y la continuidad de los gastos sociales, como el plan Bolsa Familia fueron los puntos principales.

Armínio Fraga, secretario en economía de Aécio Neves, habla de un “ajuste suave” en dos a tres años, con recorte de gastos de gobierno (ya que “hay mucha grasa para quemar”). Esto en la práctica implica más dinero para la deuda pública, privatizaciones y los llamados “cortes de subsidios”, junto a la apertura del mercado a relaciones comerciales con Estados Unidos, Europa y China. Según quien podría ser el futuro ministro del PSDB, el “círculo virtuoso” de 1999 llevó a Brasil a un crecimiento del 0,25% con la aplicación de un fuerte corte de gastos públicos (llamado ajuste fiscal), ocultando que en ese mismo año el país contaba con uno de los más altos índices de desempleo de los años ‘90, 11% de desempleo con más de 8,2 millones de desempleados.

La estrategia de Dilma y el PT apuesta a comparar a Aécio Neves con FHC (Fernando Henrique Cardoso), resaltando los elevados índices de desempleo del antiguo gobierno tucano. Utilizan de forma demagógica la reducción relativa de la miseria en algunas regiones del país y el aumento real del salario mínimo como muestras de que la “era del PT” en el poder generó beneficios a los más pobres y los trabajadores. Lo que ocultan es que siguen la misma orientación en la política económica que el PSDB. Mantienen el respeto sagrado al trípode económico neoliberal del FMI (aplicado durante la crisis de los años 90, por FHC de Armínio Fraga) y formado por la combinación de altas tasas de intereses, grandes reservas de billones de dólares para el pago de la deuda pública, además de las tasas de cambio valorizado – que hacen que los productos importados sean más baratos.

Sin embargo, es necesario desmitificar el discurso del PT, éste oculta que por detrás de la propaganda del miedo a “los fantasmas del pasado de FHC” el crecimiento del ingreso nacional y la caída del desempleo en sus 12 años de gobierno se dieron por una situación excepcional en la economía, a partir del alza de los precios en los productos agrícolas exportados por el país (los commodities) y el elevado ingreso de capital extranjero. Además, el empleo generado en este período lleva la marca de la precarización, la tercerización y la alta rotatividad. El trabajo precario es la contracara de los índices actuales oficiales de desempleo del 5% (durante el mes de agosto).

Desempleo

La fuente de datos es la del DIESSE, cuyos criterios tienen en cuenta al trabajo precario en las regiones metropolitanas, donde se concentra la mayor parte de los trabajadores urbanos del país, y donde los índices de desempleo para el mes de junio sobrepasaron el 10% en la mayoría de las regiones. En la región metropolitana de Salvador el desempleo alcanza el 18,2% de la población económicamente activa, y en la región metropolitana de San Pablo el índice es del 11,3%. La media nacional, para estas regiones es del 10,8% de desempleados, es decir, más que el doble del índice difundido oficialmente por el gobierno, basado en el IBGE.

En la industria, el empleo continúa en fuerte caída. En lo que va acumulado en el año, la caída es del 2,7% destacándose el Estado de San Pablo, donde la reducción alcanza casi el 5%, afectando 15 de los 18 ramos de la actividad industrial del país. Si se compara el mes de agosto de este año con el de 2013, el empleo en la industria tuvo una caída del 9%, en el sector de calzados, y el 7,5% para el sector de transportes y aparatos electrónicos, además del sector metalúrgico que presentó una caía del 5,5%.

Inflación

La inflación de los alimentos fue un tema explotado en la campaña del PSDB de forma desvergonzada, a partir de la declaración del secretario de gobierno de Dilma que sugería implícitamente que la población frente al aumento del precio de la carne bovina cambiara ese producto por pollo y huevos. La canasta básica no para de aumentar; en San Pablo el costo en promedio representa el 50% del salario mínimo, de R$ 724,00. En agosto, el salario mínimo necesario era del R$2.861,55.

El precio de los alimentos esenciales como la carne y la leche son los que más aumentaron en el mes de septiembre, y lo que pesa en las compras mensuales de los trabajadores. Para los más pobres la inflación en el precio de los alimentos y las tarifas de energía, reduce la capacidad de compra salarial que ya es muy baja. De esto poco se comenta en la propaganda de los candidatos, que preparan ajustes como el aumento de las tarifas de energía para el próximo año.

Los ajustes y el FMI

Recientemente el Fondo Monetario Internacional (FMI) lanzó la proyección de crecimiento de la economía brasilera, reafirmando el estancamiento con crecimiento de apenas el 0,3%. El FMI busca presionar al país para que apliquen, independientemente del gobierno que fuera electo, los ajustes “necesarios” para el crecimiento económico, o mejor, para las ganancias de los empresarios y bancos internacionales y nacionales como el Itaú, el Bradesco, que presentan ganancias récord en la década petista.

Estos ajustes se traducen en cortes en los gastos públicos (ajuste fiscal), aumento de las metas de superávit primario (hoy la meta del gobierno de Dilma está en 99 millones de reales o el 1,9% del PIB, es decir, 1,9% menos en el presupuesto para gastos sociales), aumento en las tarifas de energía y precios como el de los combustibles.

El PT y el PSDB ya están unidos para aplicar de aumentos de las tarifas: en Rio de Janeiro fue autorizado por el gobierno federal el aumento de tarifas programadas de energía en un 25%, la empresa responsable en Río es Light, propiedad de Cemig (la empresa estatal de Minas Gerais, estado hasta este año gobernado por el PSDB de Aécio).

Ni Dilma ni Aécio: voto nulo para fortalecer la lucha de los trabajadores

El debate económico entre el PT y el PSDB está lejos de abordar los temas que interesan a los trabajadores. El desempleo sólo aparece en el marketing político de Dilma pero no dice una palabra sobre los despidos en la industria que continúan creciendo en la mayor parte de las ramas industriales, como los anuncios de vacaciones colectivas o planes de retiros voluntarios (PDVs) en la industria automovilística y de autopartes, además del aumento relativo del desempleo en las regiones metropolitanas de todo el país.

La precarización del trabajo y la flexibilización de los derechos laborales no son un problema para los dos candidatos de la burguesía que saben que es una condición necesaria para el crecimiento y la preservación de las ganancias empresariales.

Al revés de lo que anuncia la propaganda del PT en este segundo turno, la única garantía para impedir el aumento del desempleo, de los precios de los alimentos, de los servicios y tarifas y el deterioro salarial no es la elección de Dilma o el cambio por Aécio Neves; la respuesta a estos ataques está en la movilización y organización de los trabajadores y del pueblo pobre. Es necesario que los trabajadores construyan su propia alternativa, con un programa político independiente de los intereses de lucro de los patrones, del FMI y los gobierno.

El voto nulo es esencial para debilitar cualquiera de los dos candidatos que sea electo, condición fundamental para las luchas que necesitamos llevar adelante contra los ajustes que vendrán.




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